JÓVENES

¿Por qué dos millones de jóvenes rozan la pobreza? La precariedad opera desde las aulas al primer empleo

Varios jóvenes durante una manifestación en defensa del derecho al acceso a la vivienda en Madrid.

En España, uno de cada cuatro jóvenes entre 16 y 29 años está en riesgo de pobreza. Son algo más de dos millones de jóvenes expuestos a algún tipo de carencia material o precariedad laboral, según concluye un informe elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES). Detrás de este dato hay un cóctel económico que no se lo pone nada fácil a quienes están empezando un proyecto vital. La pinza que forman la crisis de vivienda, que impide tener un lugar estable en el que vivir; los salarios bajos, sobre todo cuando se accede al mercado; la precariedad; y la incertidumbre económica que provoca el aumento del coste de la vida, mantiene bajo presión a unas generaciones que están, o bien formándose, o bien aterrizando en el mercado laboral. Quienes estudian, enfrentan mayores dificultades para moverse de ciudad, con un precio disparado en los alquileres; quienes arrancan su carrera profesional, cobran menos, tienen contratos poco estables y el alquiler (más caro que nunca) condiciona su capacidad de ahorro.

Este jueves el INE confirmaba que el IPC de julio se situó en el 3,6%, el dato más alto desde mayo de 2024. “Por quinto mes consecutivo, los salarios pactados por convenio han subido menos que la inflación, un 3,02%. Esto significa que las personas trabajadoras están perdiendo poder adquisitivo”, señaló Fernando Luján, vicesecretario de Política Sindical de UGT. En el caso de los jóvenes, la situación es aún más complicada, ya que ganan menos que la media. El Consejo de la Juventud apunta que el salario neto mediano, es decir, el que divide a los trabajadores en dos mitades dejando al 50% por encima y al 50% por debajo, es de 1.191 euros mensuales frente a los 1.450 euros del conjunto de los trabajadores. Y, aunque es cierto que los jóvenes son el grupo que más ha mejorado salarios en los últimos años, lo han hecho en gran medida a golpe de las subidas del Salario Mínimo Interprofesional que han acordado el Ministerio de Trabajo y los sindicatos.

El problema detrás de todas las cifras y los porcentajes es una emancipación cada vez más tardía —30 años, uno de los datos más altos de toda la Unión Europea— y unas dificultades crecientes “para llevar a cabo un proyecto vital autónomo”, advierten desde la Secretaría Confederal de Juventud de Comisiones Obreras.

Otro elemento que se debe considerar, además de la complicada situación de los jóvenes, es el efecto arrastre que tiene en las familias que deben apoyar económicamente a sus descendientes durante más tiempo. Quienes pagan los estudios o prestan dinero para la entrada de una primera hipoteca no son familias necesariamente ricas y muchas de ellas se ven arrastradas a un sobreesfuerzo económico para tratar de compensar la situación económica en la que se ven atrapados muchos jóvenes. De hecho, las donaciones de padres a hijos se han disparado un 13% en 2025, una cifra récord en la serie que ofrece el Consejo General del Notariado. La portavoz de la entidad, María Teresa Barea, señalaba entonces que muchas de estas donaciones eran de dinero líquido y el perfil de quienes lo recibieron era una persona joven, de hasta 35 años, que recibía cantidades entre 15.000 y 40.000 euros de sus ascendientes. No se trata de altísimas cantidades, lo que señala que el grueso de las donaciones procede de familias de clase media, corroboraba Barea.

Un factor de desigualdad

Que la ayuda familiar gane peso en el bienestar de los jóvenes es un factor de desigualdad que deja peor posicionados a quienes menos tienen. Es algo de lo que advierten desde el ámbito universitario, donde han constatado que quienes proceden de un entorno socioeconómico superior son quienes más cambian de provincia a la hora de elegir carrera y también quienes mejor rendimiento académico tienen, según el informe Posicionamiento sobre vivienda estudiantil, que realiza la Confederación de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (CREUP). “Los datos demuestran que para acceder a la oferta formativa más amplia que suele concentrarse en las comunidades más ricas como Cataluña y Madrid se necesita un nivel socioeconómico más alto”, recoge el documento. Y aquí el precio de los alquileres está jugando en la actualidad un papel muy relevante, ya que multiplica el gasto que deben asumir las familias para sufragar una habitación en un piso compartido o una plaza en una residencia de estudiantes.

De esta forma, advierten los expertos de CREUP, los estudiantes con menos recursos no logran “acceder en igualdad de oportunidades y de condiciones a la educación universitaria” y más si se tiene en cuenta que la vivienda se encarece especialmente en las comunidades con mayor oferta educativa, como Madrid o Barcelona.

Alquileres que se llevan el ahorro e hipotecas imposibles

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Para aquellos jóvenes que ya han superado la etapa formativa, la vivienda sigue siendo un factor importante de desequilibrio. Solo un 9% de las personas que compraron una casa en 2025 eran menores de 31 años y, en la franja entre los 31 años y los 40, el porcentaje fue del 26%. Para la mayoría de los ciudadanos, el momento de comprar llega más allá de los cuarenta.

Cada vez hacen falta más años para poder reunir el dinero que exige la entrada de una casa propia. Según un informe de Infojobs que parte de los sueldos medios de las ofertas de empleo de la plataforma, actualmente se requieren 8,4 años de sueldo íntegro. El endurecimiento de las condiciones de financiación, unido a un gasto en alquiler que ha subido un 23% desde 2015 a nivel nacional, deja un exiguo colchón para planificar el futuro.

Son estos los mimbres que han dejado a dos millones de jóvenes en una situación delicada, con la vivienda —uno de los principales problemas de los españoles, según el CIS— como el trasfondo más preocupante en el corto plazo. También como el factor que más condiciona los presupuestos familiares cuando hablamos de estudiantes, y los ahorros cuando hablamos de jóvenes en su primera etapa profesional.

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