LOS FALLOS DE LA COMPETENCIA

El oligopolio petrolífero aumentó en 2016 un 4% el margen que cobra por la gasolina

Surtidor de combustibles en una estación de servicio.

El precio del crudo ha estrenado el año en niveles de récord, rozando los 60 euros el barril, el doble que hace 12 meses y un 71% por encima de su cotización en 2009. Sólo el anuncio de que el cártel de los principales exportadores de petróleo del mundo, la OPEP, va a recortar su producción un 2%, 1,2 millones de barriles diarios, ya disparó los precios. Unos días después se sumaron a la medida otros 12 países productores que no pertenecen a la OPEP –Azerbaiyán, Baréin, Brunei, Guinea Ecuatorial, Kazajistán, Malasia, México, Omán, Rusia, Sudán y Sudán del Sur–. Reducirán la producción en otros 600.000 barriles.

Es sólo el principio de una escalada que afectará, y mucho, a la economía mundial. Para empezar, lo notará el ciudadano nada más llegar a la estación de servicio. El litro de la gasolina de 95 octanos en España cuesta una media de 1,237 euros, un 12% más que hace un año. El del gasóleo, 1,127 euros, ha subido un 22,8% desde enero de 2016, según los datos del último Boletín Petrolero semanal de la Unión Europea.

Fue la Comisión Nacional de la Competencia (hoy Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, CNMC) la que primero comparó el comportamiento de los precios del carburante con las plumas y los cohetes. Después el ministro de Economía, Luis de Guindos, hizo suya la imagen. El precio de la gasolina y el gasóleo sube tan rápido como un cohete pero baja tan despacio como una pluma. La Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), que agrupa a los cinco mayores productores y distribuidores de carburantes –Repsol, Cepsa, BP, Galp y Saras–, asegura que se trata de una percepción errónea de los consumidores. También niega las acusaciones de oligopolio y de manipulación de los precios que periódicamente les hacen la CNMC, el Gobierno, las asociaciones de consumidores…

A vueltas con los márgenes

En su último informe de supervisión de las estaciones de servicio, correspondiente a noviembre de 2016, la CNMC compara los precios antes de impuestos de los carburantes con la cotización internacional de la materia prima. Y concluye que el precio antes de impuestos de la gasolina 95 cayó ese mes respecto al anterior un 2,5%, cuando su cotización internacional de referencia lo había hecho un 5,9%. En el caso del gasóleo, la bajada del precio de venta al público fue del 2,2%, por un 5,7% la de la cotización internacional del producto. Es decir, asegura que la caída de precios en el mercado mayorista no se ha trasladado al consumidor.

Además, cifra en 17,9 céntimos el margen brutoel margen bruto promedio mensual que se quedan los operadores por cada litro de gasolina 95, y en 17,2 céntimos el margen del gasóleo. Lo que supone una subida respecto al año anterior de siete décimas para la gasolina, un 4%, y de sólo una décima, un 0,6%, para el gasóleo. Según los cálculos de la CNMC, el margen bruto de los operadores en España es 5,5 céntimos superior a la media de los seis principales países de la UE si se trata de la gasolina y 4,3 céntimos mayor si se trata del gasóleo.

La AOP, por su parte, explica que no se puede comparar el precio de venta al público del carburante con la cotización de la materia prima en los mercados al por mayor. Ésta representa una tercera parte del precio final. El resto se reparte entre los impuestos y los costes de almacenamiento, transporte y comercialización, indican los operadores. El margen que les queda lo cifran en un 1,4% del precio final, lo que significa que, usando las medias de la última semana, es de sólo 1,7 céntimos para la gasolina 95 y 1,5 céntimos para el gasóleo. Lejos de los casi 18 céntimos de los que habla la CNMC. Con márgenes tan exiguos, por tanto, “hay pocas posibilidades de que se den grandes diferencias de precio” entre operadores”.

Competencia limitada

La CNMC, el Gobierno y los expertos de competencia no están en absoluto de acuerdo. De hecho, la CNMC no ha dejado de multar a las compañías por concertar precios. En febrero de 2015sancionó a Repsol, Cepsa, Galp, Disa y Meroil con 32,4 millones de euros por intercambiarse información durante años entre ellas, firmar un pacto de no agresión en 2011 y coordinar precios entre estaciones de servicio. En julio de ese mismo año, multó de nuevo a Repsol, Cepsa y BP, así como a varias empresas de su red de estaciones, con un total de 22,6 millones de euros por prácticas contra la competencia.

En 2012, en lo más duro de la recesión y con la gasolina aupada en los 1,5 euros, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, anunció que el Gobierno estaba estudiando la liberalización de los contratos de las estaciones de servicio, para aumentar la competencia. Incluso pensaban en aplicar impuestos para reducir los márgenes de las petroleras.

En 2014 los profesores de la Universidad de Las Palmas Juan Luis Jiménez y de la Universitat Autònoma de Barcelona Jordi Perdiguero elaboraron un estudio que demostraba el denominado efecto lunes tras analizar los precios diarios de todas las estaciones de servicio de España entre 2009 y 2012. Según concluyen, esa práctica demuestra la falta de competencia en el sector. Y no sólo en el mercado minorista, sino también “en todos los niveles de la cadena de producción”.

Los expertos utilizaron como grupos de control las gasolineras de Canarias, que quedan fuera de las estadísticas de la Comisión Europea sobre precios –el Boletín Petrolero antes citado– y las estaciones de servicio de los hipermercados, donde el nivel de competencia es mayor. Lo que observaron es que, en efecto, los lunes, el día en que la Comisión Europea recoge los datos de precios, las gasolineras españolas tenían “sistemáticamente precios más bajos”. Una caída que no se justifica por motivos económicos, sino únicamente “para alterar las estadísticas europeas y reducir el impacto mediático de la noticia”, advierten.

¿De las más caras o de las más baratas?

El caso es que, a tenor de las estadísticas europeas, tanto la gasolina como el gasóleo españoles figuran entre los más caros de la UE y de la eurozona si se miran los precios sin impuestos: 0,56 euros y 0,564 euros respectivamente. Sólo Dinamarca y Malta venden la gasolina más cara –0,59 y 0,568 euros–. El gasóleo sube hasta los 0,63 euros en Dinamarca y los 0,61 euros de Finlandia. El precio medio para ambos carburantes es en España superior a la media de la UE –un 9,2% la gasolina y un 5,2% el gasóleo– y la zona euro –un 6,7% y un 4,6%–. Pero cuando se consideran los precios con impuestos, en España quedan por debajo de la media de la UE –un 10% inferior la gasolina, un 9% el gasóleo–. Lo mismo ocurre con la zona euro –12,4% y un 8,2% respectivamente–.

El motivo estriba en que en España el 56% del precio de la gasolina 95 y el 51% del gasóleo son impuestos. Puede parecer mucho pero es menos de lo que pagan al fisco por un litro de carburante en Italia –el 67% de la gasolina y el 64% del gasóleo–, Holanda –68% y 57%– o Reino Unido –67% y 66%–.

No obstante, la AOP insiste en que tampoco se pueden establecer comparaciones entre los precios de los distintos países basándose en las estadísticas de la Comisión Europea. Algunas naciones envían sus datos incluyendo los descuentos –tarjetas de fidelización, por ejemplo, descuentos a profesionales– pero otros los excluyen. Algunos países envían sus datos con una media semanal –como España– y otros utilizan el precio de un día determinado de la semana. Finalmente, hay quien envía los precios de todas las estaciones de servicio –España, a través del Ministerio de Industria– y hay quien sólo traslada los de una muestra de gasolineras –Bélgica, el 2% de las suyas–. En cualquier caso, destacan fuentes de la AOP, España es de los países que mejor informa a la Comisión Europea.

Independientemente de las mediciones, lo cierto es que los combustibles van a subir este año y su impacto económico ya ha empezado a dejarse sentir. La inflación en diciembre repuntó en España seis décimas sólo por el alza de los carburantes. Dejó el IPC en el 1,5%, la cifra más alta desde agosto de 2013. En Alemania, el empujón fue aún mayor: la inflación escaló un 1% y puso el índice en el 1,7%, cuatro décimas por encima de lo previsto. En definitiva, todos los precios van a subir en todo el mundo en 2017.

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