ESCÁNDALOS DEL DEPORTE

De Superliga a superfiasco: ¿quién ha salvado al fútbol?

Florentino Pérez, en una imagen de archivo.

Florentino Pérez respondió con un escueto “no” cuando el periodista del francés L’Equipe le preguntó si temía que alguno de sus 11 socios en la Superliga que él lidera abandonara el proyecto. También quería saber el periodista galo si al presidente del Real Madrid le preocupaba que la nueva competición no tuviera éxito. “Estamos dispuestos a hablar con todos para salvar el fútbol”, zanjó. Sólo unas horas más tarde, la Superliga se convertía en el superfiasco del órdago a la industria del fútbol lanzado por un Florentino Pérez a la cabeza de los clubes más ricos de Europa.

Como reveló ya en 2018 Football Leaks, el proyecto de investigación sobre el fútbol europeo de infoLibre y EIC Network, la Superliga es un proyecto antiguo. El Real Madrid y otros siete grandes clubes venían pergeñándolo en secreto desde al menos tres años, pero llevaba siendo alentado desde hace un par décadas de modo que hubo tiempo para pensar en los detalles. Ya en 2016 habían consultado con un despacho internacional de abogados cuáles podían ser los problemas legales a los que se enfrentarían si consumaban la escisión. Incluso habían encargado una encuesta entre los aficionados. Que, como suele ocurrir con este tipo de sondeos, decía lo que quería oír quien la pagaba.

A la vista de lo ocurrido en apenas 48 horas, los promotores del cisma no calibraron bien la reacción. Los aficionados ingleses, los entrenadores de algunos de los equipos implicados, los gobiernos de Reino Unido, Francia y España fueron rabiosamente unánimes contra la Superliga. Amplificaron el rechazo de UEFA, FIFA y las ligas nacionales. “Fuck Pérez”, “Fuck Super League” cantaban en las calles de Londres los seguidores del Chelsea durante la tarde del martes. Algunos blandían pancartas caseras que llamaban “criminal” al presidente del Real Madrid. Mientras, Pep Guardiola, entrenador del Manchester City, y Jürgen Klopp, del Liverpool, dos de los clubes instigadores, proclamaban el valor del mérito y el esfuerzo en el deporte.

La respuesta del primer ministro británico, Boris Johnson, fue más contundente: no dudó en amenazar con utilizar la ley para parar el proyecto –que definió como un “cartel”–, hacer pagar a los club disidentes los gastos de seguridad de los encuentros e incluso crear una comisión para reformar el fútbol inglés. El presidente francés, Emmanuel Macron, declaró su apoyo a la UEFA, la FIFA y la liga francesa contra una iniciativa que tachó de “amenaza al principio de solidaridad y el mérito deportivo”. En España, el ministro de Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, no fue tan expeditivo y, tras hablar con las partes implicadas, se limitó a defender el diálogo con los clubes para buscar una “solución pactada conveniente al fútbol y al deporte”.

Entre disculpas y apelando a la estabilidad financiera

De nada sirvió que un juez de Madrid admitiera la medida cautelar que le habían solicitado los 12 clubes y prohibiera a la UEFA y la FIFA sancionar o expulsar de las competiciones a los equipos, sus jugadores y dirigentes que iban a formar parte de la Superliga. En el mismo momento en que Andrea Agnelli, presidente de la Juventus, presumía ante los periodistas del diario La Repubblica del “pacto de sangre” que juramentaba a los ultrarricos del fútbol europeo, la alianza comenzaba a resquebrajarse. Primero fue el Manchester City, poco después de las nueve de la noche del martes, con un escueto comunicado de sólo tres líneas. Le siguieron, en cascada, Arsenal, Liverpool, Tottenham, Manchester United y Chelsea. Los seis equipos británicos de la Superliga abandonaban el barco antes de que siquiera hubiera zarpado. Otro Brexit. La nueva competición se quedaba sin la mitad de sus participantes. Arsenal y Liverpool, además, se retiraban en medio de grandes disculpas a sus aficionados. “Tras escucharos a vosotros y a la comunidad futbolística en general en los últimos días, nos retiramos de la propuesta de la Superliga. Hemos cometido un error y nos disculpamos por ello”, lamentaba el Arsenal en una carta abierta a sus seguidores. El club de Londres justifica su inicial apoyo al proyecto de Florentino Pérez por su “deseo de proteger” al Arsenal, consiguiendo “una mayor solidaridad y estabilidad financiera”. “Os hemos escuchado”, termina el mensaje.

También pidió perdón el Liverpool, a través de su propietario, el inversor estadounidense John W. Henry, repitiendo la misma idea: “Os hemos escuchado”. Y disculpándose no una, sino tres veces a lo largo de seis párrafos. A los aficionados, a los jugadores, al entrenador, Jürgen Klopp; incluso al consejero delegado, Billy Hogan. “Soy el único responsable de la negatividad innecesaria de los últimos dos días”, explica Henry, también atribuyendo el vuelco al poder de la afición. Con una flema muy británica, el Tottenham anunciaba su salida de la Superliga dando las gracias a todos los seguidores que habían “presentado sus consideradas opiniones” sobre tan tormentoso asunto.

Había pasado la medianoche cuando se rumoreaba ya sobre el abandono del AC Milan, que no se produjo oficialmente hasta la mañana siguiente, junto con la del Inter de Milán y, finalmente, la del Atlético de Madrid. Al igual que sus socios británicos, los italianos y el club español excusan su entrada en la Superliga por su interés en mejorar y consolidar la estabilidad financiera de los equipos y su salida, por la oposición de los aficionados a la nueva estructura. El club de Enrique Cerezo explica que ya no se dan la circunstancias que les habían movido a participar en el proyecto de los 12 más ricos, sin más precisiones, y declara su apoyo al mérito deportivo “por encima de cualquier otro criterio”.

Al mediodía del miércoles, a la Superliga sólo le quedaban tres equipos: Real Madrid, FC Barcelona y Juventus. El club de Agnelli, el mejor apoyo de Pérez en la iniciativa ahora frustrada, ha asegurado que mantiene su confianza en la “solidez del proyecto deportivo, comercial y legal”, pero cree que las posibilidades de que “se complete en la forma concebida originalmente” son escasas. Juventus mantiene su compromiso de buscar la creación de valor a largo plazo para la compañía y para toda la industria del fútbol”, se ha limitado a expresar.

En el FC Barcelona, la decisión final sobre la Superliga se tomará en una asamblea de compromisarios que aún no tiene fecha. Según ha informado TV3, Joan Laporta incluyó una cláusula en su contrato según la cual la integración el proyecto está condicionada a la aprobación de los socios. El nuevo presidente puede acogerse a la herencia recibida. Las negociaciones con los otros 11 clubes se desarrollaron mientras era presidente del Barça Josep María Bartomeu, quien anunció su participación en la Superliga el pasado mes de octubre, en la misma comparecencia donde anunció su dimisión toda la junta directiva. De los blaugrana sólo ha hecho pública su opinión Gerard Piqué, quien poco después de medianoche tuiteaba en inglés: “El fútbol pertenece a los aficionados. Hoy más que nunca”. Por la mañana, el entrenador, Ronald Koeman, aseguraba que está “de acuerdo” con su defensa.

Los tres clubes que figuraban como invitados, Paris Saint-Germain, Bayern de Múnich y Borussia Dortmund, se han desmarcado también, pese a que fueron de los primeros impulsores de la nueva competición, como puede comprobarse en los documentos revelados por Football Leaks. El presidente del club bávaro, Kark Heinz Rummenigge, fue de hecho uno de los puntales de las conversaciones que comenzaron en 2016 con Andrea Agnelli. Ambos se han sucedido en la presidencia de la Asociación Europea de Clubes (ECA). “La Champions es la mejor competición de clubes del mundo”, ha dicho ahora el exdelantero alemán.

La resaca del revolcón

“La Superliga ha hecho el ridículo”, sentenció el presidente de la LaLiga, Javier Tebas, enemigo declarado de Florentino Pérez y detractor del proyecto, que amenazaba con dejar en cueros la competición nacional por excelencia. Si el del Leeds fue el primer campo que exhibió su malestar con la competición de los 12 clubes ricos –“Gánatelo en el campo, el fútbol es para los aficionados” era el lema que apareció sobre las gradas y que sus jugadores llevaban en las camisetas mientras entrenaban–, este miércoles los jugadores del Real Madrid han sido recibidos entre abucheos en Cádiz, mientras el Levante ya ha mostrado su rechazo en el marcador del estadio Ciutat de Valencia y el Valencia CF lucirá en las camisetas la misma consigna que el Leeds. Pero ya es hacer leña del árbol caído. Florentino Pérez se ha quedado solo. Al menos en esta etapa del juego. En mitad de las deserciones inglesas, el Manchester United ha anunciado la dimisión de su vicepresidente ejecutivo, Ed Woodward, aunque también ha aclarado que su salida estaba ya prevista para finales de este año. La Juventus ha tenido que salir al paso de los rumores que apuntaban a la dimisión de Andrea Agnelli quien, sin embargo, sí que había dejado sus cargos en la ECA y en la UEFA el pasado lunes cuando se anunció el nacimiento de la Superliga.

Pero los pies de Florentino Pérez están firmemente pegados al suelo. Seguirá siendo presidente del Real Madrid hasta 2025, después de que hace sólo ocho días quedara cerrado el plazo para presentar candidaturas al puesto y sólo se presentara la suya. Es su sexto mandato. Desde 2012, cuando se reformaron los estatutos del club, para presentarse a las elecciones se necesitan 20 años de antigüedad de socio en lugar de 10 y presentar un preaval del 15% del presupuesto de la entidad respaldado con su patrimonio personal y por una entidad española. En esta convocatoria debía ser de 123,8 millones de euros. Desde 2006 no ha habido votaciones para elegir al presidente del Real Madrid.

Además, la suspensión de la Superliga no significa que el proyecto está muerto y enterrado. Todos los clubes implicados han dejado claro en sus comunicados de disculpa a la afición que siguen comprometidos con la reforma de las estructuras del deporte y con la estabilidad financiera. Si hasta ahora los clubes más ricos han utilizado la amenaza del cisma para conseguir ventajas en sus negociaciones con la UEFA, no van a dejar de hacerlo en adelante. La batalla se seguirá librando, mal que les pese a los aficionados y a organizaciones tan poco transparentes como la UEFA y la FIFA, en busca de mayores beneficios. Aunque no se llegue a emular el modelo de la NBA como parecía ser la intención de los instigadores de la Superliga, la máquina de gastar en jugadores millonarios –200 millones dicen que cuesta Mbappé– y de construir cada vez mayores estadios –575 millones es el presupuesto de las obras del nuevo Bernabéu, que se inaugurará en el verano de 2022– necesitará cada vez más combustible. La rebelión de los ricos puede que sólo se haya postergado un poco. “Nosotros hemos salvado el fútbol”, contestaban a Florentino Pérez los aficionados ingleses tras conocerse el fiasco de la Superliga. Quizá demasiado pronto.

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