ATROPELLO EN BERLÍN

El atropello de Berlín reabre la herida de la violencia contra el colectivo LGTBIQ+ en Europa

Homenaje frente a la Puerta de Brandeburgo, cerca del lugar donde un vehículo arrolló a una multitud durante el desfile del Día de Christopher Street (CSD) en Berlín, Alemania.

Una bandera arcoíris permanecía el domingo extendida sobre el asfalto mientras los operarios desmontaban las últimas estructuras del Orgullo. A pocos metros, en el Tiergarten berlinés, decenas de agentes mantenían acordonada la zona en la que se encontraba la furgoneta blanca que, alrededor de las diez de la noche del sábado, había irrumpido a gran velocidad cerca de la Puerta de Brandeburgo y arrollado a un grupo de asistentes al Orgullo. Una mujer murió y otras 29 personas resultaron heridas, varias de ellas de gravedad. Tras el atropello, el conductor abandonó el vehículo, agredió con un arma blanca a varios transeúntes y huyó a pie.

La escena contrastaba con la imagen que Berlín había ofrecido durante buena parte del sábado. Cientos de miles de personas recorrieron el centro de la capital alemana entre carrozas, música y pancartas para participar en una de las mayores marchas LGTBIQ+ de Europa. La jornada había transcurrido sin incidentes y se acercaba ya a su final cuando la furgoneta entró en el parque de Tiergarten y se lanzó contra quienes todavía abandonaban los actos.

El autor había huido y horas después, cuando fue localizado, fue abatido por la Policía. La investigación apunta, por el momento, hacia el entorno islamista. Las autoridades alemanas consideran que los indicios recabados permiten tratar lo sucedido como un posible atentado terrorista dirigido contra la celebración del Orgullo, aunque todavía deben aclarar el grado de planificación, si el atacante actuó solo y cuáles fueron sus contactos previos.

Lo ocurrido, sin embargo, no constituye un episodio sin precedentes. En los últimos años, Europa ha sufrido atentados terroristas contra bares y personas LGTBIQ+, ataques organizados contra marchas del Orgullo, asaltos a sedes de asociaciones y agresiones individuales que han terminado en asesinatos.

Dresde y Oslo, los precedentes del terrorismo islamista

La propia Alemania ya había sufrido en los últimos años un ataque similar. El 4 de octubre de 2020, un joven apuñaló en Dresde, al este del país, a una pareja de hombres que se encontraba haciendo turismo. Uno de ellos murió y el otro resultó gravemente herido. El agresor acabó siendo condenado a cadena perpetua después de que tanto la Fiscalía federal como el tribunal consideraran que había seleccionado a las víctimas por sus convicciones islamistas y por haberlas identificado como una pareja homosexual.

No obstante, el precedente más directamente relacionado con una celebración del Orgullo se produjo en Oslo en junio de 2022. Horas antes de la marcha, Zaniar Matapour abrió fuego contra varias personas frente al London Pub, uno de los principales espacios de encuentro de la comunidad LGTBIQ+ de la capital noruega. Mató a dos personas, hirió de bala a nueve y causó lesiones a otras 25. La magnitud de lo ocurrido obligó a cancelar la celebración y llevó al país a elevar su nivel de alerta terrorista.

Matapour, al que los servicios de seguridad consideraban un islamista radicalizado, fue condenado en 2024 a la pena máxima de 30 años de prisión por asesinato y terrorismo agravado. La investigación no se detuvo ahí y, en enero de este año, un tribunal noruego impuso la misma condena a Arfan Bhatti por haber participado desde Pakistán en la planificación del atentado.

Bratislava y la violencia de la extrema derecha

La amenaza contra la comunidad no procede únicamente del extremismo islamista. El atentado cometido frente al bar queer Tepláreň, en Bratislava, mostró en octubre de 2022 la capacidad de la ultraderecha para convertir la homofobia y la transfobia en violencia terrorista. Un joven de 19 años disparó contra las personas que se encontraban a las puertas del establecimiento, mató a dos jóvenes, hirió a una tercera persona y se suicidó horas después. Las autoridades eslovacas terminaron calificando el crimen como un atentado terrorista contra la población LGTBIQ+. El local se transformó posteriormente en un espacio de memoria y concienciación antes de cerrar definitivamente en 2023.

El ataque no surgió de manera aislada. Antes de cometerlo, el responsable había publicado en internet un manifiesto cargado de antisemitismo, homofobia, transfobia y teorías supremacistas. El documento reflejaba, además, la influencia de comunidades ultraderechistas que glorifican atentados anteriores y convierten a las minorías, los migrantes y las personas LGTBIQ+ en objetivos de una supuesta guerra racial y cultural.

Marchas del Orgullo asaltadas

En distintos puntos de Europa, grupos organizados han convertido las celebraciones del Orgullo en escenario de ataques contra el movimiento LGTBIQ+. Así ocurrió en Białystok, al este de Polonia, donde alrededor de un millar de personas participaron en julio de 2019 en la primera Marcha por la Igualdad de la ciudad. Frente a ellas se congregaron unos 4.000 contramanifestantes, entre los que había grupos ultraderechistas, nacionalistas y aficionados radicales al fútbol. Estos atacaron a los asistentes con piedras, botellas y petardos, además de proferir numerosos insultos homófobos.

El episodio se produjo en un contexto político en el que dirigentes del entonces gobernante partido Ley y Justicia presentaban los derechos LGTBIQ+ como una amenaza extranjera contra la identidad y los valores nacionales. La Policía detuvo a 25 personas, aunque las organizaciones de derechos humanos denunciaron que el dispositivo desplegado para proteger la marcha había sido insuficiente.

La ofensiva no se ha dirigido únicamente contra quienes participan en estas movilizaciones, sino también contra las entidades que las hacen posibles. En julio de 2021, una multitud integrada por grupos de extrema derecha y sectores ultraconservadores asaltó en Tiflis (Georgia) las oficinas de varias organizaciones, entre ellas Tbilisi Pride. Los agresores destruyeron material, arrancaron banderas y obligaron a cancelar la Marcha por la Dignidad.

Agresiones, asesinatos y cartas de amenaza en España

La violencia contra el colectivo LGTBIQ+ también se manifiesta en España a través de agresiones físicas, amenazas y campañas de intimidación. En mayo de 2024, la Asociación Trans de Andalucía denunció la “brutal agresión” sufrida por una menor trans de 13 años en Santa Fe, Granada. La adolescente recibió patadas, puñetazos y empujones hasta perder el conocimiento mientras la amenazaban de muerte y proferían insultos contra su identidad.

En esas mismas fechas, una pareja homosexual de Albolote, también en Granada, denunció el segundo ataque homófobo sufrido en apenas cinco meses. En esta ocasión, recibió un sobre que contenía amenazas, una fotografía de ambos y símbolos nazis, además de encontrar un grafiti en la fachada de su vivienda.

El asesinato de Samuel Luiz continúa siendo, sin embargo, el principal símbolo de la violencia contra las personas LGTBIQ+ en España. El joven, de 24 años, murió después de recibir una paliza grupal en la madrugada del 3 de julio de 2021 junto al paseo marítimo de A Coruña. El Tribunal Supremo confirmó en diciembre de 2025 las condenas de entre 20 y 24 años de prisión para los tres autores adultos del asesinato y mantuvo la absolución de un cuarto acusado por falta de pruebas. La pena más elevada recayó sobre el hombre que inició la agresión, al que se aplicó la agravante de discriminación por la orientación sexual que atribuyó a Samuel. 

Más visibilidad y también más violencia

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La última gran encuesta de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, basada en las respuestas de más de 100.000 personas, refleja que una mayor visibilidad no ha ido acompañada de una reducción de la violencia. Cada vez más ciudadanos hablan abiertamente de su orientación sexual o su identidad de género, mientras aumentan el acoso, la intimidación y las agresiones. Además, señala que las personas trans e intersexuales se encuentran entre quienes sufren una mayor victimización.

El 14% de las personas encuestadas declaró haber sufrido una agresión física o sexual durante los cinco años anteriores, frente al 11% registrado en el estudio precedente en 2019. A ello se añade que un 36% afirmó haber padecido discriminación en algún ámbito de su vida durante el año anterior.

El informe anual de ILGA-Europe describe, además, un escenario en el que las marchas del Orgullo se han convertido en un indicador de la salud democrática del continente. Aunque siguen apareciendo nuevas celebraciones, estas se desarrollan cada vez con mayor frecuencia entre contramanifestaciones organizadas, amenazas, ataques contra participantes y acciones simbólicas como la destrucción o la retirada de banderas arcoíris.

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