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La unión de la izquierda frena el ascenso de la ultraderecha y gana las elecciones en Francia

El muro republicano resiste. Una conocida paradoja francesa reza que cuanto más cerca está la extrema derecha de acceder al poder, más fuerte es la movilización y la reacción social en contra para impedirlo. Este domingo, después de que la sociedad gala haya acudido masivamente a las urnas en la segunda vuelta de las legislativas, todo parece confirmar que esa paradoja sigue más viva que nunca. De forma sorprendente y contra todas las encuestas, el Nuevo Frente Popular (NFP) ha ganado las elecciones legislativas francesas con una suma total de 182 diputados, mientras que la extrema derecha de Rassemblement national (RN), hasta última hora líder en todos los sondeos, ha caído a la tercera posición en un duro golpe en su estrategia de conquistar el Elíseo en 2027.

El partido de Marine Le Pen tendrá que conformarse con 143 diputados, muy lejos de las cifras que preveían las encuestas, las cuales les llegaron a otorgar antes de la primera vuelta hasta 280 diputados y, tras los comicios del pasado domingo, en torno a los 200-230. Ninguno de esos sondeos ha conseguido prever la movilización masiva de la sociedad francesa y su unión para detener una victoria de RN que parecía completamente inevitable.

Entre la izquierda y la extrema derecha se coloca el partido del presidente francés, Emmanuel Macron, que salva los muebles con 168 asientos en la Asamblea Nacional. La fórmula del Frente Republicano ha beneficiado enormemente a Macron, que ha logrado concentrar voto y obtener un resultado mucho mejor al previsto por los sondeos y, por supuesto, mucho mayor al que se podían esperar tras unas europeas y una primera vuelta de las legislativas realmente decepcionante. Pese a ello, Macron pierde la primacía en la Asamblea Nacional y con casi total seguridad tendrá que entenderse con la izquierda los 3 años que le quedan en el Elíseo.

El sorprendente resultado de este domingo comenzó a fraguarse el pasado martes, cuando se hizo oficial la masiva retirada de candidatos por parte de las fuerzas que forman el llamado Frente Republicano. Poco después de conocerse la abultada victoria de RN en la primera ronda de los comicios, tanto los líderes frentistas, personificados en Jean-Luc Mélenchon, como los del bloque presidencial, confirmaban la necesidad de unirse para parar a la extrema derecha.

De este llamamiento salieron más de 210 retiradas de candidatos, de estas 130 fueron de la izquierda, 82 del macronismo y 2 de la derecha conservadora. Gracias a ellas, en esta segunda ronda, las circunscripciones donde se han medido la extrema derecha y dos (o tres) partidos del Frente Republicano han sido 109. Sin esas retiradas, ese número hubiera aumentado hasta las 311.

A partir de ese momento, la campaña viró 180 grados. Si en la primera vuelta la pregunta era a cuánta distancia se quedaría RN de la soñada mayoría absoluta que pedía su candidato, Jordan Bardella, en pocos días el debate cambió a cuánto se resentiría el partido de las retiradas masivas. Después de una campaña polarizada y en muchos casos radicalizada, quedaban muchas dudas de que tanto el NFP y Ensemble! consiguieran articular una unión contra RN, lo cual daba alas y esperanzas a los de Le Pen a tocar poder por primera vez en el país. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, la rapidez con la que ambas coaliciones dejaron de lado sus diferencias y olvidaron, por ejemplo, cómo Macron había asegurado que RN y NFP eran exactamente lo mismo, ha cogido con el pie cambiado a la extrema derecha y ha llevado a las fuerzas republicanas a una victoria decisiva para Francia y para Europa, que parecía sumirse tras el 9J en una espiral de auge de la extrema derecha.

Quedaba la duda, eso sí, de como se comportarían los votantes. En una jornada que ha sido de nuevo de movilización masiva, al contrario de lo que suele suceder tradicionalmente en las legislativas, los franceses han hecho que el muro de contención contra la extrema derecha siga en pie más fuerte que nunca. La principal cuestión estaba en como se comportarían los votantes macronistas, que después de cuatro semanas de diabolización del NFP por parte de su partido, podrían tender a la abstención. Sin embargo, finalmente el Frente Republicano, que muchos daban por enterrado durante buena parte de la campaña, ha vuelto a demostrar su fortaleza.

El Nuevo Frente Popular, la fórmula correcta

Esa fortaleza se ha cimentado en el tremendo éxito del NFP. La coalición de izquierdas, que se puso de acuerdo rápidamente contra todo pronóstico tras la convocatoria de Macron, se confirma como la alternativa más fuerte tanto al macronismo como a la extrema derecha. Su resultado es espectacular, sobreponiéndose no solo a los sondeos, sino también a la masiva retirada de candidatos en esta segunda vuelta para ejercer el cordón sanitario contra la extrema derecha. Además, han conseguido movilizar masivamente a la sociedad francesa, logrando su objetivo de no espantar a los votantes moderados a la vez que integraban a aquellos más izquierdistas.

Su fórmula de unidad ha demostrado ser la acertada y, pese a las diferencias entre las formaciones que integran la coalición, el NFP ha dado durante la mayoría de la campaña una imagen de bloque y unidad. Ahora, el mayor reto de los izquierdistas es mantenerse unidos en la Asamblea Nacional y no repetir el desastre organizativo de NUPES, la coalición formada para las legislativas de 2022. Si, como parece, estarán en el Ejecutivo, probablemente será más fácil esta unidad, pero si por el contrario surgen tensiones durante las negociaciones entre los grupos, lo más probable es que el NFP corra el riesgo de fracturarse.

En este sentido, es importante ver cómo queda la correlación de fuerzas en la coalición. Los resultados colocan a La Francia Insumisa (LFI) como el partido más destacado con 74 diputados, seguidos por el Partido Socialista (PS) con 59 asientos. A continuación estarían los dos partidos más pequeños de la coalición, Los Ecologistas con 28 y el Partido Comunista (PCF) con 9 asientos.

¿Cómo gobernar Francia?

Es la gran pregunta que colea tras los comicios. El primer objetivo para la izquierda y los macronistas, el evitar una victoria de RN, está cumplido con creces, pero ahora falta lo más difícil: articular una mayoría alternativa sólida para evitar el bloqueo. Sobre el papel, y con los números en la mano, una unión del NFP y de los partidos que forman la coalición presidencial sería suficiente para armar una mayoría de gobierno, pero en la práctica, esta unión se antoja mucho más complicada.

De optar por esta fórmula, se tendrían que poner de acuerdo las siete formaciones que forman ambas coaliciones, algunas realmente lejanas ideológicamente y con vetos cruzados. De hecho, se podría decir que lo único que une a toda esa amalgama de partidos es la oposición a Le Pen. En las elecciones, esa estrategia a la contra les ha funcionado bien, pero quedan muchas más dudas de si esto puede armar un Gobierno para los próximos años en un país que apenas tiene cultura de alianzas en el Ejecutivo.

Pese a las dificultades, es la opción que parece más realista con los resultados de este domingo. En Francia no es posible volver a convocar elecciones hasta un año después de la celebración de las mismas, por lo que los escenarios son o la mayoría anti-RN o el bloqueo. Y esto último sería una verdadera pesadilla para el país, sobre todo con una sociedad cada vez más descontenta y con un contexto internacional y geopolítico muy complejo. De haber bloqueo, el país galo se encontraría sin poder legislar sobre prácticamente nada en un momento donde la legislatura europea empezará a andar, la guerra en Ucrania continuará activa y, sobre todo, con una posible victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos que puede poner el tablero internacional patas arriba. Por todo ello, los incentivos para el bloqueo son casi nulos.

Ahora, la cuestión será cómo se organiza ese posible gobierno republicano. La victoria del NFP les da la primacía para encarar las negociaciones con la coalición presidencial, pero poner de acuerdo a todas las formaciones que forman el frente no será tarea fácil. El NFP ni siquiera se ha logrado poner de acuerdo para presentar un candidato de consenso a primer ministro. Es cierto que han estado condicionados por la rapidez de la convocatoria y por el objetivo de espantar al menor número de votantes posibles, pero es evidente que es complicado encontrar a alguien que pueda ser aceptado por todos los partidos.

Por otra parte, está la duda de la posible exclusión de LFI. El partido de Mélenchon es mirado con mucho recelo por el macronismo, tanto que, este mismo domingo, tras las elecciones, el secretario general de Renacimiento (el partido de Macron), ha asegurado que "es evidente" que que Mélenchon "no puede gobernar Francia". De hecho, en los días previos a la retirada de las candidaturas, figuras prominentes de Ensemble! también expresaron dudas sobre si en aquellas circunscripciones donde compitieran con LFI debían mantener o no el candidato.

También los insumisos son distantes en lo relativo a las alianzas con Macron. En su discurso de victoria, el propio Mélenchon cargaba duramente contra el presidente francés, pidiéndole que admitiera su derrota y que le encargara formar gobierno al NFP a la vez que mostraba su negativa a pactar con el bloque presidencial: "Nos negamos a entablar negociaciones con su partido para hacer combinaciones, sobre todo después de haber criticado implacablemente su política de maltrato social durante siete años".

En este punto entran los socialistas, que podrían ser la llave para el entendimiento en el futuro Gobierno. El PS revivió en las pasadas europeas y durante las negociaciones del NFP logró imponer algunas de sus tesis sobre los insumisos, sobre todo con respecto a la Unión Europea. Ahora, su mayor cercanía con el macronismo y su capacidad negociadora con LFI puede ser clave para armar el Ejecutivo con los insumisos dentro del mismo. Si por el contrario el partido de Mélenchon queda fuera y son los socialistas los que entran en el gobierno con Macron, el avance de la legislatura se prevé difícil, ya que sería casi imposible armar mayorías y, además, dejaría a los insumisos vía libre para ejercer la oposición a un presidente que sigue siendo uno de los más impopulares de toda Europa.

El futuro de RN

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Más allá de como pueda ser el próximo gobierno, la noche de este domingo deja un derrotado claro y ese es RN. Tras su arrolladora victoria en las europeas y con unas encuestas muy favorables, estas legislativas eran vistas por el partido de Le Pen como un campo de pruebas para las presidenciales de 2027. Tras los resultados, la extrema derecha ha vuelto a suspender el examen. Ni siquiera con un candidato joven, sin el apellido Le Pen y sin las formas histriónicas y radicales propias de los ultras, han podido distanciarse de su pasado ni de su ideología extremista para ampliar su electorado y penetrar en los votantes más moderados.

Pero pese a la decepción, el resultado de esta noche es el máximo histórico de la extrema derecha en unos comicios legislativos. Bardella y los suyos tendrán más poder que nunca en la Asamblea Nacional y es con este apoyo vuelven a dejar claro que representan a un electorado descontento y que no se siente representado por las fuerzas republicanas. Nada de eso desaparece con la derrota de este domingo y con ello tendrán que trabajar el resto de los partidos durante la legislatura.

Aun así, los franceses han demostrado que la estrategia de "desdiabolización" de la extrema derecha parece tener sus límites, ya que, cuando los partidos republicanos se unen, se demuestra que, por ahora, es imposible que RN pueda gobernar. Quedan 3 años para las presidenciales y, si no hay sorpresas, Le Pen continuará con la misma estrategia que lleva implementando desde que accedió a la presidencia del por entonces Frente Nacional en 2011. Sólo que esta vez lo hará con una derrota, una más de todas las que lleva acumuladas durante estos 13 años. Sin embargo, la otra paradoja francesa dice que, de cada derrota, la hija de Jean-Marie Le Pen parece salir siempre más fuerte.

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