Ética periodística con Nacho Carretero y Paloma Rando: "El compromiso de los Vito Quiles no es con la verdad"
El Curso de Verano de infoLibre, celebrado en la Facultad de Ciencias de Información de la Universidad Complutense, ha vivido una tarde muy cinematográfica con la proyección de la película Nightcrawler, dirigida por Dan Gilroy en 2014. El film ha sido muy bien recibido por los asistentes y ha servido como punto de partida para un debate sobre el estado del periodismo. La cinta cuenta la historia de Lou Bloom (Jake Gyllenhaal), un joven que no consigue encontrar un empleo y que, tras ser testigo de un accidente, descubre una lucrativa oportunidad en el periodismo de sucesos en la peligrosa ciudad de Los Ángeles. A partir de entonces, se dedica a llegar el primero al escenario de crímenes o accidentes para grabar imágenes y vender la carnaza al mejor postor.
Nightcrawler es una cinta dura y oscura que, a pesar de que fue estrenada hace 12 años, mantiene una vigencia absoluta, incluso visionaria. La película da pie a reflexionar sobre los límites éticos del periodismo, la espectacularización de la información y la obsesión por la audiencia en una sociedad marcada por la economía de la atención. Todo ello pese a que, cuando se rodó, las redes sociales aún no ejercían la sofocante influencia que tienen en nuestras vidas en pleno 2026.
Para Nacho Carretero, la película, aún siendo un tanto caricaturesca a la hora de llevar al extremo ciertas actitudes, es un aviso de hasta dónde es "capaz de llegar cierto tipo de periodismo". Además, ha destacado que escoge la televisión como escenario "porque que es un pequeño mundo aparte donde se concentran muchos de los males del periodismo: la exageración, el amarillismo y la pérdida de papeles, algo que también vemos en algunos programas de la televisión española".
La desinformación es hija de la sobreinformación
En esta línea, el periodista, escritor y productor ha identificado dos grandes problemas que atraviesa el periodismo moderno. El primero es la "precariedad laboral" —muy presente en toda la jornada—, una cuestión "desde la que se explica casi todo lo demás, pues la mayoría de los medios de comunicación en España la padecen, y eso lleva a algunos periodistas a sobrepasar límites para no perder sus empleos". El segundo problema lo representa el propio protagonista de la película. "Es una especie de Javier Negre a lo yanqui, un ejemplo de neoperiodismo que hace otra cosa distinta al periodismo. Pero, precisamente por culpa de la precariedad, el periodismo se ve arrastrado a esa charca y termina manchándose", ha afirmado Carretero.
A su juicio, esa es precisamente la mancha que todavía está intentando quitarse el periodismo: "la pérdida de credibilidad y haberse dejado arrastrar por dinámicas propias de las redes sociales, que explican buena parte de sus problemas". En este sentido, Carretero ha sido contundente: "X es el gran cáncer del periodismo".
Paloma Rando ha compartido esa reflexión y ha calificado de "curiosa" la relación de los medios con X, una red social que, según ha explicado, apenas genera tráfico hacia las páginas web. "Hemos creado una extraña dependencia de lo que llamamos 'la conversación', como si solo existiera ahí, cuando además está llena de bots", ha destacado la periodista. A su juicio, la plataforma "empuja casi inevitablemente a sus usuarios hacia posiciones más conservadoras". También ha recordado que "mantenernos enfadados es un negocio muy rentable". Como ejemplo, ha explicado que YouTube ha comprobado que la ira es la emoción que más tiempo mantiene a los usuarios dentro de la plataforma.
Mantenernos enfadados es un negocio muy rentable
"La desinformación es hija de la sobreinformación, estamos absolutamente bombardeados y es imposible gestionar semejante cantidad de información", ha terciado Carretero. En su opinión, esa saturación alimenta la sensación de que "todo se va a la mierda", ya que la "sobreinformación lleva a una percepción muy catastrofista del mundo". "De ahí nacen las respuestas simples y tranquilizadoras que ofrecen los totalitarismos", ha puntualizado. Sin negar los problemas del presente, Carretero ha defendido que "el mundo no está bien, pero nunca estuvo mejor". Por ello, ha insistido en la responsabilidad del periodismo para ofrecer una imagen ajustada de la realidad. "Una sociedad permanentemente enfadada acabará teniendo un gobierno totalitario", ha advertido.
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Rando ha coincidido en que la sobreinformación ha "mermado nuestra capacidad de atención porque vivimos de impactos". "La propia televisión vive de esos impactos por influencia de las redes sociales", ha indicado, para luego recordar que "mucha gente" solo lee titulares, por lo que, en su opinión, "uno de los retos es seguir alimentando la idea de que es importante pagar por el periodismo, y de que el periodismo y las redes sociales no son lo mismo". Carretero ha lamentado que el periodismo haya terminara considerando las redes sociales como un competidor cuando, en realidad, "el compromiso de figuras como Vito Quiles no es con la verdad, sino con su éxito personal —en el mejor de los casos— o con su ideología".
El compromiso de los Vito Quiles y demás no es con la verdad, sino con su éxito personal y con su ideología
A su juicio, la identificación entre redes sociales y televisión se debe a que este medio siempre ha combinado "información y entretenimiento". Como consecuencia, la programación está llena de tertulias políticas "desde la mañana hasta la noche", con "tertulianos que se presentan como periodistas, pero convierten el periodismo en una guerra de guerrillas y hacen que la gente meta todo en el mismo saco".
"Muchas veces el periodismo ha mutado directamente en esta gentuza. Horizonte, por ejemplo, se ha convertido en una versión en prime time de lo que hace años podía verse en cualquier canal de YouTube dedicado a la desinformación. Ahí se ve cómo, en ocasiones, el periodismo acaba transformándose en un programa de desinformadores sin interés por contar la verdad", ha remarcado Carretero. Rando ha cerrado el debate recordando que "Horizonte muchas veces se ha convertido en la segunda opción después de El hormiguero", una situación que, a su juicio, "desvirtúa el concepto de información del espectador, que acaba creyendo que seguir una tertulia es estar informado".