Cartier sigue vendiendo lujo en Rusia a pesar de las sanciones
Para Cartier en Rusia, la historia llegó oficialmente a su fin el 3 de marzo de 2022. Pocos días después de la invasión a gran escala de Ucrania por el ejército ruso, los países de la Unión Europea y Suiza —donde tiene su sede el grupo Richemont, matriz de la marca francesa— impusieron sanciones drásticas que incluyen la prohibición de exportar artículos de lujo a Rusia.
La joyería y la relojería de lujo, dos especialidades de Cartier, se ven afectadas por estas sanciones. La tienda insignia del grupo en Moscú, en la calle Petrovka —más de mil metros cuadrados de anillos, relojes y alfombras rojas—, cierra sus puertas. Sus empleados son dados de baja temporalmente, trasladados a otros países o despedidos. Oficialmente, los acaudalados clientes rusos ya no pueden comprarse pulseras Love de oro blanco (8.700 euros), relojes Baignoire (9.400 euros) ni pulseras Panthère (hasta 421.000 euros en su versión más adornada con piedras preciosas).
Los datos aduaneros a los que ha tenido acceso Mediapart confirman, a primera vista, que se han terminado los flujos de joyería de Europa hacia Rusia: entre 2021 y 2023, las importaciones de mercancías registradas bajo el código aduanero 7113 (joyería de metales preciosos) con origen en Francia caen un 91 % (de 21 millones de dólares en 2021 a menos de 2 millones de dólares en 2023). Del mismo modo, las importaciones de joyas procedentes del Reino Unido se redujeron un 99,6 %, y las de Suiza, un 99,8 %.
Cartier no es una excepción. Según nuestros cálculos, basados en los mismos datos aduaneros, en 2021 se importaron a Rusia 50,6 millones de dólares en mercancías de la marca (de todos los países de origen), frente a solo 5.552 dólares en 2023; se trataba de piezas de recambio destinadas a reparaciones, según precisa la declaración. Oficialmente, pues, se ha cerrado el grifo.
El grupo Richemont, propietario de Cartier, se jacta de ser ejemplar en esta materia. En marzo de 2022, llegó incluso a dar portazo al Responsible Jewellery Council, la organización internacional que establece las normas éticas y medioambientales de la joyería, alegando que no había cortado todos sus vínculos con Rusia. “No se ajusta a los valores de Richemont formar parte de una organización cuyos miembros apoyan conflictos y guerras”, afirmó entonces el director general de Cartier, Cyrille Vigneron.
Un escaparate de lujo en Almaty
Pero la realidad es que las joyas de la marca siguen vendiéndose en Rusia, según revela nuestra investigación. Ahora pasan por Kazajistán, que forma parte de la Unión Económica Euroasiática (UEE), un vasto mercado común con Rusia en el que, una vez entrados, los productos circulan sin controles aduaneros.
Las declaraciones aduaneras obtenidas por Mediapart revelan la existencia de estos nuevos circuitos comerciales hacia Kazajistán (ver caja negra), que se desarrollaron precisamente en el momento en que los flujos hacia Rusia se estaban agotando. Según los datos que hemos podido analizar, las importaciones de productos del grupo Richemont a través de Kazajistán pasan así de 0 en 2021 a 23 millones de dólares en 2022, hasta alcanzar cerca de 47 millones en 2025 —es decir, casi las importaciones de mercancías de Cartier en Rusia antes de la guerra (50,6 millones de dólares en 2021) .
Al ser preguntada sobre estas exportaciones y sobre la posible elusión de sanciones que podrían suponer, la marca Cartier no ha querido responder. El grupo Richemont, al que también se ha dirigido Mediapart, afirma haber “cesado toda exportación, venta y distribución de sus productos a Rusia” desde marzo de 2022 y “refuta cualquier sugerencia de que el grupo eluda las sanciones aplicables”. Pero no dice nada sobre sus exportaciones a Kazajistán.
Cartier cuenta con un escaparate privilegiado en la ciudad más grande de Kazajistán, Almaty: una tienda que reabrió sus puertas en 2025 tras haber sido completamente renovada. Según nuestra información, sus ventas se han multiplicado prácticamente por diez desde 2019, hasta alcanzar unos 50 millones de euros en 2025. Las cifras de la tienda kazaja se acercan ya a las registradas por la tienda de Cartier en los Campos Elíseos, a pesar de que esta última es cuatro veces más grande y goza de una ubicación prestigiosa.
Un auge que no puede explicarse por un aumento repentino del nivel de vida en Kazajistán y, por tanto, del consumo de artículos de lujo y de gran lujo. Aunque el país experimenta un crecimiento relativo, el salario medio en la ciudad de Almaty era en 2025 de 1.100 euros al mes (601.126 tenges kazajos).
¿Es posible que Cartier y Richemont, grandes grupos con la mirada puesta en su volumen de negocio, no hayan detectado estos flujos anómalos, ni se hayan dado cuenta de que sus ventas en Kazajistán se han multiplicado casi por diez —a pesar de que las vías para eludir las sanciones a través de Kazajistán están ya ampliamente documentadas (incluso por Mediapart)?
Venta de joyas a través de Telegram
Es aún más improbable si se tiene en cuenta que una de las figuras históricas de la marca trabaja ahora para la tienda de Almaty: Tatiana Torchilina, experta en joyería, que se presenta en Internet como “miembro del consejo presidencial de Cartier” (una institución desconocida para el público, sobre la que Cartier no nos ha dado más detalles) y, sobre todo, exdirectora de la gran boutique de Cartier de la calle Petrovka, en Moscú. Conoce a los clientes rusos de la marca mejor que nadie.
En una entrevista concedida a finales de 2025, Tatiana Torchilina explicaba que trabajaba en esa franquicia y agradecía a la marca su “increíble lealtad” —ella, que pensaba que su “aventura” con Cartier “iba a llegar a su fin” en la primavera de 2022, tras la imposición de sanciones a Rusia.
Sin embargo, las sanciones impuestas por la UE (a las que está sujeta la marca Cartier, cuya sede social se encuentra en Francia) y por Suiza (a las que está sujeto el grupo Richemont, con sede en el país) son claras: no solo prohíben la venta de artículos de lujo a Rusia, sino también "el transporte" y "el tránsito" de dichos artículos “para su uso en ese país”.
Y lo que es aún más sorprendente: según nuestra información, dos exempleadas de Cartier en Rusia siguen facilitando, a día de hoy, la venta de joyas de la marca a clientes rusos.
La primera, Yulia Goryachkina, que fue dependienta de la tienda de la calle Petrovka, ofrece ahora joyas de Cartier… a través de Telegram. En su canal, bajo el seudónimo de “Yulia Cartier”, se describe a sí misma como “la mayor experta en joyería y estilista de Moscú” y explica que “lleva más de veinte años vendiendo artículos Cartier”. Al parecer, las sanciones no han frenado su negocio.
¡Cartier llevará pronto a cabo su subida anual de precios! Si queréis comprar algo, daos prisa [...] Escribidme
El 8 de junio de 2025, Goryachkina ponía a la venta, a través de este canal de Telegram, un anillo Cartier “Coussin” “absolutamente suntuoso” por 8.255.000 rublos (93.000 euros). El 14 de julio siguiente, vendió un “collar vintage de Cartier” hecho de perlas de oro rosa engastadas con diamantes por 2 millones de rublos (22.000 euros). “Disponible en Moscú”, precisaba.
El día anterior, vendió un broche de nácar de la marca Van Cleef & Arpels (otra marca del grupo Richemont) por 4.780.000 rublos —también “disponible en Moscú”. En abril, avisó a sus clientes: “¡Cartier llevará pronto a cabo su subida anual de precios! Si queréis comprar algo, daos prisa en hacer el pedido y pagar. Escribidme». Al ser preguntada sobre estas ventas, Yulia Goryachkina no quiso responder. Pero unas horas después cerró su canal de Telegram y eliminó las menciones a Cartier de su biografía de Instagram.
Una vez más, a la marca le resultaba difícil ignorar estas actividades: “Yulia Cartier” utilizaba su nombre profusamente, incluso en el título de su canal, y grababa numerosos vídeos en tiendas situadas en Europa y Oriente Medio donde, según tenemos entendido, es imposible probar y grabar piezas que cuestan varias decenas de miles de euros sin autorización.
Tatiana Torchilina, la exdirectora de la tienda de Petrovka, que ahora trabaja para la franquicia de Cartier en Kazajistán, también sigue vendiendo joyas a clientes rusos. Ella misma explicó, en noviembre de 2025, que seguía viviendo en Moscú porque “todos [s]us clientes están aquí”. ¿Cómo lo consigue? Ella menciona “opciones de importación legales”, sin dar más detalles.
En una plataforma rusa de comercio de arte, vende, en calidad de “coleccionista”, joyas de Cartier, entre las que se incluyen un anillo Panthère de 20 millones de rublos (225.000 euros) o una pulsera de oro blanco y ónice de 17 millones de rublos (192.000 euros). No se especifica su origen.
Según nuestra información, Tatiana Torchilina también aprovecha los eventos organizados en la capital rusa (que oficialmente nunca son ventas, sino "cenas artísticas", conferencias sobre la historia de la marca o incluso “recepciones de mecenazgo”) para asegurar a su público que “no hay ningún problema” en conseguir las piezas que les interesen.
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Al ser preguntada al respecto, tampoco quiso responder sobre esas ventas, limitándose a asegurar que “ya no es empleada de Richemont” desde hace “bastante tiempo”.
Caja negra
Hemos obtenido y analizado bases de datos aduaneras con la ayuda de un profesional del sector. Debido a la naturaleza de esas bases de datos (casos de declaraciones incompletas, ortografía de los nombres de las empresas transcritos del alfabeto cirílico que puede variar), las cifras proporcionadas en el artículo son una horquilla mínima.
Traducción de Miguel López