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'Caso Sarkozy': la corrupción de un clan político francés con dinero de una dictadura extranjera

Nicolas Sarkozy admitió su derrota en la noche del domingo.

Avec les compliments du Guide (editorial Fayard, 400 páginas) es la historia de la degeneración de una República, la nuestra, y la obstinación de un periódico, el vuestro. El libro, que atrapa desde la primera página, se lee como una novela negra en la que la acción nunca se detiene. Este relato, de los periodistas Fabrice Arfi y Karl Laske, que recoge seis años de investigación en Mediapart, socio editorial de infoLibre, sobre el caso Sarkozy-Gadafi, tiene la eficacia de un informe clínico. Sin palabrería ni comentarios, los hechos hablan por sí mismos. Pieza a pieza, el puzzle toma forma hasta ofrecer una síntesis definitiva de un caso sin parangón; un caso con mayúsculas.

Nunca, en la larga crónica de las corrupciones republicanas, habíamos visto un panorama tan desolador. En el centro, rodeado de su clan, se sitúa Nicolas Sarkozy, es decir, un político profesional de primer nivel, durante mucho tiempo líder indiscutible de su familia política, presidente de la República Francesa durante cinco años (2007-2012), y todavía hoy un personaje público considerado. En torno a él, se dan escenas dignas de las gorgonas, esas criaturas malvadas de la mitología griega cuya única contemplación podía petrificar a quienes las miraban. Porque la verdad que los dos investigadores de Mediapart nos obligan a mirar de frente es impresionante y aterrador.

Estamos ante la historia de un compromiso duradero con una dictadura, que dio comienzo en 2005 cuando Nicolas Sarkozy era ministro (primero del Interior y después de Economía); la historia de la petición de financiación oculta, una suma considerable, procedente del dinero negro de ese régimen libio; la historia de unas elecciones presidenciales cuya campaña se vio corrompida por esa financiación ilegal procedente de un Estado extranjero; la historia de una puesta en escena humanitaria (la liberación de las enfermeras búlgaras) para justificar la recepción triunfal de Mohammed Gadafi a finales de 2007 por parte de la República Francesa; la historia de una alianza que, de buenas a primeras, se convirtió en un obstáculo cuando los vientos inesperados de las revoluciones árabes amenazaban los secretos inconfesables a raíz del derrocamiento popular de la dictadura que los guardaba; la historia de una guerra devastadora, iniciada en 2011, y que tenía como resultado, u objetivos, borrar precipitadamente las huellas de dichos compromisos –por no decir a sus testigos, entre los que se encontraba el propio dictador– y asegurarse de que los supervivientes siguen enterrándolos; la historia, por último, de maniobras continuas y concertadas para que estas verdades no viesen la luz, fuesen deslegitimadas en el debate público e ignoradas por una Justicia impedida.

De no haber sido por el arduo trabajo de Fabrice Arfi y de Karl Laske, que publicaron el primer artículo el 28 de julio de 2011, con el análisis de los documentos Takieddine, antes de que la Justicia tomase cartas en el asunto, nada de todo esto se habría documentado, demostrado, conocido y –esperemos– debatido en el futuro. Porque, en una democracia auténtica, este escándalo inmenso habría sido objeto ya de un debate público incesante. Los medios de comunicación habrían seguido la pistas dejadas por Mediapart, los rivales políticos habrían pedido cuentas, el Parlamento habría llevado a cabo su papel de control del Poder Ejecutivo, se habría creado una comisión de investigación, se habrían preparado comparecencias públicas, las detenciones habrían sido numerosas, etc.

El libro Avec les compliments du Guide –que nos obliga a evaluar las dimensiones del caso, si es que aún hacía falta, de esta derrota democrática colectiva– cuenta que, al tratarse de hechos de alcance mundial (la guerra de 2011, la caída del régimen y la muerte del dictador), las democracias británicas y de EE. UU. no se quedaron de brazos cruzados. Gracias a los documentos oficiales, telegramas diplomáticos o informes parlamentarios que se han hecho públicos, hemos podido conocer los aspectos más oscuros de la intervención militar en la que Francia mintió sobre la realidad de la urgencia humanitaria, después superó alegremente el mandato confiado por la ONU y por último logró impedir cualquier salida negociada. Todo ello para sorpresa de los aliados.

Cualquier investigación de larga duración es un puzzle cuyas exclusivas más llamativas a menudo no son sino una de las piezas, más menos o definitiva que otras, que da sentido al tablero de conjunto. La fuerza del libro de Fabrice Arfi y Karl Laske radica en el hecho de no olvidar ninguna y, con ello, poner todo en su lugar.

El lector, que camina cronológicamente con los autores, en ocasiones los ve retroceder para detenerse en un detalle que, inicialmente, se les había escapado; los acompaña en sus propias deducciones de un hallazgo a otro; ve cómo avanza la investigación y el puzzle toma forma como si participase él mismo en las investigaciones de Mediapart. Todo encaja progresivamente, todo acaba por estar vinculado, todo cobra sentido, todo pasa a ser coherente y claro, en un relato límpido y extremadamente pedagógico. Todo ello formado por una masa infinita de pruebas, documentos hallados, testimonios recogidos, escuchas judiciales, informes de todo tipo, por no hablar del material multimedia (que incluye fotografías, vídeos, sms etc.).

El famoso documento revelado por Mediapart entre las dos vueltas de las presidenciales de 2012, el acuerdo libio de financiación electoral por importe de 50 millones de euros cuya credibilidad ya está fuera de toda duda –salvo Sarkozy y los suyos– es sólo una pieza más –aparece en el capítulo 30 del libro de los 39 con que cuenta la obra–. Porque Avec les compliments du Guide incluye numerosas revelaciones nuevas, que completan las informaciones ya publicadas en Mediapart, a las que el libro da una perspectiva de conjunto. Eso sí, no las vamos a revelar todas aquí para animar al lector a descubrirlas por sí mismo.

No obstante, hay una revelación que tiene más peso que las otras y que termina de completar el puzzle en su parte más decisiva: el circuito de financiación y de pagos por encima de las promesas libias. De repente, los investigadores –que han conseguido el testimonio de uno de los personajes clave del régimen, un hombre en la sombra refugiado en Egipto, Mohamed Ismail– relacionan documentos que obra en su haber desde 2011, los mismos que les habían puesto tras la pista libia, los archivos de Ziad Takieddine. Y escriben, como Allan Poe en La carta robada: “De hecho, la llave del enigma se encontraba ante nuestros ojos desde hace años”. En esa maraña de documentos, habían pasado por alto un elemento o más bien dos: una empresa y una transferencia”. Empresa y transferencia que se corresponden exactamente con el circuito descrito por su fuente libia...

“En lo que respecta a la financiación de la campaña, parte de los fondos pasaron por un banco comercial en Beirut y, de ahí, a una cuenta bancaria en Alemania, vinculada con Ziad. Otras sumas pasaron por cuentas bancarias en Panamá y en Suiza”. Ahora bien en los documentos Takiedinne, FabriceArfi y Karl Laske dieron con una empresa, registrada en las Islas Vírgenes, Rossfield Ltd, que recibió una transferencia procedente de Libia, que tiene como origen el Libyan Arab Foreign bank y que después pasó por un banco libio, el Intercontinental Bank of Lebanon, que tiene como “correspondent bank” para relaciones interbancarias internacionales a un banco alemán, el Deutsche Bank de Frankfurt. Exactamente el circuito descrito por el testigo libio, sin contar con que, en uno de los paraísos fiscales más opacos del mundo (Suiza), Rossfield Ltd tiene al menos tres cuentas bancarias, una en Maerki Baumann & Co y las otras dos en Blom Bank.

Ahora debe ser la Justicia, que investiga la financiación libia (y otros casos relacionados con Sarkozy) quien tiene que llegar hasta el final de todas las pistas abiertas por dos periodistas que no cuentan con ninguna de sus armas para hallar la verdad. No obstante, ahora, “el caso está ahí, a la vista”, tal y como escriben Fabrice Arfi y Karl Laske en el prólogo a esta “historia de un sistema de compromisos del Estado y políticos probablemente inéditos” durante la V República, que también es “un nuevo episodio de la historia postcolonial de Francia”. Todo el mérito es de los periodistas, algo que llena de orgullo colectivo a Mediapart, y que, hoy, por fin recibe el reconocimiento merecido en los periódicos que, ayer, dudaban de nuestras revelaciones.

Avec les compliments du Guide, es un testimonio magistral del periodismo de interés público defendido en nuestras columnas digitales desde 2008 y cuyo ideal comparte cualquier periodista digno de ese nombre. Un periodismo que, desde luego, molesta a aquellos que carecen de escrúpulos, a los corruptos, hasta el punto de tener que pelear por imponerse. También, por desgracia, en nuestro propio círculo profesional. En el capítulo 38, con un título deliciosamente irónico,  Recettes à l’etouffée [juego de palabras entre recettes, que significa recetas, pero también ingresos; y à l’etouffée, que puede significar estofado, pero también acallado, silenciadoArfi y Laske desvelan los secretos de “ciertos poderes mediáticos en el caso libio”.

En el libro descubrimos sobre todo la censura, en 2014, de Le Point a una investigación que apoya las revelaciones de Mediapart, a raíz de la llamada telefónica del responsable de prensa de Nicolas Sarkozy. Y leemos, estupefactos, la respuesta del director del semanal: “No, si te parece, el tema, nosotros no lo publicamos... No somos Mediapart, no vamos acusando a la gente sin pruebas. Así que lo que quiero decir es que nosotros no vamos a titular: ‘El hombre que acusa a Nicolas Sarkozy’. [...]. Además, eso no tiene mayor importancia, francamente; nosotros no lo tratamos como un temas de investigación”.

Poco más que añadir. ____________Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

Un 'Estado dentro del Estado': Mediapart saca a la luz escuchas judiciales que implican al jefe de los servicios secretos de Sarkozy

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