La sequía del Danubio deja sediento a todo el este de Europa

Pescadores en un banco de arena descubierto por el bajo nivel del agua del Danubio en Vamosszabadi, noroeste de Hungría.

Simon Rico (Mediapart)

Bancos de arena hasta donde alcanza la vista, barcos varados sobre lodo agrietado, un olor pestilente a cieno seco. Este verano, los paisajes del “hermoso Danubio azul” no invitan precisamente a soñar, sino que provocan más bien sudores fríos tanto a sus habitantes como a quienes lo recorren por motivos de trabajo o de vacaciones. En Budapest (Hungría), los muelles, que suelen estar abarrotados de cruceros, están vacíos, lo que simboliza que la navegación está prácticamente paralizada debido a la falta de profundidad suficiente en numerosos tramos.

“En Europa, el verano de 2026 se caracteriza hasta ahora por un calor excepcional y una sequía generalizada”, confirma un estudio reciente de World Weather Attribution. Esta red de científicos lleva algo más de una década analizando las consecuencias del cambio climático y señala las responsabilidades en la crítica situación que atraviesa hoy el Danubio a lo largo de todo su curso, que recorre Europa de oeste a este a lo largo de casi 3.000 kilómetros.

“Todo lo que cultivo en mi huerto se ha secado este año. Absolutamente todo”, se lamenta una anciana del sur de la República Checa, entrevistada por la web Seznam Zprávy. Al igual que ella, los agricultores de todas partes temen cosechas mínimas: algunas estimaciones apuntan a una posible caída de los rendimientos a la mitad. “La situación es crítica”, advirtió ya en mayo Jozef Šumichrast, uno de sus representantes en Eslovaquia.

En estos momentos ya no es posible regar en varias zonas de Rumanía debido a que la presión es demasiado baja para los sistemas de bombeo. En toda la cuenca hidrográfica del Danubio, que se extiende desde el sur de Polonia hasta el norte de Albania, se están imponiendo poco a poco restricciones tanto a particulares como a profesionales, y algunos países están barajando la posibilidad de aplicar cortes temporales.

A pesar de la aportación de los dos principales afluentes del gran río, el Tisza y el Sava, Serbia no corre mejor suerte. Dejan Vladiković, del Instituto Meteorológico Nacional, indica a Radio Slobodna Evropa que “la situación hidrológica actual es muy desfavorable, y especialmente acusada a lo largo de todo el curso del Danubio”. “No se espera ninguna mejora de aquí a septiembre”, añade.

La navegación, a paso de tortuga

En cuanto a los marinos entrevistados por los distintos medios de comunicación de Europa central y los Balcanes, todos insisten en la excepcional intensidad de la sequía, mientras se baten uno tras otro los récords de bajos caudales. Algunos incluso lo han sufrido en carne propia: un crucero de la compañía suiza Viking encalló en un banco de arena entre Bulgaria y Rumanía y hasta el momento no han logrado reflotarlo. En la zona, el caudal del Danubio apenas alcanza los 1.700 metros cúbicos por segundo (m3/s), apenas un tercio de lo habitual.

Para limitar su calado e intentar mantener sus rotaciones, los buques de mercancías han reducido sus cargas. Estas medidas ya están afectando al transporte de determinados productos, como los cereales o el combustible. “Las barcazas solo pueden transportar entre el 30% y el 40% de su capacidad total”, ha precisado la ministra de Energía serbia, lo que contribuye a encarecer aún más los precios, ya de por sí muy elevados, en las gasolineras.

Porque el Danubio se ha convertido en una vía comercial estratégica en Europa desde el inicio de la guerra en Ucrania, ya que conecta el mar Negro con el mar del Norte, y los meses de verano marcan la temporada alta de las exportaciones de cereales de Rumanía, uno de los principales productores de la UE.

Mientras tanto, los silos se van llenando y nadie sabe aún dónde se podrán almacenar las cosechas de maíz y girasol dentro de unas semanas… Bueno, lo que quede de ellas, ya que estos dos cultivos son especialmente sensibles al estrés hídrico y, por lo tanto, están amenazados por la sequía, agravada por las olas de calor consecutivas.

Una crisis previsible, pero mal anticipada

Mientras Bulgaria se plantea detener por completo la actividad de su única central nuclear, en Kozloduy, a orillas del Danubio, debido a la falta de agua para refrigerar sus instalaciones, Hungría ha anunciado el cierre de la suya el domingo 2 de agosto y Rumanía se ha visto obligada a paralizar de forma preventiva algunos reactores por motivos de seguridad. La producción de las centrales hidroeléctricas también se ve, evidentemente, muy afectada: la de la inmensa doble presa serbio-rumana de las Puertas de Hierro se ha reducido a un tercio de su capacidad, tras haber registrado en primavera la producción más baja de su historia.

Las autoridades han sido pilladas sorpresa, tienen dificultades para reaccionar y se les acusa de no haber hecho nada para anticiparse a tal escenario. Pero la crisis actual era previsible, por no decir temida, desde hacía muchos meses: este invierno, las temperaturas han sido muy suaves, lo que ha limitado la acumulación de nieve, mientras que, desde la primavera, todos los meses han sido históricamente secos, a excepción de junio.

Ya en los primeros días de mayo algunos hidrólogos dieron la voz de alarma, como la veterana eslovaca Jana Poórová: “Los niveles de agua y los caudales de los manantiales son inferiores al 20% de lo normal”. En otras palabras, incluso las aguas subterráneas se encuentran en su nivel más bajo.

Hungría, con el gobieerno de Orbán, no contaba con un ministro de Medio Ambiente

En la vecina República Checa, el observatorio de sequías InterSucho, dirigido por un equipo de científicos, señala, a través de las palabras de su coordinador, Miroslav Trnka, que “la mayoría de las proyecciones climáticas para Europa Central indican que los episodios de sequía serán más frecuentes, más prolongados y afectarán esencialmente a todo nuestro territorio, pero también a los territorios situados al este y al sureste”.

Los datos actuales ya le dan la razón. Según la Unión Europea, Croacia se encuentra entre los Estados miembros más vulnerables al cambio climático, hasta el punto de que el país “ha registrado el mayor número de muertes relacionadas con el calor en la UE en los últimos años”. “Las necesidades anuales de inversión para la adaptación al cambio climático se estiman en alrededor del 0,8 % del PIB, un porcentaje superior a la media de la UE (0,5%)”, añade el informe. Sin embargo, no se dispone de datos sobre las inversiones del Estado croata.

La adaptación al cambio climático debe incluir responsabilidades penales de los políticos

En Hungría la situación es similar, con un calentamiento un 20% más rápido que la media europea. En las últimas décadas se ha triplicado el número de días con temperaturas superiores a los 30 °C. Y, sin embargo, durante los cuatro mandatos consecutivos de Viktor Orbán, el país no ha tenido ministro de Medio Ambiente. Finalmente, tras 16 años de vacío, el nuevo primer ministro, Péter Magyar, nombró a László Gajdos en primavera. Tras decretar el estado de emergencia el 28 de julio, ha hecho un llamamiento a todos los países ribereños del Danubio para que intensifiquen la cooperación en la gestión conjunta de los recursos hídricos.

Muchos esperan que la crisis actual sirva de lección y permita, por fin, superar los egoísmos nacionales que persisten a lo largo del río más grande de la UE. Pero las declaraciones contradictorias de László Gajdos son motivo de preocupación, pues fue él mismo quien afirmó: “No hay que dejar que el agua fluya libremente a través de Hungría; es imprescindible retenerla de una forma u otra.”

Traducción de Miguel López

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