Los vaivenes de la Bolsa de Seúl reaviva el temor a la burbuja de la IA
La señal no ha pasado desapercibida los inversores. La espectacular caída de la bolsa surcoreana supone para muchos una nueva advertencia sobre la fragilidad de los mercados financieros. Solo durante la jornada del 27 de julio, el índice de referencia de la Bolsa de Seúl, el Kospi, perdió un 13%. Desde entonces, a pesar de las medidas de emergencia para limitar la especulación, las pérdidas se agravaron. En una semana, la caída superó el 20%.
Sin embargo, el pasado 31 de julio el mercado protagonizó un fuerte rebote. El Kospi se disparó un 17,9% y recuperó el nivel de los 6.500 puntos, impulsado por las ganancias de los fabricantes de semiconductores tras los resultados de Microsoft, mejores de lo esperado, que aliviaron los temores sobre el gasto en inteligencia artificial. Para muchos analistas, no obstante, este repunte no desmiente los riesgos de fondo, sino que pone de relieve la extraordinaria volatilidad que caracteriza actualmente a los mercados tecnológicos.
Cada vez más nerviosos ante todo lo relacionado con la inteligencia artificial y, en general, con el sector digital, muchos actores financieros consideran que la reciente sacudida del mercado surcoreano constituye una nueva advertencia. Lo que ha ocurrido en la Bolsa de Seúl es, según ellos, es el canario en la mina: el presagio de la explosión de grisú que se está gestando en los mercados financieros.
Si el mercado surcoreano acapara tanto su atención es porque es un reflejo de la deriva de los mercados financieros. Concentración extrema en unos pocos valores, productos especulativos, apalancamiento, ausencia de regulación… La debacle bursátil de Seúl concentra todos los factores que han alimentado la burbuja de la IA y que, en un instante, pueden dar un giro y provocar el estallido de esa burbuja que muchos predicen, pues la situación parece ya insostenible.
Numerosos economistas llevan mucho tiempo alertando sobre lo extremadamente peligroso que es el momento actual: el despegue de los mercados bursátiles, totalmente desfasado respecto a la economía real, está vinculado a un puñado de valores en los que se concentran montañas de dinero.
El mercado surcoreano ofrece un ejemplo de pura esencia de este fenómeno. El repunte del índice Kospi —que se ha más que duplicado entre principios de año y finales de junio— se debe esencialmente a dos valores: Samsung Electronics y SK Hynix Inc. Estas empresas, dedicadas a la fabricación de chips y semiconductores, han concentrado todas las esperanzas y promesas que el sector ha transmitido durante meses.
Pero bastó con que SK Hynix presentara unos resultados por debajo de las expectativas de los inversores para que todo diera un vuelco. Aunque el beneficio operativo trimestral del segundo fabricante mundial de chips aumentó un 557% interanual, hasta el equivalente a unos 44.000 millones de dólares, quedó por debajo de las previsiones del mercado, que apuntaban a unos 55.000 millones de dólares.
De repente, los inversores reaccionaron con pesimismo, alegando la competencia china, su dependencia de un número limitado de clientes y su dificultad para subir los precios. En pocas horas, la cotización de SK Hynix se desplomó un16%, arrastrando a todo el mercado de Seúl en su caída.
Mercados que se apoyan únicamente en un puñado de valores
Esta concentración extrema se observa en todas partes. El Nasdaq evoluciona en torno a un puñado de valores, principalmente los “siete magníficos” (Alphabet, matriz de Google; Meta; Apple; Nvidia; Tesla; Amazon; Microsoft), que hacen y deshacen el mercado al ritmo de sus anuncios.
Esta acumulación de capital sin precedentes e histórica da lugar a valoraciones desmesuradas, sin relación con los fundamentos económicos, lo que ofrece una imagen totalmente distorsionada de la dinámica real de la economía estadounidense.
Algunos valores, como Nvidia, cotizan a entre 26 y 27 veces su resultado operativo. La capitalización bursátil de Apple supera los 4,9 billones de dólares. Sus principales directivos y accionistas acumulan fortunas de cientos de miles de millones de dólares, muy superiores al producto interior bruto (PIB) de numerosos países.
Pero al menor contratiempo, también aquí todo se va al traste. En enero de 2025, la cotización de Nvidia cayó más de un 13%, lo que supuso una pérdida de 590.000 millones de capitalización bursátil en pocas horas, tras el anuncio de un nuevo competidor en el ámbito de la inteligencia artificial: la empresa china DeepSeek. Esto no ha dejado de repetirse desde entonces.
Estos movimientos bursátiles erráticos han alcanzado una magnitud extrema debido a las decisiones tomadas por los actores financieros tras la crisis de 2008. Para eludir las regulaciones y las prohibiciones impuestas por los Estados con el fin de evitar que se repitiera un colapso financiero, muchos de ellos recurrieron a las finanzas en la sombra y se estructuraron para limitar las restricciones y maximizar los beneficios.
Junto a los hedge funds (fondos de inversión) han surgido múltiples “boutiques financieras” y, ahora, plataformas que presumen de poner la bolsa al alcance de todos. Su modelo es la gestión pasiva.
Con el objetivo de evitar cualquier sesgo intelectual y, sobre todo, de ahorrar en los salarios de los operadores, analistas o estrategas, este método se basa en la idea de la mano invisible del mercado, que por definición es racional, según la teoría: propone fondos indexados (en inglés exchange-traded fund, ETF) que replican uno de los índices bursátiles del mercado, preferiblemente los más conocidos.
Para diferenciarse entre sí y obtener beneficios por encima de la media del mercado, las empresas que comercializan estos ETF han desarrollado programas informáticos basados en la negociación de alta frecuencia: al emitir órdenes automáticas, rastrean la más mínima variación de cotización casi al nanosegundo.
Estos productos atraen a cientos de millones de particulares en todo el mundo, que tienen la sensación de poder constituirse un patrimonio financiero. En realidad, los miles y miles de millones de capital que estos gestores de activos han logrado captar en pocos años se traducen en una profunda distorsión de los mercados financieros.
La más mínima acción en boga provoca compras automáticas por parte de estos fondos indexados y una acumulación injustificada de capital a su nombre. El éxito muy efímero de SpaceX, durante su salida a bolsa, se explica en parte por esas razones: a estos fondos no les era posible mantenerse al margen de esa subida especulativa.
Pero estos modelos, que vigilan la más mínima variación, también provocan una volatilidad cada vez más incontrolable, tanto al alza como a la baja. La debacle que ha sufrido SK Hynix se inscribe en este contexto. Los analistas lo reconocen: los mercados han ido demasiado lejos. El segundo fabricante mundial de semiconductores nunca debería haber sufrido un castigo bursátil de tal magnitud.
“Habéis convertido este país en un casino”
Pero el daño ya está hecho. Algunos inversores surcoreanos salen arruinados de la tormenta bursátil de los últimos días: lo han perdido todo. No solo por la caída, sino también por las operaciones apalancadas que utilizaron para especular ellos también con la fiebre por la IA.
Aunque el mercado surcoreano ya ha sufrido reveses dolorosos en el pasado, el Gobierno decidió en primavera volver a autorizar la venta a particulares de productos especulativos que permiten utilizar un apalancamiento de hasta 2,5 veces la inversión inicial. La brutal caída de la Bolsa de Seúl ha sido contundente. Los requerimientos de margen no se han hecho esperar, se han liquidado los productos y los particulares se han visto arruinados con las deudas derivadas de su especulación pasada.
Ante la urgencia, el Gobierno suspendió la venta de estos productos especulativos y prohibió las ventas en corto, sin lograr acallar las críticas de la oposición. “Habéis convertido este país en un casino. Estos productos nunca deberían haberse autorizado en el mercado”, acusó Lee Jongwook, uno de los miembros del partido conservador Poder para el Pueblo.
Algunos observadores, fuera de Corea del Sur, señalan que este tipo de productos no están al alcance de los particulares en otros lugares. ¿Esto es tranquilizador? Porque los gestores de fondos recurren a ellos y no dudan en incluirlos en sus productos para impulsar sus resultados financieros.
La laxitud y la complacencia que han mostrado los actores financieros durante años han contribuido a crear un sistema inestable e incontrolable
Y esto es solo la punta del iceberg. Desde los hedge funds hasta los fondos de crédito privado, pasando por los fondos de inversión y los gestores de criptoactivos, todos aprovechan al máximo el apalancamiento para minimizar su aportación de capital y aumentar sus beneficios. En sus estructuras, a menudo han depositado como garantía los títulos —entonces en pleno auge— de los gigantes digitales.
La caída de estos valores ya está poniendo en aprietos a varias de estas estructuras financieras: los acreedores comienzan a realizar ajustes para cumplir con las garantías. Si las grietas se amplían, sea cual sea el segmento financiero (IA, crédito privado, cripto), esto puede provocar, por efecto de contagio, un colapso generalizado, según han advertido varios especialistas, ya que la venta de unos provocaría la liquidación de otros.
Los reguladores, que durante mucho tiempo han hecho la vista gorda ante estas prácticas para no frenar la innovación financiera y el crecimiento, empiezan a tomar conciencia del aumento de riesgos. Tras el Banco de Pagos Internacionales, que insiste en los peligros de la circularidad financiera del sector de la IA, le toca el turno al Banco de Inglaterra de hacer una llamada al orden.
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La institución está preocupada por la acumulación excesiva de valores, especialmente asiáticos, vinculados al sector de la IA en las carteras de los bancos y los actores financieros. Se ha puesto en marcha un control de sus posiciones. Los reguladores ya no descartan exigir un refuerzo de sus reservas si consideran que los riesgos asumidos son demasiado elevados.
Y ya era hora. La laxitud y la complacencia que han mostrado los actores financieros durante años han contribuido a crear un sistema inestable e incontrolable. La debacle surcoreana nos lo recuerda: basta un pequeño detalle para que, por efecto dominó, todo se vaya al traste.
Traducción de Miguel López