DESASTRES NATURALES

Las inundaciones en Andalucía son otro ejemplo de lo que el cambio climático tiene preparado para España

En febrero de 2024 el Gobierno y la Junta de Andalucía presentaron un plan para llevar agua potable en barco a tres puertos andaluces ante la posibilidad de que en algunas zonas no se pudiese ni cubrir el abastecimiento urbano por culpa de la mayor sequía de la historia de la Comunidad. Y exactamente dos años después, el mismo lugar se enfrenta a una de las peores inundaciones que se recuerdan, con más de 11.000 evacuados a lo largo de toda Andalucía. Es un ejemplo de manual de cómo funciona el cambio climático, que sigue acelerándose con el incremento anual de las emisiones de CO₂.

"El cambio climático no parece que varíe las precipitaciones en una zona respecto al histórico, sino que las concentra en periodos más cortos. El calentamiento de la atmósfera aumenta la energía de las tormentas y las vuelve más violentas", resume Jorge Tamayo, delegado de la Agencia Estatal de Meteorología en la Comunitat Valenciana. "Aquí lo vimos con la dana de octubre de 2024, que fue entre un 15% y un 20% más fuerte de lo normal por el cambio climático", añade.

Si lo que más preocupaba en España era el incremento de las temperaturas –que es evidente en verano–, las riadas están volviéndose peligrosamente frecuentes en los últimos años y empiezan a llegar a zonas donde eran poco habituales. La última gran inundación de Córdoba fue en 2010, cuando se registró el último récord de caudal en ese punto del Guadalquivir, pero este viernes la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ya avisó de que ese escenario se puede repetir este fin de semana.

No se trata de un hecho aislado. Los datos indican que la península ibérica es uno de los puntos del planeta donde el clima está cambiando a mayor velocidad. El informe de 2025 del Sistema Europeo de Alerta de Inundaciones (EFAS) situó a España como el segundo país de la Unión Europea con más alertas por inundaciones, a solo nueve de Francia, con 291 avisos. En 2020 y 2022 España fue el número uno de los Veintisiete.

Es cierto que la costa mediterránea siempre ha sufrido riadas –hay registros de lluvias torrenciales desde la época romana– y que el récord de precipitaciones en España data de 1987 (817 l/m² en 24 horas en Oliva, Valencia), pero los registros de los últimos años cada vez arrojan cifras más estratosféricas. La dana de octubre 2024 ocupa el segundo puesto con 772 l/m² y el aguacero de esta semana en Andalucía se sitúa en el tercero: 577 l/m² en Grazalema este lunes

Carmen Llasat, catedrática de Física de la Atmósfera de la Universidad de Barcelona, explica que la sucesión de borrascas que ha azotado Andalucía estos días es anómala, pero no es la primera vez que ocurre. La diferencia frente a los trenes de tormentas del pasado, apunta, es que en esta ocasión arrastra más humedad de lo normal, lo que se ha traducido en una descarga récord de agua sobre la sierra de Cádiz.

"Trenes de borrascas atlánticas ha habido antes en Andalucía, aunque ya de por sí es anómalo, pero lo que hace el cambio climático es calentar el océano y ceder más humedad a la tormenta", opina Llasat.

Otra de las consecuencias del calentamiento del mar sobre estas borrascas es el incremento del tamaño del granizo. Como explicaba hace unos días a infoLibre José Luis Sánchez, experto en Física de Nubes de la Universidad de León, el aumento de la temperatura de la atmósfera aporta más energía a las tormentas, incrementando su tamaño y la energía que concentran. Esto provoca que las corrientes de aire verticales que se generan en el interior de las nubes tengan más fuerza para elevar las motas de agua –convertidas en hielo, cuando alcanzan determinada altura–, y cuanto más ascienden, más diámetro acumulan antes de precipitar, engordando el pedrisco.

Más calor, más inundaciones

Como afirman los expertos en precipitaciones, las inundaciones o el granizo, aunque las relacionemos con el frío, están directamente ligadas al aumento de las temperaturas. Y en esto último no hay espacio para la duda. Globalmente, los últimos diez años han sido, individualmente, los más cálidos de los últimos 100.000. En España, los últimos cuatro años han sido los más calurosos desde que hay registros, con el récord en 2020.

Cádiz, otro caso de pueblos anegados que estaban marcados en rojo en los mapas de zonas inundables

Cádiz, otro caso de pueblos anegados que estaban marcados en rojo en los mapas de zonas inundables

Un verano tórrido y un otoño e invierno con inundaciones sucesivas son dos caras de la misma moneda. El calor atmosférico de julio y agosto se almacena poco a poco en el agua del Mediterráneo, incrementando su temperatura media de manera irremediable –el agua acumula energía y se enfría mucho más despacio que el aire–, y en los meses de otoño esa humedad alimenta las nubes que descargan sobre Valencia, Murcia o Cataluña. En el caso de las lluvias de Andalucía, el proceso es el mismo, pero tomando la humedad del Atlántico tropical, que es arrastrada por el viento hasta que choca con la sierra de Grazalema.

Este verano, el mar Mediterráneo en Baleares alcanzó un récord de temperatura y llegó a registrar una temperatura media diaria con una anomalía de 4,94ºC sobre la media del histórico. La máxima registrada fue en la boya de Mahón (Menorca), con 31,2ºC el día 13 de agosto.

Esa misma semana, en Castilla y León, los bomberos forestales hacían frente a una ola de incendios sin precedentes, también acelerados por el calor y la sequía. La primavera de 2025, que fue más húmeda de lo normal, solo sirvió para desplazar los fuegos del mes de julio hasta agosto, puesto que a continuación llegó el verano más caluroso del histórico, con anomalías de temperatura de entre 2,5ºC y 3,5ºC en la zona de El Bierzo, donde se concentraron los incendios.

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