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La luz al final de 'Las uvas de la ira'

  • En un panorama desolador, los protagonistas de esta famosa novela de John Steinbeck se aferran a las pequeñas esperanzas para sobrevivir
  • Los temas centrales de la obra del ganador del Nobel de Literatura en 1962 fueron los aspectos y problemas sociales de la gente del campo

Tati Jurado (El Libro Durmiente)
Publicada el 09/12/2016 a las 06:00 Actualizada el 22/12/2016 a las 14:50
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Las uvas de la ira
John Steinbeck
Alianza Editorial
2012


Las uvas de la iraJohn Steinbeck (1902-1968) formó parte de los “cinco grandes” de la novela norteamericana junto a Faulkner, Hemingway, Caldwell y Dos Passos. El realismo crítico que instalaron en sus obras abrió un nuevo camino en la forma de novelar. El interés por los problemas sociales se vio reflejado en sus libros. Y en el caso de Steinbeck, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1962, fueron los aspectos y problemas sociales de la gente de campo, los temas centrales de la mayoría de sus novelas.

Catalogado por muchos como novelista proletario, por su manifiesto interés hacia las clases más desfavorecidas, Steinbeck supo describir en obras como Las praderas del cielo (1932), Una vez hubo una guerra (1936), De ratones y hombres (1937) o Las uvas de la ira (1939), premio Pulitzer en 1940, las experiencias, las vicisitudes y el infatigable -y tantas veces desgarrador- afán de miles de personas por mantener viva la esperanza de un posible cambio, de un ansiada mejoría. Única tabla de salvación para esquivar la entrega, para no darse por vencido, para no cejar en el intento de encontrar un mínimo haz de luz entre tanta oscuridad. Un sentimiento común que comparten casi todos los personajes que intervienen en Las uvas de la ira.

La crisis de 1929 asoló a una amplia mayoría de la población norteamericana y Steinbeck fue uno de los encargados para dar a conocer las consecuencias que la gente de campo sufrió con esta debacle. A través de una descripción tan minuciosa como magistral, el lector accederá a una época marcada por el desahucio, la impotencia, el miedo, el hambre, la hostilidad y la usura. La familia Joad, grupo de tres generaciones que representará a miles de familias del sur estadounidense, se verá obligada a dejar sus tierras. La sequía prolongada y su consecuente pésima cosecha les negará la posibilidad de hacer frente a la deuda con el banco.

De pronto, todo aquello que conocían, el lugar donde nacieron y crecieron, ese espacio de contención, se desintegra ante sus ojos embebidos de impotencia. Y es que no son estas palabras, emociones, las que repercuten en los procesos ejecutivos de ningún banco. De ese monstruo inaccesible, como lo denomina tan acertada como convenientemente Steinbeck a través de la voz de algunos de sus personajes.

El exilio obligado, el desplazamiento visto, vivido, no solo como pérdida material, sino también como una pérdida de identidad. La imposición de salir de su medio, de ese lugar con el que se identifican, los dejará expuestos, desprotegidos, con una carencia absoluta de seguridad. Emociones que se debatirán con la esperanza de un futuro mejor. Salvavidas al que se aferran para seguir avanzando a pesar del hambre, de la miseria, de la cercanía de la muerte, del miedo, de la impotencia y de ese rechazo forjado en el pánico de la gente de las poblaciones por donde pasan con el único fin de encontrar un trabajo para vivir dignamente. El instinto de supervivencia los guía, los impele a avanzar, a resistir.

Un exilio que revelará que el amor, la solidaridad, la ayuda, la cooperación y sobre todo la unión son las semillas para lograr un mundo mejor. Pero también que la ruindad y la deshumanización del mundo avanza espoleado por los intereses y conveniencias de unos pocos ante la impotencia y desamparo de muchos otros.

Una historia intensa y amarga que respalda esta reflexión de José Luis Sampedro: “El sistema ha organizado un casino para que ganen siempre los mismos”.

*Tati Jurado forma parte del club de lectura El Libro Durmiente, de Alicante. 

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