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'Pertinaz freelance': Golondrinas robóticas

  • Lo que particulariza al joven poeta es su capacidad para hacer convivir sin chirriar tradición y contemporaneidad, pasado y futuro inmediato
  • En este libro poliédrico hay espacio para la constatación de que debajo de esta modernidad cibernética y su lenguaje late un veneno

Juan Carlos Sierra
Publicada el 17/02/2017 a las 06:00
Pertinaz freelance
Sergio C. Fanjul

Visor
Madrid
2016
  Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) pertenece a una nueva hornada de poetas jóvenes que poco a poco van situándose, a golpe de antología, en el mapa poético español. La mayoría de las publicadas en los últimos años insiste en la idea de que una de las características comunes de la poesía más joven es precisamente la ausencia de características comunes, la carencia de un conjunto de rasgos que pueda agruparla en una suerte de generación bien delimitada y diferenciada frente a las anteriores; de hecho, quizá sea ese déficit en concreto su peculiaridad generacional. Cuestiones teóricas o grupales aparte, lo interesante son los poetas y sus versos, uno a uno, y eso que se llama la voz poética.

En el caso que nos ocupa, con su nuevo poemario Pertinaz freelance, Sergio C. Fanjul alcanza ese objetivo tan machadiano de diferenciar los ecos de las voces o viceversa. Su poesía es ya reconocible, identificable, diferenciable, personal. Cualquier lector habitual de poesía fácilmente podrá distinguir un Fanjul, igual que en pintura se diferencia un Goya, un Pollock o un Hopper.

Aunque las señas de identidad de sus maneras poéticas se aprecian algo desvaídas en algunos poemas —"Una habitación con vistas" o "Tarifa de ultratumba", por ejemplo— debido a su cercanía a tradiciones poéticas algo más transitadas, lo que particulariza a la poesía de Sergio C. Fanjul en Pertinaz freelance es su capacidad para hacer convivir sin chirriar tradición y contemporaneidad, pasado y futuro inmediato. O, dicho de otro modo, su habilidad para poner al día los códigos y lugares comunes de la literatura a través de un lenguaje radicalmente actual —frecuentemente en cursiva— que revela una riqueza de fuentes, así como una amplitud de miras desprejuiciada en cuanto a lo que se entiende por cultura –de Japón a Internet, pasando por los videojuegos o el régimen general de autónomos— que no solo contribuyen a singularizar el espacio poético de los Fanjules, sino que además traduce con acierto una sensibilidad y una manera de estar en el mundo que supera de largo los tópicos de la Modernidad.

Esta postura poética se plantea en numerosas ocasiones desde el desenfado, desde el humor, desde el quiebro de las expectativas del lector, desde la finta irónica. En este sentido, nada es lo que a priori parece: Alicia es esclava del País de las Maravillas de su móvil, las golondrinas de Bécquer se han robotizado, el mar ha perdido su encanto y su mitología en favor del smartphone, Moby Dick es un monstruo doméstico compuesto de ácaros y pelos, el corazón no tiene ya razones que la razón no pueda comprender y el sentido de la vida gira alrededor de la existencia o no de wifi. Lo que nuestros usos como lectores obedientes esperan va a descalabrarse por caminos que esquivan el desengaño o el pesimismo por ese tono burlón que apuntábamos. Esto es lo que hay, pero no dramaticemos, parece decirnos Sergio C. Fanjul.

O sí, porque en este libro poliédrico y versátil, dentro de su discurso irónico, queda un espacio muy destacado para la dimensión política y social, para la denuncia o simplemente para la constatación de que debajo de esta modernidad cibernética y su lenguaje late un veneno que se nos está inoculando sin que nos demos cuenta. Menos mal que el antídoto de la poesía va a aclararnos algunos conceptos básicos. En este sentido, podemos apreciar unas cuantas dimensiones fundamentales. En primer lugar, un nuevo paradigma social y laboral presidido por la degradación que conlleva la precariedad —no por casualidad la palabra freelance aparece constantemente desde el título y se hace referencia aquí y allá a la condición de autónomo como modelo de productividad—. En segundo lugar, la constatación de la muerte de las ideologías y, por consiguiente, de la solidaridad no gubernamental, sustituidas por una moral ombliguista ultraconectada a través del módem y del wifi. Y, finalmente, una nueva manera de relacionarnos con el mundo, consecuencia de lo anterior, vertiginosa y superficial en la línea de lo que Nicholas G. Carr apunta en sus trabajos, especialmente en su libro de 2010 Superficiales ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?. En resumidas cuentas, podemos afirmar que Pertinaz freelance se alinea lírica y críticamente en contra del utopismo tecnológico; además osadamente desde dentro de su propio lenguaje.

El libro de Sergio C. Fanjul, en su condición poliédrica –ya lo hemos dicho—, posee más perfiles, más matices, más vertientes, que dejaremos descubrir por sí mismo al lector que se anime a entrar en él. Estas pinceladas que aquí dejamos pretenden simplemente apuntar aquellos aspectos más sobresalientes que desvelan a un autor original y valioso dentro del heterogéneo mapa poético más joven. No sabemos cuántos de estos jóvenes alcanzarán una voz propia, cuántos se quedarán por el camino o en medio de él, pero sí podemos afirmar que en Pertinaz freelance ya existe una personalidad lírica suficientemente potente que además abre unas posibilidades de creación poética muy productivas para futuros títulos del autor ovetense.

Está avisado, lector. Puede ir adquiriendo desde ya sus Fanjules. Esté atento a nuevas exposiciones.

*Juan Carlos Sierra es profesor de Literatura. 
 
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