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El rincón de los lectores

Mi primavera literaria

  • Como este año no tendremos tampoco Feria del Libro, me gustaría quitarme el sinsabor con los títulos que me acompañarán hasta el final del verano
  • En la selección, los aforismos de Gemma Pellicer, los cuentos de María Fernanda Ampuero y Los ojos cerrados, de Edurne Portela

Publicada el 21/05/2021 a las 06:00 Actualizada el 24/05/2021 a las 18:01

Me gusta sentirme en primavera, no me refiero a la primavera estacional, la de las alergias y las astenias, sino en la otra, la que echo de menos por la falta de encuentros presenciales, abrazos y charlas con cañas a la salida de las presentaciones: la primavera literaria. Para mí siempre ha empezado en torno al Día del Libro, como si las páginas, entonces, empezasen a cobrar una especial vida, floreciesen, nos dejasen su olor a tinta recién estrenada, su tacto, su diseño, la preferencia de una portada sobre otra, de un autor o autora, de un estilo. Ir ese día a varias librerías, a tus favoritas, acercarte a ver a ese autor que saca libro nuevo, a ver qué cuenta, a un encuentro poético, a una jam de relato, a un Sant Jordi de flores y libros. A partir de él, llegar a su culminación, que para mí estaba en la Feria del Libro de Madrid, esa oportunidad única, no solo de revisitar libros y conocidos en las casetas, sino rebuscar en las editoriales independientes que apenas tienen hueco en las grandes superficies y que están impregnadas de buena literatura, de buenos autores, aunque no sean del gran público. Eso no importa. Cada uno, o una, tiene sus preferencias.

Me nutría, desde el Día del Libro hasta el cierre de la Feria, de los libros que me acompañarían durante ese verano: los que voy a leer en la playa, los que acabaré en mi pequeño despacho abuhardillado del norte, los que reservo para mi sillón mecedora por las noches, y los más livianos que podré leer en la terraza de un bar enfrente de la bahía, oyendo de cuando en cuando las sirenas de los barcos que regresan llenos de bocartes, chicharros o bonito, viendo las pequeñas embarcaciones de remo que pescan a caña o los virajes que realizan los alumnos de las escuelas de vela, viento de amura, viento de través, viento en popa, y las velas ceñidas, más abiertas o en orejas de burro.

Como seguimos en pandemia y no tendremos tampoco Feria del Libro, me gustaría quitarme el sinsabor con los títulos que empiezan a acompañarme en esta primavera y que lo van a hacer hasta el final del verano, por si puedo dar ideas a alguien que esté buscando lecturas. Sé que no es lo mismo, pero puede ser una forma de curarme yo misma de la nostalgia que me produce. Algunos ya los he leído y pienso releerlos, otros los tengo a medias, pero sé de antemano que disfrutaré mucho con ellos, porque han sido escogidos, observados, recogidos en una librería y he formado con ellos un ramillete variopinto.

Yendo de menos a más en formas literarias, que no en calidad, ojo, empezaré por lo más breve: el aforismo. La editorial Renacimiento, en su colección A la mínima, acaba de publicar el tercer libro de la escritora Gemma Pellicer, Medidas extremas. Editado en formato pequeño, como toda la colección, se encuentra dividido en tres partes, "Esencias", "Existencias" y "Aproximaciones", y nos permite acercarnos al universo de esta autora-traductora, licenciada en Filología Hispánica y responsable también, junto con Fernando Valls, de la sección de microrrelatos de Los Diablos Azules, Liebre por gato. Admiro el género aforístico porque particularmente me parece muy difícil sintetizar en una frase una reflexión o un compendio de vida: "La nada nos salva de todo". O "No hay deseos que nos dejen plenamente satisfechos. Por fortuna, la insatisfacción mueve el mundo". O los que tienen que ver con el hecho literario: "La imaginación pone a la realidad en su sitio". "El buen estilo de un texto hace su aparición sin que se perciba". "La escritura que me interesa parte de un naufragio".

Relacionado con el cuento, han salido varios libros que merecen la pena cosecharlos y dedicarles tiempo:

Los Cuentos completos de Kate Chopin, en la editorial Páginas de Espuma: una de las grandes norteamericanas, precursora de Joyce Carol Oates, Toni Morrison o Margaret Atwood. La autora, que fue tan polémica cuando publicó su célebre novela El despertar, se dedicó inicialmente a escribir relatos, porque podía acceder a su publicación con cierta facilidad en revistas como Vogue o Century. A finales del XIX el relato otorgaba prestigio en el mundo literario americano y también reportaba beneficios económicos. Kate Chopin era un espíritu libre, enfrentada a la sociedad, que sufrió un duro castigo por ello y sus obras fueron retiradas de librerías y bibliotecas. Ahora es un buen momento de reivindicarla. No he leído el libro completo, sí algunos relatos sueltos y he de decir que son una delicia, sumamente apetecible para acompañar en las horas del estío.

Algo que quería contarte, de la Premio Nobel de Literatura Alice Munro, acaba de salir en la editorial Lumen. De nuevo, una de las grandes cuentistas —que, según dice en las entrevistas, se acostumbró a escribir relato porque aprovechaba la hora de la siesta de sus hijas— nos ofrece trece historias que fueron publicadas inicialmente en 1974 y que ven ahora la luz. Un libro de Munro siempre aporta o da sorpresas, vuelve a diseccionarnos la naturaleza humana como solo ella sabe hacer.

Tenía ganas de hablar de María Fernanda Ampuero y su segundo libro de relatos, Sacrificios humanos, y esta es una buena ocasión para hacerlo. Como el anterior, también está publicado por la editorial Páginas de Espuma. Está llegando muy buena literatura de mujeres jóvenes desde América Latina. Sin comparar un continente con un país, tengo la sensación de que unas corrientes aúnan nuevas voces femeninas en las fronteras del castellano, nuevos modos de enfocar las historias y, de manera especial, el terror y lo gótico como un sutil hilo que parece coserlas. (La sombra de Poe es alargada). Esto se puede encontrar, en mi opinión, en los libros de María Fernanda Ampuero. Arranca con un grandísimo cuento titulado "Biografía", basado en su propia experiencia de inmigrante, la inseguridad, el andar en la cuerda floja, trabajos extraños para sobrevivir en un país que no es el tuyo, el terror a lo que pueda pasarte en tierra ajena, sin familia ni amigos ni nadie que te cobije. Los que han vivido procesos migratorios o de exilio sabrán a qué me refiero. Del resto de cuentos destacaré los narrados desde el punto de vista de la infancia o de la pubertad, cuentos de iniciación a la vida adulta, como "Sanguijuelas", "Creyentes" o "Silbas", con el terror acechando. Me lleva a pensar en la instalación del miedo en las mujeres como modo de vida: miedo a ir solas, miedo a la violación, miedo a la violencia, miedo a que tu vida finalice entre alcantarillas. Miedo que hay que vencer día a día para seguir viviendo. En este apartado destacaré también el libro de relatos de la madrileña Cristina Cerrada, 660 mujeres, en la Editorial Menoscuarto. Quince relatos sobre mujeres, de nuevo con la violencia como tema de fondo.

Pasemos a la nouvelle, ese género a caballo entre el cuento y la novela. No tengo por más que volver a recomendar Una familia en Bruselas, de Chantal Akerman, en la editorial Tránsito, que está publicando libros de mujeres con un cuidado exquisito. Creo que va ya por la tercera edición, lo que es un buen síntoma de salud literaria.

Si hablamos ahora de novela, hablaré de tres que he leído, sin menoscabo de otras a las que aún no he podido abrir sus páginas:

Fiume, de Fernando Clemot, en la editorial Pre-Textos. Una gran novela, muy bien escrita, con visos históricos, que nos sitúa en la ciudad donde el escritor Gabriele D’Annunzio intentó llevar a cabo su ideario fascista. Una reflexión sobre cómo fue posible su ascenso, cómo consiguió el apoyo de gran parte de la población, que puede venirnos muy bien en la actualidad para que no olvidemos los orígenes de la peor pesadilla en la humanidad.

También en la Editorial Pre-Textos, aunque en las antípodas de la anterior, podemos leer El diablo tras el jardín, de Ginés Cutillas, una novela de iniciación en que nos retrata, con tintes autobiográficas, una infancia en Valencia, entre el Cabanyal y la Malvarrosa, a través de los ojos de un joven que despierta al sexo y a su historia familiar.

Otro libro que abre puertas a la memoria histórica es el de Edurne Portela, Los ojos cerrados, en la editorial Galaxia Gutenberg. Una novela que he devorado, ambientada en un pueblo cualquiera, Pueblo Chico, con un anciano como protagonista que atesora la historia del lugar como pocos, y una mujer de ciudad que decide volver al pueblo de su padre. Pasados silenciados y sus consecuencias en el presente. De nuevo la memoria como factor fundamental para entender el ahora, para cerrar heridas, con saltos en el tiempo, la guerra, sus desmanes, los silencios de posguerra sobre los que nos asentamos, la necesidad de quitar la niebla de los ojos, de no volver a cerrarlos. Muy recomendable.

He leído también un ensayo que no me canso de recomendar: La edad de la piel, de Dubravka Ugresic. Pequeños artículos escritos entre el 2014 y el 2018 hacen un retrato de la Europa transfronteriza, de la inmigración proveniente de los Balcanes y del desmembramiento de Yugoeslavia, de su guerra civil y sus consecuencias. Un ensayo que tiene lo que ha de tener: su propia experiencia, como decía Montaigne que debía ser el ensayo de un escritor, ejemplos prácticos de personas que ella ha conocido, y reflexiones sobre todo ello que nos lleva a pensar qué Europa queremos, por cuál apostamos, recogiendo pensamientos de otros escritores o filósofos como George Steiner. El humor y la tradición balcánica para acercarnos a ella. Altamente recomendable.

Por último, no puedo por menos que dar la bienvenida a una editorial nueva, ¡en estos tiempos que corren! La editorial Firmamento, que arranca con la novela de la neerlandesa Neel Doff, Días de hambre y miseria, en una edición exquisita y muy cuidada, toda una declaración de intenciones de lo que pretende esta nueva editorial. Este libro, en traducción de Javier Vela, se nos presenta por primera vez a los lectores en castellano una de las grandes novelas proletarias de finales del XIX y principios del XX escrita por una mujer, algo similar a nuestra Luisa Carnés. Ojalá puedan consolidar su proyecto.

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Carmen Peire es escritora. Su último libro es Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).

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