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La RAE compra la 'posmentira'

Publicada 04/07/2017 a las 06:00 Actualizada 02/07/2017 a las 15:33    
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El pleno de la Real Academia Española (RAE) ha decidido incorporar el próximo diciembre al Diccionario la palabra posverdad. Aunque todavía no está decidida la definición exacta, el director de la RAE, Darío Villanueva, ha anticipado que la posverdad nombra “las informaciones o aseveraciones que no se basan en hechos objetivos, sino que apelan a las emociones, creencias o deseos del público”. Si finalmente va por ahí la cosa, la institución que supuestamente cuida de la salud de nuestra lengua estará haciendo un enorme favor a quienes utilizan las palabras como armas de manipulación masiva. Porque lo hemos repetido ya muchas veces: la posverdad es sencillamente mentira. La posverdad consiste en manipular los hechos con el objetivo de engañar a la ciudadanía utilizando todas las herramientas posibles, que con la revolución digital son muchas, tremendamente eficaces y con efectos inmediatos en la llamada opinión pública.

Lo que no se nombra no existe. Lo saben muy bien las mujeres, que han padecido el sexismo en el lenguaje (en todos los idiomas en distinto grado) y lo siguen sufriendo a día de hoy por más que hayamos avanzado. Pero también se da el proceso inverso: no hay mejor forma de instalar una falsa realidad que ponerle nombre a ‘la cosa’. Porque no sólo se logra desvirtuar de ese modo una gigantesca manipulación sino que además se traslada la responsabilidad de sus efectos a las propias víctimas.

Viene adjudicándose la paternidad del concepto al dramaturgo y novelista serbio Steve Tesich, quien, en 1992 y en referencia a la primera Guerra del Golfo, denunciaba en un artículo en la revista The Nation que en Occidente habíamos “decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad”, o sea un mundo en el que lo importante es que algo parezca cierto aunque no lo sea. Un mundo en el que, como apunta el profesor Villanueva, los elementos subjetivos (“las emociones, creencias y deseos del público”) pesan tanto o más que los hechos objetivos. Hasta el punto de que Donald Trump y su macrocirco populista se permiten hablar de “hechos alternativos”, que obviamente serán los que desde el poder se decidan, intentando demagógicamente conectar con los supuestos deseos de los ciudadanos-electores-consumidores.

De este modo se pretende asentar que los principales “culpables” de que se instale la posverdad no son quienes manipulan la realidad o inventan una paralela sino quienes desde sus casas, sus puestos de trabajo, sus coches, sus móviles o sus mecedoras se “emocionan” viendo, escuchando o leyendo un serial de disparates o infamias, hasta el punto de “desear” que esos disparates o infamias se multipliquen, sin que importe en absoluto su veracidad.

No asistimos a una discusión baladí. Incorporar el término posverdad al Diccionario no es como aceptar el término gilipollas después de siglos de existencia. No se trata de ocultar el uso de un neologismo. Bastaría en todo caso con señalarlo como sinónimo de mentira, manipulación, engaño… o como simple eufemismo con el que pretenden disfrazarse grandes operaciones dirigidas por poderes políticos, económicos o mediáticos con el objetivo de manipular a la ciudadanía y condicionar sus decisiones. Es exactamente lo que hizo el famoso trío de las Azores (Bush, Blair y Aznar) con el invento de las “armas de destrucción masiva” para justificar la invasión de Irak; o lo que hicieron el PP y varios medios de la derecha situando a ETA tras los atentados del 11-M; o lo que siguen haciendo aquí y en el resto de Europa quienes culpan a los inmigrantes de los problemas de empleo o de seguridad.

El origen de la crisis de confianza en la política, como en el periodismo, es la pérdida de credibilidad. En lugar de abordarla reivindicando en uno y otro ámbito valores como la honestidad, el rigor, la coherencia, la distinción clara entre hechos y opiniones, el respeto a las diferencias… lo que se viene intentando es “normalizar” el uso la mentira, relativizar su gravedad, diluir sus consecuencias e imponer un discurso único en el que caben informaciones falsas sin que ello desgaste a sus autores y difusores. Incluso cuando se desmuestra la evidencia del engaño, lo que importa es sencillamente que haya tenido más audiencia o eco la falsedad que su desmentido: “calumnia que algo queda”. (Por cierto, esta expresión no surge con las redes sociales, ni siquiera con el periodismo amarillo; proviene de un dicho popular en latín y fue utilizada ya en el siglo XVII por Francis Bacon).

Mientras esperamos a conocer la opinión de ilustres académicos que despachan sus múltiples indignaciones con el resto del mundo desde tribunas privilegiadas (lean aquí esta impagable carta de Joaquín Reyes a Javier Marías), conviene recordar que la realidad digital y las nuevas vías de comunicación sirven tanto para denunciar las intoxicaciones masivas como para propagarlas. Y a una velocidad desconocida hasta ahora. Sólo en la última semana y sin salir de España hemos visto circular unas cuantas posverdades: la ausencia de Juan Carlos I en la celebración del cuarenta aniversario de las primeras elecciones democráticas fue “un problema de protocolo”; la amnistía fiscal inconstitucional de 2012 fue decretada “para evitar el rescate de la economía española”, según el Gobierno; España está “en cabeza de la lucha contra el cambio climático”, según Rajoy (ver aquí los datos reales del informe del Observatorio de la Sostenibilidad); los resultados negativos del grupo Prisa son culpa de Hacienda y de “los confidenciales”, en palabras de su presidente (y académico) Juan Luis Cebrián… Todo el mundo tiene derecho a vivir en una realidad paralela, pero no a imponérsela a los demás.

Desde 1713 mantiene la RAE un lema envidiable para cualquier anuncio de detergente: “limpia, fija y da esplendor” (a la Lengua española). Aceptar la palabra posverdad, justificando además el concepto en “las emociones, creencias o deseos del público” más bien contribuye a blanquear una práctica que siempre ha existido, que los poderosos siempre han utilizado y que la democracia debe intentar contrarrestar. Asimilar la manipulación masiva como un nuevo concepto llamado posverdad viene a ser una solemne posmentira.
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12 Comentarios
  • La RAF La RAF 15/07/17 19:05

    Es el colmo de la estupidez que los miembros de la RAE incluyan semejante "palabro" en el diccionario. Hay demasiadas personas con media neurona en nuestras instituciones, si se toma semejante decisión por los miembros de la RAE... Ya se utilizan demasiados eufemismos innecesarios... Parece que se pretende potenciar el triunfo de la ignorancia... "Posverdad", cuando la palabra es "mentira" o sus sinónimos. Salud y "res publica"

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  • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 07/07/17 20:45

    "Ciertamente me causa sensaciòn tanto estrapalucio y desparpajo de sus elucubraciones; La madurez no es mas que un concepto para definir a quienes son capaces a, unos cambios concretos; Generalmente el Hombre, en comùn y genericamente, tiene que ser excesivamente estùpido y falto de caridad oara creer que no existe la virtud, sino es de su lado; Uno de los grandes peligros en la era de la "Posverdad": es que tendemos mas a, asumir como verdaderas premisas que no lo son , solo porque coinciden con la visiòn que se nos plantea de la actualidad y de las cosas del Mundo....-¡Quien piense que no tiene nada que ver c on lo que describo,....-'que no se de por aludido-; A mì no me molestan las piedras que me lancen, las considero vàlidas oara el comienzo de mi 'pedestal' .........
    El Diablo Cojuelo ....¡Saludos!

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    • El Diablo Cojuelo El Diablo Cojuelo 09/07/17 07:30

      ...." Por mucha predisposiciòn que tengamos a "gallear", como nadie le ponga remedio a tanta estulticia, loo mas preocupante para el futuro no serà el cambio climàtico, sino la estupidez de los que estan empeñados en demostrar que la inteligencia humana està ene peligro de extinciòn. Estan convirtiendo la ignorancia en un 'don' muy valioso, no se puede comprar, obtener ni adquirir de ningùn modo, ni siquiera mediante el estudio." .... .... El Diablo Cojuelo.

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  • Gugu Gugu 06/07/17 16:51

    Sustituir ciertos símbolos y  palabras ó despojarnos de ellos, sólo nos conduce a cambiar nuestro pensamiento y  nuestra conducta .
    Totalmente de acuerdo con Jesús Maraña en su artículo 

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  • pitis pitis 05/07/17 20:53

    Lo que faltaba!, ahora también quieren colonizar la RAE estos personajes (políticos y no políticos), que juegan con las palabras para tapar la verdad, con decir o escribir lo contrario de lo que es con intención de engañar. Y si lo consiguen, ya no es culpa de ellos es lo que la gente quiere ó le gusta.


    Pues que no cuenten conmigo!.

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  • para3 para3 05/07/17 17:43

    Si Goebbels resucitara vería con agrado que lo que el predicaba la RAE lo hace suyo de manera que los jueces tengan todavía más complicado sentenciar en contra de los que llenan páginas y páginas de mentiras y noticias inventadas para escarnio de unos y disfrute de otros.

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  • Tsuni Tsuni 05/07/17 17:02

    Están blanqueando dinero, blanquean informaciones y blanquean la lengua, en total blanquean el cerebro de la mayoría, porque solamente la menoría cuestiona e indaga, que Horror! 
    Buen artículo 

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  • bidebi bidebi 05/07/17 15:20

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    CATALUNYA. El partido podrido neofranquista nos dice que la iniciativa del Parlament catalán organizando un referéndum es un golpe de estado y es profundamente antidemocrático. Sánchez nos dice que la ley es intocable y de obligado cumplimiento. Definir el máximo exponente de la democracia como es un referéndum, una consulta a la ciudadanía, como un acto antidemocrático, produce tanta vergüenza ajena que si no fueran muy graves las consecuencias daría para reír. Creamos la posverdad de que consultar a la gente es un acto antidemocrático y en España cuela para muchos. Y a Sánchez habría que recordarle que él mismo vestiría un taparabos si durante siglos el progreso no hubiera consistido en un enfrentamiento a la ley vigente en cada momento. Son dos posverdades que se admiten y poca gente busca su veracidad. Ni verdad ni mentira, LA REALIDAD PARALELA que muy acertadamente definía Irreligión. No son mentiras, es la realidad actual.
    EL RÉGIMEN. Ya lo decía el otro día, pero vuelvo a insistir. El régimen en el que vivimos está construido en la posverdad de la llamada transición. Por lo tanto los españoles deberían de ser expertos en el concepto, y lo gracioso del asunto es que algunos lo ponen en duda y no tienen muy claro en qué consiste, cuando viven desde hace cuarenta años en él. La posverdad española es de las más grandes e importantes construidas en Europa en la segunda mitad del pasado siglo.

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  • bidebi bidebi 05/07/17 15:19

    Las posverdades se construyen todos los días. Fijémonos en las de ayer :
    ALSASUA. Juzgados ocho jóvenes por una trifulca en un bar a las cinco de la mañana con un teniente de la guardia civil con resultado de una lesión de tobillo. Admitamos pulpo admitiendo que tiene una motivación política porque es contra un guardia civil. Pero es que admitiendo pulpo el estado lo convierte en acción terrorista y solicita a través de su fiscal una pena máxima de 62 años de cárcel y una mínima de 50. Como bien comparaba hoy un medio vasco, a José Bertón, por matar y quemar a sus dos hijos de corta edad le cayeron 40 años. La simple comparación dibuja dramáticamente en manos de que clase justicia estamos. En el fondo del asunto estamos ante la construcción hace muchos años del concepto de “terrorismo” que se aplica al enemigo ideológico y que una vez etiquetado como tal se le aplica “la justicia del enemigo”. Occidente mata cientos de miles de civiles indefensos en sus invasiones y son defensores de la libertad, los enemigos matan unas docenas en Occidente y se les aplica de inmediato el concepto de terrorista, impedidos con la etiqueta de cualquier justicia y cualquier derecho. Ésta posverdad es admitida como válida por la mayoría de las gentes sin analizar ni por un momento si es verdad o mentira. No importa la veracidad de algo si va contra “nuestros” enemigos. La verdad no importa, importa el mensaje, la construcción y difusión de la posverdad que al sistema le interesa en cada momento.

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    • irreligionproletaria irreligionproletaria 05/07/17 22:03

      Aplausos, Bidebi. Son imprescindibles tus comentarios: claros, concretos y ciertos. Releía la Orestiada de Esquilo, para comentar la adaptación de García Montero. El 'ojo por ojo' impera, si los ojos 'el coro de las Euménides' (pagadas para narrar la realidad paralela, sustanciando la version oficial) imponen la posverdad. Has citado las peticiones de la AN para los jóvenes de Alsasua. A mas a mas, un familiar directo de la parte de los 'partícipes de la pelea' que en su actividad laboral son GGCC, ha manifestado en los medios: "... no son muchos 50 años; creo que no es la maxima" ¿Dónde el Estado de Derecho? ¿Quien imparte justicia, fundamentada en la carga de la prueba? ¿Clitemnestra/Egisto? ¿Orestes/Electra?...Orestes será perdonado con el apoyo inestimable del 'Coro de las Euménides'... la paz no vende...hay que enarbolar -a como de lugar- el espantajo del Cid. Un abrazo.

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  • BravoA BravoA 05/07/17 08:56

    Magnífico artículo.

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  • Bonanzero Bonanzero 05/07/17 00:17

    Jesus, esperemos que la definición de la RAE sea acertada, por lo demás, confió en que él equipo de Infolibre continúe su línea esclarecedora sobre cualquier tipo de posverdad. Enhorabuena al equipo.

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