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'Trumpismo' climático

Publicada el 17/12/2018 a las 06:00
En pocos asuntos se deja sentir tanto el peso de la globalización como en el cambio climático y en las complejas negociaciones que se ponen en marcha cada año, ya como un ritual, en las diferentes Cumbres del Clima. Este año ha sido Katowice, en la carbonífera Silesia polaca, la encargada de acoger una conferencia que ha mostrado a las claras el momento que vive la política internacional.

Los delegados acudían a la cumbre con la misión de acordar las reglas para desarrollar y aplicar el Acuerdo de París, y lo hacían tras el anuncio unos meses antes de un informe del IPCC –el panel de expertos que elabora el informe de referencia incorporando todo el conocimiento científico sobre la materia– en el que se alertaba de que, si la temperatura global asciende 2º C grados con respecto a las temperaturas de la época preindustrial, los impactos climáticos serán demoledores. Para evitar esto, plantean la necesidad de establecer la meta en un máximo de incremento de 1,5ºC, lo que supone reducir las emisiones de CO2 en casi un 50% en el 2030 respecto al 2010. Si no se hace nada, si no se cambia el rumbo y se incrementan los compromisos, estamos abocados a un incremento de 3ºC. Entonces el mundo dejará de ser como lo hemos conocido: fenómenos extremos, sequías, inundaciones, incremento del nivel del mar, y con ello, empobrecimiento general, aumento de las desigualdades y movimientos migratorios forzados que generarán conflictos y una dura competencia por los recursos en el conjunto del planeta. Esto es, en síntesis, lo que dice la comunidad científica, que no entiende cómo puede negarse la evidencia de lo que está sucediendo.

El sentido común haría pensar que tras semejante aviso la cumbre conseguiría dar un salto en la ambición imprescindible para parar la debacle. No ha sido así. El trumpismo ha aparecido en forma de una coalición que sólo de nombrarla da miedo: Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí y Kuwait se conjuraron para fijar unas líneas rojas infranqueables y evitar cualquier revisión de los objetivos que pudiera suponer mayor ambición. El “eje del mal”, como lo define Antonio Cerrillo en La Vanguardia, se negó a que en el acuerdo se incluyera “acoger con satisfacción” el informe de la comunidad científica, negando así cualquier posibilidad de avanzar en la dirección señalada.

El trumpismo climático, que lleva forjándose unos años y que ha hecho una primera exhibición de fuerza en Katowice, es la constatación de varias cosas. En primer lugar, de que el modelo de globalización actual se asienta sobre unas interdependencias cada vez más densas, de forma que el voto de un señora de Texas incide en los movimientos migratorios del cuerno de África ocasionados por las sequías extremas provocadas por el cambio climático. O la decisión de no ir a votar de un joven de Nueva York puede tener mucho que ver con las olas de calor que baten récord en España año tras año y que pueden, entre otras cosas, acabar con la gallina de los huevos de oro que es el turismo cuando nuestras playas vayan siendo devoradas por el mar y se cuenten por semanas los picos de 48º, como está empezando a pasar en Córdoba. El famoso trilema de Rodrik, en el que plantea la imposibilidad de hacer coincidir globalización con soberanía nacional y democracia —pues solo será factible la combinación de dos de estos elementos— encuentra aquí un buen ejemplo. Y una vez más, la que sale perdiendo es la democracia.

Por otro lado, asusta ver cómo se puede despreciar el conocimiento y la ciencia cuando ésta compromete los intereses de algunos países, despojándoles de su principal fortaleza tanto económica como, por tanto, política. Como afirmaba el expresidente de Maldivas Mohamed Nasheed, “no se pueden negociar las leyes de la física”, y la evidencia científica es incontestable. En este caso no solo es que se niegue, es que decide ignorarse. Da la sensación de que el desprecio al conocimiento y a la razón se ha convertido en paradigma político. Un elemento más que define el momento político iniciado con la elección de Trump y que va ganando aliados en otras partes del planeta.

El trumpismo climático ha salido a escena y lo ha hecho en Katowice, a cuarenta kilómetros de Auschwitz. Escalofriante.
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3 Comentarios
  • fotovoltaico fotovoltaico 17/12/18 20:39

    lo triste del problema es que todos los huracanes ,las temperaturas maximas ,la subidas del mar que hara desaparecer islas enteras,afectaran como casi siempre a los mas debiles. A lo mejor puede que haya sorpresa y se lleve mansiones de los mas ricos tambien y en ese momento sabran que afectara a toda la raza humana y habria que hacer algo, cuando ya es demasiado tarde.Espero que nos demos cuenta a tiempo y echemos del poder a estos energumenos.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 17/12/18 23:10

      Una política que limitara drásticamente las emisiones de CO2 beneficiaría a las empresas y los trabajadores ligados a las tecnologías correspondientes (fotovoltaica, eólica, minería de cobalto, litio, metales preciosos) pero perjudicaría a otras empresas y otros trabajadores (minería del carbón, extracción de gas y petróleo, fabricación de automóviles convencionales). No es muy verosímil que los que perdieran su trabajo en estas últimas lo fueran a recuperar en las primeras: lo normal es que se quedaran sin trabajo sin más o, en todo caso, se les prejubilara en condiciones más o menos decentes, cosa que cada vez se estila menos. Es verdad que la amenaza a medio y largo plazo es global, es para todos, pero no es menos verdad que a largo plazo, todos muertos y hay que comer a diario. Hay muchos trabajadores y muchos países que, a la corta, saldrían perdiendo claramente con una reducción drástica de sus emisiones. En España no hay ya casi trabajadores industriales, pero ese no es el caso de muchos otros países que juegan y jugarán un papel primordial en la emisión de gases de efecto invernadero. Hay que ser realistas: yo veo pocas posibilidades de limitar las emisiones de la manera drástica que sería necesaria. Tampoco veo una solución técnica que, a costo razonable, limitara o paliara el problema, pero casi me parece más probable esta solución que una que se tenga que basar necesariamente en un acuerdo entre muchos que respetaran todos los firmantes: eso me parece prácticamente imposible.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 17/12/18 18:37

    No cabe ninguna duda acerca del aumento de temperatura en todo el mundo en los últimos años y muy pocas acerca de que la causa es el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Sobre los efectos, aunque se diga otra cosa, las predicciones no son tan fiables y --esto es fundamental-- las consecuencias serán muy heterogéneas dependiendo de la zona del planeta que se considere. Por ejemplo, no está nada claro que las consecuencias tomadas en conjunto fueran necesariamente negativas para un país como Rusia, situado tan al norte que en su parte asiática (la más grande con mucho) es casi imposible vivir fuera de una estrecha franja pegada a su frontera meridional. Lo mismo sería aplicable a Canadá aunque la postura de este país difiera de la rusa. Para otros países, aunque estimen que las consecuencias climáticas les vayan a ser adversas, es muy posible que consideren que las consecuencias políticas de adoptar una política muy restrictiva de emisiones lo fueran todavía más y por eso arrastran los pies y no se quieren comprometer demasiado: puede ser el caso de gigantes como China o la India, cuya influencia en las emisiones es ya enorme en el caso de China y puede que lo sea no tardando mucho en India, débil económicamente pero con una población disparatadamente grande que sigue creciendo igual que su economía (y sus emisiones totales y per capita). Con el cambio climático ocurre que muchos países disimulan sus verdaderas intenciones porque quedaría muy feo decir que sí, que bueno, que hará más calor y subirá el nivel del mar pero que ellos no se pueden permitir el lujo de despreciar un crecimiento económico al 5% o más anual por esas minucias. Y puede que para ellos sean realmente minucias, al menos con el grado de detalle relativamente bajo con el que se pueden estimar las consecuencias. Lo más preocupante del cambio climático es que es probable que afecte negativamente a casi todos pero de manera desigual y de modos que no se conocen con suficiente detalle. Es una situación en la que es muy difícil esperar la colaboración leal de la gran mayoría de los países: si se desmarca un grande, los incentivos para hacer los demás lo mismo, son grandes también.

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