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Acordarse de la escuela cuando cierra

Publicada el 15/06/2020 a las 06:00

No deja de ser motivo de alegría que la educación y la escuela esté empezando a ocupar un espacio en el debate público, aunque solo sea al fin de la pandemia sanitaria y solo en alguno de sus aspectos más superficiales.

En primer lugar conviene preguntarse por qué se está tardando tanto en dar una respuesta adecuada al desafío que el covid-19 ha supuesto para el mundo educativo. Lo más fácil es echar la culpa a quienes no toman decisiones claras, concretas, rápidas y sin aristas. Lo más difícil, pero también más interesante, es preguntarse por los motivos de que esto ocurra. El conjunto de los docentes se han visto obligados a reaccionar sobre la marcha. "Un día se acostaron analógicos y al día siguiente se levantaron digitales", afirma mi amigo el pedagogo Federico Buyolo, para ironizar sobre la situación. Y obviamente, esto ha dejado a la vista las enormes diferencias entre unos y otros. Desde quienes se han desvivido para atender lo mejor posible a sus estudiantes con llamadas personalizadas y atención más individualizada cuanto más necesario era, hasta quienes han decidido ponerse de perfil alegando que esto no iba con ellos. ¿En cuántos ámbitos de lo público no ha pasado lo mismo? Buen tema de investigación, sin duda.

Si la reacción en el mundo educativo, y en especial en enseñanzas no universitarias, resulta más compleja que en otros lares es, en buena medida, por el carácter transversal que tiene. El sistema educativo impacta sobre el conjunto de la sociedad atravesando cuestiones culturales, económicas, religiosas, y por supuesto lo relativo a la conciliación familiar y laboral. Los manuales de Sociología de la Educación citan este último aspecto como una de las funciones de la escuela. Ahora bien, ¿tiene que ser el sistema educativo en exclusiva el responsable de facilitar la conciliación social y laboral? Parece, cuando menos, que tal atribución de responsabilidades ni es justa ni prioriza los criterios educativos. Cosa diferente es que tampoco pueda vivir al margen de las necesidades de conciliación que tienen las familias, entre otras cosas porque en ese caso lo pagarán más quienes menos recursos tienen, pero de ahí a endosarle la completa responsabilidad de facilitar la conciliación laboral y familiar, hay una larga distancia.

Otro de los motivos por los que la reacción no ha tenido la agilidad deseable tiene que ver con algunas de las carencias previas que el sistema venía arrastrando. Valgan un par de datos: la inversión en formación del profesorado y la innovación educativa. Los índices de inversión educativa en España han ido decayendo a lo largo de los últimos años hasta situarnos por debajo de los países más avanzados. Uno de los aspectos donde más repercusión tiene este descenso de la inversión es en la formación del profesorado, clave para su actualización y permanente recualificación. Desde el año 2009 la inversión se ha reducido de manera exponencial, con un ligero repunte en 2015 y un nuevo descenso en la misma proporción al año siguiente. Según datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional, actualmente en España la inversión en formación del profesorado está por debajo de lo que se dedicaba en 1997. En cuanto a inversión en investigación educativa, los datos son igual de alarmantes, ya que las cifras se sitúan en los niveles de 2005, en torno a 48 millones de euros en 2018.

En definitiva, las causas de la dificultad en reaccionar a la pandemia en el ámbito educativo proceden de lo novedoso de la situación y de la desigual implicación de los gestores y docentes, pero también –y no necesariamente en este orden–, de la pérdida de inversión que durante casi una década se ha venido sufriendo tanto en formación del profesorado como en innovación educativa.

Las consecuencias son ya conocidas, y existe abundante evidencia empírica al respecto, sobre todo en lo referente a cómo una escuela cerrada acrecienta las desigualdades. La UNESCO ha sintetizado las razones que explican por qué el cierre de los centros escolares puede ser perjudicial para el desarrollo formativo de los jóvenes: Interrupción del aprendizaje, problemas de alimentación para los alumnos de familias con menos recursos, falta de preparación de los padres para la enseñanza a distancia, el desigual acceso a las plataformas de aprendizaje digital, problemas respecto al cuidado de los niños, costes económicos elevados para las familias y para el sistema en general, repercusiones en el sistema de salud, presión social sobre los centros, y una mayor tendencia al incremento de las tasas de abandono escolar, son algunos de ellas.

En el caso de España, esta situación se ve agravada por las brechas educativas y sociales ya existentes: El índice AROPE nos dice que el 28,8% de la población menor de 16 años está en riesgo de exclusión social, la tasa de abandono escolar temprano en 2019 se sitúa en el 17,3% de los estudiantes en España, y la tasa de idoneidad del alumnado se reduce en 17 puntos entre los 12 (86,5%) y los 15 años (69,5%)

Ahora el debate se centra en cómo iniciar el próximo curso. Nuevamente, lo más fácil sería pedir a una vuelta a la normalidad anterior, como si eso fuera posible, o como si dependiera de la voluntad de los decisores políticos de turno. Existe también la tentación de elevar a los altares de la vanguardia la educación online y hacer de esta una tabla de salvación. Como suele pasar, las cosas distan de ser tan sencillas. Entre otros aspectos, porque a lo primero que habría que hacer frente de forma urgente es a lo que llamamos brecha digital, y que está compuesta de tres elementos: La brecha de acceso, que consiste en disponer o no de conexión a internet y de dispositivos tecnológicos; la brecha de uso, entendida como tiempo de uso de las tecnologías de la información para el estudio y aprendizaje; y la brecha educativa, referente a las habilidades del profesorado, la disponibilidad de recursos y adecuación de plataformas online de apoyo a la enseñanza.

Como puede verse, la reacción del sistema educativo en este momento de covid y post-covid es de todo menos sencilla. Pero también es una oportunidad de oro para replantear las formas en que estamos educando, desde infantil hasta la universidad, en una sociedad del conocimiento en constante cambio. Cuesta entender que en las universidades se emplee el tiempo en dar lecciones magistrales –cuando es muy posible que se encuentren iguales o mejores en la red– y no en fomentar la discusión, el trabajo en equipo y el pensamiento crítico. Es difícil justificar que en secundaria y bachiller no se esté generalizando el uso de las TIC para despertar el interés por el conocimiento del alumnado a través de un proceso de descubrimiento, y resulta realmente anacrónico que el atractivo que los medios online tienen para los más pequeños no se exploten en las aulas de primaria. Quizá la explicación resida en que poner en marcha todos estos cambios supone también repensar el rol del docente –que deja de ser un transmisor de conocimientos para convertirse en un gestor del aprendizaje que acompaña a sus estudiantes–, y el de las familias, sin cuya implicación y concurso es muy difícil que todo esto funcione.

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14 Comentarios
  • elutk elutk 15/06/20 17:12

    Era un momento propicio para abordar la transformación de la educación para salvar a la educación. Era un momento propicio para plantearnos que significa educar y cómo hacerlo. Pero siempre la inercia y ese arraigado desinterés en este país por lo educativo acaban imponiéndose. La nueva normalidad, así la llaman, será la vieja normalidad. Y volveremos a fomentar el fracaso de la educación en beneficio de un sistema escolar que hace demasiado tiempo vive infectado. Cuando dejé las aulas y me preguntaron por lo que pensaba sobre esa profesión en la que había pasado más de treinta años dije que la tarea de educar PODRÍA ser una de las más hermosas tareas del mundo. Triste.

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  • JOSELUPE JOSELUPE 15/06/20 16:59

    En todo, en lo concerniente a la ciudadanía : Educación, Sanidad, Justicia, etc (con mayúscula) tenemos que confiar en los verdaderos profesionales. Los políticos lo tienen verdaderamente fácil, sólo tienen que saber escuchar y elegir de entre las diferentes opciones con las que cuentan y por supuesto: acertar que es lo más dificil, pero no imposible si actúan con meridiana sensatez y buen critero. Pero también en ésto como en todo en la vida hay que saber escoger a los mejores.

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  • K2K2 K2K2 15/06/20 16:49

    Hasta ahora, la formación del profesorado ha consistido, básicamente, en cursos de competencias, objetivos específicos, programaciones, informes de distintos colores etc. La formación en enseñanza online (que no es lo mismo que manejar TICs) jamás se ha abordado. Los docentes están enterrados en papeles, informes, programas, etc,  pero con nula formación en enseñanza no presencial. Por otro lado, hasta que no entendamos que la Escuela no es un aparcamiento de niñ@s, no avanzaremos nada. La implicación de las familias es mínima, con honrosas excepciones. Un ejemplo: padres y madres se declaran muy interesados en la enseñanza bilingüe, pero todos los sondeos muestran que el uso de la opción (gratuita, por cierto) de VOS en películas, series y dibujos animados es bajísima: sería estupendo para mejorar la comprensión de l@s estudiantes pero, claro, es que es una lata leer mientras se ve una película, ya se harán bilingües en el colegio... Nadie - ni políticos, ni familias, ni sociedad- cree en la importancia real, n9 de boquilla,  de la educación.

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  • M.T M.T 15/06/20 12:37

    Excelente artículo y excelentes comentarios, en todos y cada uno de los aspectos que tratan.
    Ante esta pandemia y estos virus, con los que al parecer vamos a tener que convivir y , en relacion con la formación del alumnado, no universitario y universitario ¿ sería tan difícil alternar la enseñanza presencial con grupos reducidos con la enseñanza on line? No me olvido de recursos docentes y discentes para el adecuado seguimiento. Y mi apuesta por el debate y el sentido crítico, tareas arduas.
    Mi reconocimiento hacia ese gran sector del profesorado volcado en esta tarea.
    Gracias por el artículo y comentarios.

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  • Magno Magno 15/06/20 10:10

    “Un buen padre vale más que cien maestros” dijo Rousseau, y lo estamos viendo, el rol de padre/madre también debe evolucionar. No es necesario que sepan hacer los ejercicios de sus hijos, es necesario que los acompañen como ahora lo han hecho por obligación. No tienes que ser el colega de su hijo pero deben hablar con ellos, es su obligación. El rol del profesor hace tiempo que está cambiando, diría más, debe estar en permanente cambio, y para los apocalípticos que se asustan con las tecnologías y piensan que perderemos la parte humana, creo que hay que recordarles que sin metodología la tecnología no sirven para nada. Gracias a la tecnología se ha podido estar cerca de muchos alumnos, no de todos, para hacerles llegar que importan.Yo adaptaría el mantra de Anguita a la educación y diría metodología, metodología, metodología y eso a muchos no les gusta, todavía hay profesores que creen que dar clases es hablar ellos solos, pocos, pero quedan. Más formación y más lecturas.

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    • Orlinda Orlinda 15/06/20 18:30

      No sé cuál es la metodología de Anguita en cuanto a educación. Sí conozco la de Paulo Freire en el sentido que apuntas, me parece. En “Pedagogía del oprimido” propone una educación en la que a través del diálogo aprenden profesores y alumnos, no unidireccional con un profesor que solo habla él con alumnos pasivos conminados a aceptar lo que se les diga y a repetirlo.

      En cuanto a Rousseau, no me parece lo más acertado usar sus ideas pedagógicas como referente para educar. No son precisamente justo lo que necesitamos.
      “...toda la educación de las mujeres debe referirse a los hombres. Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar por ellos, educarlos de jóvenes, cuidarlos de adultos, aconsejarlos, consolarlos, hacerles la vida agradable y dulce: he ahí los deberes de las mujeres en todo tiempo, y lo que debe enseñárseles desde su infancia. Mientras no nos atengamos a este principio nos alejaremos de la meta, y todos los preceptos que se les den de nada servirán ni para su felicidad ni para la nuestra.” 
      “Emilio” (La educación de Sofía)
      Y ni la frase que citas sirve como referente. Ante ella está la de creo que Rojas Marcos: “Una buena madre vale más que la mejor Universidad”.

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      • Magno Magno 16/06/20 09:58

        Creo que comete varios errores de comprensión lectora: ni propongo las ideas de Rousseau ni reclamo la “metodología” de Anguita. Ni tampoco hablo de la Pedagogía del oprimido, no sé de dónde extrae tantas afirmaciones de mis palabras. Lo lamento porque no hay ambigüedad en mi texto, excepto porque usted piense que hablo de padres solo en el caso de los hombres, en cualquier caso lea usted padre o madre, porque lo que quiero decir por si no lo ha entendido es que las madres y los padres deben implicarse en la educación de sus hijos e hijas (por sí esto le vuelve a crear un problema), hablar con ellos, ESCUCHARLOS y no imponerles sus frustraciones. El rol de los padres (madres y padres, madres y madres, padres y padres) también debe cambiar.

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        • Orlinda Orlinda 16/06/20 20:24

          ¡Vaya por Dios! Por mi falta de comprensión lectora no he entendido que “padre” es genérico. Pues no, señor. El genérico se entiende en todo caso en el plural, los padres de alguien son el padre y la madre. En singular de ninguna manera, el padre es el padre y nada más. Es lo que usted ha dicho y desde luego, lo que quería significar Rousseau. De la intención de lo que usted quiera decir sin decirlo no soy adivina.

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  • mealjo mealjo 15/06/20 10:06

    A vueltas con lo mismo, la formación del profesorado. Por si no lo saben les cuento algunas cosas. En a Comunidad Valenciana el cacareado plan MULAN era una patraña que no ha funcionado por saturación del servicio. Hubo más esfuerzo en buscar unas siglas bonitas que es dotar de servidores potentes que aguantaran la demanda. El sistema empezó a funcionar, mal, a finales de marzo. Para entonces, la mayoría del profesorado ya se había buscado la vida como pudo y estaba en contacto con su alumnado. ¿Era necesario esperar a poner en marcha una buena plataforma que complementara la tarea docente hasta vernos a cara de perro con una situación como esta? Llevo ya oyendo la cantinela de las TIC desde hace lustros y hasta la fecha las TIC han entrado en los institutos, que es lo que conozco, más por la intención del profesorado que por el interés de las administraciones. ¿Saben los ciudadanos que los profesores tenemos que emplear la capacidad de almacenamiento de nuestras cuentas privadas para compartir materiales con nuestros alumnos?
    Daba igual que te prepararas o no, no ibas a poder ponerlo en marcha. Por otra parte, no estamos preparados para la docencia integral online, claro que no, ¿desde cuándo se ha visto una situación así? Y es que tampoco procede una formación online al completo, por eso nadie lo había previsto. Pero hemos salido airosos del envite, al menos en el entorno en el que me muevo. Que hay profesorado que seguramente se ha echado a dormir, seguro, también hay periodistas que manipulan y mienten y no por ello podemos extender esa característica a toda la profesión. La brecha digital existe, pero no es mas que otra cara de la brecha social, económica y educativa; esta última ampliamente reforzada por la derecha y la enseñanza concertada. Pero no hay que olvidar la irresponsabilidad de la administración en la ampliación de la brecha, anunciando lo que la prensa difundió como aprobado general. No era así, pero la administración educativa no lo aclaró con contundencia. Eso provocó el abandono de un cierto porcentaje del alumnado que se planteó el para qué seguir con el estudio si iban a aprobar. Por lo demás, creo que el artículo es bastante acertado.

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    • Orlinda Orlinda 15/06/20 18:48

      Excelente tu comentario.
      El grave problema que existe como en todos los ámbitos es la desigualdad social y económica. Y eso tan solo se parchea, cuando no se ignora.

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  • Geolo Geolo 15/06/20 10:01

    Buen artículo en un asunto esencial como es la educación. Como dices, es una oportunidad para reorientar la manera de educar para una sociedad más crítica y capaz. Estaría bien consensuar de verdad una ley para la educación con las formas que apuntas en vez de el contenido. Y dotar a la educación de más medios económicos, que habría que considerarlo como una inversión y no como un gasto.

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  • noencaja noencaja 15/06/20 09:38

    También la doctrina del shock es aplicable a la enseñanza. Ahora que estamos todavía en estado de schok por la pandemia hagamos la gran revolución en la enseñanza. Esa que consiste en la madre de todas las moderneces y reactualizaciones: digitalizarla. A la porra lo presencial, demasiado humano. Profesores y alumnos al espacio virtual. No. Una cosa es está coyuntura, en la que la escuela si debería de estar preparada y otra el reducir las exigencias de una buena educación a una mera preparación tecnológica. Si quieren una auténtica revolución limiten la ratio por aula a 20 alumnos.

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  • Estella Estella 15/06/20 09:34

    Muy buen artículo. No es habitual que se acierte tanto desde el periodismo. Mis felicitaciones. Solamente algún comentario. Cuando se piensa en cambios tan significativos hay que actuar sin prisas, reflexionando sobre el sentido de la educación, el para qué y el cómo de los cambios van unidos y es una de las cuestiones más complejas y dinámicas que vivimos. Hace tiempo que no se debaten algunas de las cuestiones que plantea el artículo y otras más: desde la función del sistema hasta las responsabilidades de las administraciones, el desarrollo profesional del profesorado. Los diseños curriculares necesitan varias vueltas de actualización que va mucho más allá de la digitalización.

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  • Canija Canija 15/06/20 07:58

    Totalmente de acuerdo con tu artículo. Esta es una muy buena oportunidad para una seria formación del profesorado en las nuevas tecnologías ya que gran parte de él se ha preocupado por dar lo mejor de sí mismo, con muchísimo esfuerzo, y dando palos de ciego en un terreno desconocido.

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