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Plaza Pública

Un evangelio apócrifo: Miguel Hernández

Francis López Guerrero
Publicada el 24/09/2017 a las 06:00 Actualizada el 23/09/2017 a las 19:10
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Se han cumplido 75 años de su muerte física.

1942: por aquellas fechas al Penal de Alicante no llegó la proverbial solidaridad norteamericana para rescatar al pueblo oprimido y machacado. En aquellos días tampoco hubo revuelo mediático ni olisqueo de negocio audiovisual. No había personas anónimas con buena estrella, aptas para ser lanzadas al estrellato. Por aquellos días había otro mundo y el pueblo rayano en la muerte sencillamente se moría sin haber sido retransmitido y sin bonitos discursos de plató a pie de desgracia. No primaba la imagen, la virtualidad, la escenificación; la quijotización de la realidad, pero en malo.

Miguel Hernández era un muchacho humilde que estudiaba latín y cuidaba versos y cabras en su Orihuela natal. Se echaba al monte como un ingeniero cósmico, pero al final le salía la vena agrolírica de la tierra que portaba en un zurrón de espigas junto a un bocata de pastor melancólico. A Miguel Hernández le faltó que le hicieran una fiesta campeona que hubiera sabido metabolizar las guerras, el sufrimiento profundo y hediondo y el turbión de sangre vieja que estalla en el choque de las ideas. Le faltó el regalo de una España erguida celebrando el triunfo de la concordia. Decidió quedarse muy joven bebiendo del manantial supurante de la historia. Solo y desahuciado en la barricada de la inquina. No hay venganza legal, poética, visceral que lo contenga.

Se codeó con los gerifaltes alados y canoros de la Generación del 27 y en las enciclopedias ostenta el título honorífico de genial epígono de aquella pléyade sin poetas agropecuarios que pudieran lanzar a los rostros poemas fornidos y con vuelo como piedras del campo.

Miguel Hernández era un cabrero pundonoroso, que se presentó a la vida con una llaga grandilocuente con nostalgias de luna y de justicia social y unas cuantas metáforas sustitutivas como manual de supervivencia y alivio. Lirificó la miseria y el hambre, porque la poesía fetén es una prestidigitación de la fealdad de las cosas. Si su sangre hubiera sido leche, su niño habría sido el rey de los hambrientos. Si sus manos hubieran sido celestes, su niño habría cantado de alegría por los cuartos oscuros de la pobreza. Si su pecho hubiera sido un campo de trigo, su niño habría sido el príncipe de la miseria. Si su rostro hubiera sido una estrella, su niño habría brillado en la cuna de la noche. Si sus ojos hubieran sido dos onzas de chocolate, su niño habría sido el rey de los niños.

En las meninges almacenaba desde la infancia la rabia y el viento revolucionario del pueblo. El dolor abierto en canal por las estrellas del cielo. El viento del pueblo lo arrastraba, lo engendraba, incluso lo aniquilaba y decidió parirlo en un libro y darlo como grito vindicativo a los cuatro vientos. Su viento libro, su viento libre lo encumbró en plena guerra. Las bombas del odio caían sobre versos coléricos. El convencimiento no conocía a la derrota. La fe y el compromiso político no tenían el disfraz de la ambición y la pose ideológica.

Miguel Hernández Gilabert se quedó encerrado entre el rencor de los otros, la soledad propia y la tuberculosis, patria infame de su cuerpo. Esas fueron sus batallas y sus cárceles. La literatura universal no tiene un solo verso redentor para el bardo oriolano. Generosidad de carne rural y sideral a la intemperie de la España herida. Los mandatarios no tienen una sola arenga de apoyo para un pueblo llamado Miguel Hernández, donde no tendrían cabida los empresarios egoístas y cínicos que se atreven a manifestar que se debe trabajar más y ganar menos. Su emperramiento combativo no consiguió demostrar que una trinchera supera a una micra de vida. Porque las ideologías son efímeras y frágiles y están hechas de retórica y de condición humana. Abrazó la dictadura del proletariado y el proletario acabó siendo un burócrata rampante del aparatik y para dictaduras provechosas, las unipersonales y bajo palio. El futuro ya no es lo que era. La socialdemocracia de los pueblos se constituye y comporta como una mentirosa compulsiva y una obsesa normativista. Nadie arriesga. Nadie ofrece el corazón como una llama, como un poema, como un refugio. Nadie arriesga. El único riesgo se llama partitocracia. Maldita tiranía abstracta, donde siempre ganan los mismos: los que mueven la pecunia y los resortes de poder. La cacareada soberanía nacional y el liberalismo omnipotente no nos están facilitando lo prometido: vivir con dignidad.

Miguel Hernández era un muchacho humilde que cuidaba versos y cabras en su Orihuela natal, se echaba al monte como un perito galáctico con credo terrenal y al mirar los cielos fragmentados de España le brotaba un remoto aliento agrolírico envuelto con barro originario y sangre profética. Muerto y veinte veces muerto. El viento del pueblo era y es un solano obstinado y caliente como una víscera que odia morirse para dejar paso a la paz fría de los paisajes. Las injusticias que no cesan. Huracán Hernández sopla sobre las conciencias.
________________

Francis López Guerrero es profesor de Lengua y Literatura. 
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18 Comentarios
  • Queso Tierno Queso Tierno 24/09/17 23:21

    ¡Qué facil es hablar de la vida, las aspiraciones, decepciones y deseos de los muertos! Sobre todo, porque no pueden levantarse de las tumbas para llevar la contraria y porque permiten incluir en sus intenciones y en sus hipotéticas luchas elementos camuflados de nuestra propia cosecha.

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  • CarlosP58 CarlosP58 24/09/17 21:38

    Profesor López Guerrero, artículos como el suyo, por lo tratado y por sus palabras, demuestran que todavía el ser humano tiene posibilidades.
    Gracias por ennoblecer con sus metáforas la grandeza de Miguel Hernández, que vivía el pueblo y creaba por y para el pueblo.
    Saludos y Periodismo Libre.

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  • Makarenko Makarenko 24/09/17 19:56

    Estupendo articulo, sólo añadir que Miguel Hdez. Fue abandonado por la elite intelectual porque era del pueblo. Representaba mejor que nadie al pueblo que esa elite utilizaba para mayor gloria personal. Pero al que luego abandonaron y dejaron a merced del horror dictatorial buscando refugio fuera.

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  • José Manuel Llera José Manuel Llera 24/09/17 19:33

    Prueba evidente de que cualquiera podemos escribir. Hace tiempo que no leia algo tan errático, tan incongruente y tan pretencioso. Miguel Hernández no se merece artículos de este calibre.

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    • vianero vianero 25/09/17 08:33

      Ya salió la oveja negra!

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      • Damas Damas 25/09/17 18:04

        ¡Muy bueno! vianero.

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  • Inocencio XIV Inocencio XIV 24/09/17 18:50

    Gracias por agitarnos la memoria incluso a los que siempre tendremos en ella, mientras nos dure, a Miguel Hernández. Muchas gracias. 

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  • Damas Damas 24/09/17 16:01

    ¡Uff! pensaba repetir algo de lo arriba escrito como muestra al azar de lo que me ha impresionado, desisto de hacerlo po ridículez por mi parte. Solo un aplauso mental espontáneo y largo por lo leído y una pregunta retórica para Francis López Guerrero ¿imparte seminarios, clases o da charlas a mayores, sin requisitos de títulos académicos? .... yo me apuntaría ya.

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    • Damas Damas 24/09/17 16:21

      Por si a alguien le interesa, buscando en San google he encontrado esto sobre el autor del artículo. Aclaración, no le conozco de nada:

      "Francis López Guerrero nació en Osuna (Sevilla) el 2 de marzo de 1971. Profesor de Lengua y Literatura en el IES Sierra Sur de su pueblo natal. Ha colaborado con artículos de opinión y tribunas en diferentes medios locales y regionales. Le gusta practicar el periodismo literario. En 2002 publica su libro de prosa poética   Osuna adentro: crónica eterna

      Ha escrito: “Pienso que la poesía es emoción, misterio y voz que ha y que fabricar con la materia prima del lenguaje y sin olvidar a los maestros, a los referentes ineludibles. Y creo que mucho más difícil que escribir versos y poemas es conseguir y tener una mirada poética para la vida cotidiana. Más que un género literario, la poesía forma parte del sistema nervioso central”.

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      • vianero vianero 25/09/17 08:32

        Más Francis y menos Lucas en InfoLibre!

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  • Ambón Ambón 24/09/17 12:52

    Gracias por un sentimiento poético y social que tantos compartimos, gracias por saber decirlo tan bien, tan justo, tan real y tan bonito

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  • estovamal estovamal 24/09/17 09:54

    La sensación después de leerlo sería algo así como ¡Se ve que tenía ganas de decirlo, el profesor.¡
    Le aseguro que yo también de leerlo. Gracias.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 24/09/17 07:57

    FLG: espero te hayas sentido tan bien después de haber escrito tu artículo como yo tras leerlo. «Maldita tiranía abstracta, donde siempre ganan los mismos», maldita sea tanta mala gente. Osasuna2 salu2.

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  • vianero vianero 24/09/17 07:52

    Tengo leído que su primer valedor en la poesía, el clérigo Almarcha de Orihuela, prisionero en el 36 y huído al bando sublevado, le presionó para que volviera a sus principios católicos y renegase de sus ideas "antiespañolas" pero lo más que consiguió del poeta encarcelado y enfermo fue aceptar casarse por la iglesia. En vista de su contumacia, el futuro procurador en cortes y obispo de León dejó que se pudriera en prisión hasta morir. Después de muerto llegó una disminución de condena, de 30 a 20 años. Pero el huracán Hernández sigue soplando sobre las conciencias. Gracias, profesor Francisco, por hacerme recordar un año monográfico de nuestra aula de cultura para jubilados.

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    • Damas Damas 24/09/17 16:24

      vianero ¡qué bien esa oportunidad para disfrutar "aula de cultura"! envidia la mía.

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