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La traición a la democracia

Publicada el 18/01/2021 a las 06:00

El muro de Trump está construido sobre los cimientos de la mentira y el odio. Que uno de los últimos actos de su mandato haya sido la visita a la frontera con México para constatar su obra magna es un símbolo que va más allá de la geopolítica: resume toda una época basada en la ofensa hacia los derechos de los más vulnerables.

Trump ha fracturado la convivencia en su país y en el planeta. Pero no ha estado solo. Han sido muchos quienes le han reído sus gracias, sus desplantes, sus caprichos, sus escándalos de corrupción, sus bandazos internacionales; la persecución selectiva de países; la protección a otros, como Arabia Saudí; la estigmatización de todo aquel que se le ha opuesto; el lawfare… Y podemos seguir con las alianzas de extrema derecha; la incautación de bienes y designación de presidentes como hizo en Venezuela con Guaidó; golpes de estado (ahí tienen a Bolivia); la colonización de la OEA con el secretario general Luis Almagro y el grupo de Lima, que se aprestan a todo lo que huele a herrumbre y al conservadurismo más rancio; la alianza en Brasil con Jair Bolsonaro; la utilización de Steve Bannon para formar gobiernos ultraderechistas por doquier o la persecución a Julian Assange.

Reflexionaba este martes en un artículo el filósofo y sociólogo Boaventura de Sousa Santos que Estados Unidos nació del acto violento de la matanza de indios y que esa violencia ha estado presente en todo su desarrollo. Desde la guerra civil, los linchamientos y asesinatos de líderes (cita a Lincoln, Kennedy o Luther King) a su política exterior con ejemplos tales como Vietnam, Los Balcanes, Irak o Libia entre tantos otros. A ello debe agregarse la orquestación de una secuencia de golpes de Estado en América Latina en el pasado siglo. Concuerdo con esta visión, pues sin duda el gigante país del norte tiene una tendencia al uso de la fuerza que Trump ha sabido exacerbar y en la que se ha movido con absoluta comodidad.

Y ello es así desde que en 2016 las urnas dieron la victoria a Trump, premiando su discurso xenófobo, antisistema, nutrido por los votos de los electores en su mayoría de perfil masculino, de cierta edad, obreros, blancos y pertenecientes a la zona rural y al cinturón de óxido. Se trata de víctimas de la globalización sin un proceso de reconversión que los ha dejado en el desamparo, siendo entonces presa fácil de este neofascismo en el que las minorías negras o latinas no eran necesarias sino, al contrario, objeto de repulsa. Congreso y Senado quedaron en manos republicanas, lo que permitiría al nuevo presidente hacer tabla rasa de los compromisos internacionales como tratados de libre comercio, sobre cambio climático (acuerdo de París), la apertura hacia Cuba o el pacto con Irán en materia nuclear. Un ciclo de retrocesos que culminó el día de Epifanía con el asalto al Capitolio por parte de una horda salvaje, alentada por el propio Trump, remiso a dejar la Casa Blanca, decidido a mantenerse en el poder saltando por encima de la Constitución, de la democracia y, de nuevo, con la violencia como herramienta imprescindible.

Del miedo a la euforia

En 2016, las reacciones ante el triunfo de Donald Trump cubrieron desde la fría cortesía diplomática que disimulaba un disgusto evidente de gobiernos más bien progresistas, al agrado de los conservadores y el entusiasmo de los ultraderechistas. Fue el entonces presidente de Francia, François Hollande, quien mejor dibujó el futuro: "Se abre un periodo de incertidumbre en el mundo", aseveró. Una actitud notablemente diferente a la de su ultraderechista compatriota Marine Le Pen que deseaba "felicidades a Trump y al pueblo americano libre". Lo propio hizo su homólogo italiano, Matteo Salvini, que tanto haría sufrir a los migrantes con su política de puertos cerrados: "Buen día, -dijo- ahora nos toca a nosotros".

Hollande tenía razón, la incertidumbre fue el sentimiento común. Pero Le Pen y Salvini también acertaron. El mandato de Trump ha supuesto un tiempo de predominio de una ideología salvaje, depredadora del medioambiente y destructora de derechos humanos consolidados, con un claro tinte fascista que supera con creces el generoso calificativo de populista que se le suele asignar. Deberíamos llamar a las cosas por su nombre sin forzar interpretaciones que tienden a suavizar la realidad.

Explicaba en una entrevista el historiador Federico Finchelstein, que "el populismo es una forma autoritaria de democracia con orígenes históricos en la dictadura y en el fascismo". Finchelstein diferencia entre el populismo clásico que puede ser de derecha o de izquierda y el nuevo populismo que puede derivar en otros conceptos. En este sentido se refiere a Donald Trump: "Baja la escalerita mecánica de su edificio y empieza la campaña con una expresión racista, dice que los mexicanos son todos violadores y son un gran peligro para Estados Unidos. Entonces el racismo no es un elemento lateral, sino que es el elemento central de la campaña de Trump y luego de su presidencia. También lo es su aprecio e incluso su glorificación de la violencia y los dictadores. Y, por supuesto, también a veces incluso su acercamiento a políticas que son las no necesariamente históricas del populismo, sino las del fascismo propiamente dicho…"

La agenda del fascismo

El fascismo se sirve de la democracia para luego destruirla desde dentro, resume Finchelstein. Precisamente esta ha sido la agenda de un hombre que, dotado de un inmenso poder, en vez de usarlo para mejorar el destino de su país y por extensión del resto de la humanidad, máxime en tiempos de pandemia, lo ha ejercido para mofarse, humillar y servirse de las instituciones en beneficio propio y, finalmente, para reventarlas cuando no le acomodaron los resultados electorales.

Al igual que lo hiciera Hitler, salvando las diferencias y circunstancias, Trump prostituyó la palabra libertad en sus discursos, transmitiendo una cierta credibilidad que le otorga su alta investidura, con la finalidad de dinamitar la democracia llegado el momento.

Quizás una de sus más destempladas decisiones y que mejor le definen, fue el veto con sanciones a los fiscales de la Corte Penal Internacional tras iniciar una investigación sobre los crímenes de guerra y lesa humanidad presuntamente cometidos por tropas estadounidenses y agentes de la CIA en Afganistán, en Oriente Medio, Asia y países europeos como Polonia, Rumanía y Lituania en la época Bush.

El proceder de Trump siempre fue: si no admites mis dictados, te haré sentir el peso de mi poder, lo que practicó contra personas y países que no estuvieron en línea de sus expresos deseos. Esa postura fue in crescendo hasta culminar en esa arenga a sus fieles para que tomaran por asalto el Capitolio en un claro atentado contra la Constitución y contra todos los valores que, desde George Washington, primer presidente en 1789, representan la esencia de Norteamérica. El resultado fue, además, un balance de cinco muertos y cuantiosos daños que deberían recaer sobre Trump con todo el peso de la ley, eso sí, con las debidas garantías de un juicio justo.

Traición e ignominia

"Trump es el peor criminal de la historia, es innegable. Nunca en la historia política ha existido otra figura dedicada con tanta pasión a destruir en un futuro próximo los proyectos que organizan la vida humana en la Tierra", lleva tiempo advirtiendo Noam Chomsky. El filósofo y sociólogo norteamericano apunta a la responsabilidad del presidente en el calentamiento global "…hay un país que tiene al frente a un presidente que quiere intensificar esta crisis, correr hacia el abismo, maximizar el uso de combustibles fósiles, incluidos los más peligrosos, y desmantelar el aparato regulatorio que limita su impacto. No hay otro crimen como éste en la historia humana. (…) Si puede poner más ganancias en sus bolsillos y en los de sus votantes ricos el día de mañana, ¿qué más da si el mundo desaparece en un par de generaciones?".

El pasado miércoles, la Cámara de Representantes aprobó un nuevo impeachment (proceso de destitución) contra Trump por incitar a la violencia contra el Gobierno. "Nunca hubo una traición mayor de un presidente de Estados Unidos a su cargo y a su juramento de la Constitución" expresó gravemente Liz Cheney, tercera en importancia en el partido Republicano.

La guardia nacional permanece desplegada por los pasillos del Capitolio, en prevención de nuevos intentos de asalto debido a la furia latente de los seguidores de Trump. La incertidumbre impregna hasta sus últimos días de mandato, haciendo que el tiempo que resta para la inminente investidura de Joe Biden parezca interminable.

Esto es lo que sucede cuando se despierta al fascismo, como ocurrió durante estos años, alentado desde la propia Casa Blanca hacia muchas otras naciones, dejando como herencia maldita una reforzada ultraderecha local, también en España. Estamos avisados: antes o después, el fascismo acaba traicionando a la democracia.

Baltasar Garzón es jurista y presidente de Fibgar.

 

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13 Comentarios
  • Argaru Argaru 19/01/21 16:07

    ¿Se acuerdan del “bretchano” Vinieron a por los comunistas ...? No es que vaya a llegar, ya estaba aquí. El fascismo estaba aquí, entre nosotros, en estado latente, para entrar en juego en cualquier momento. Es la bala que le queda en la recámara a la derecha cuando, por fin, se ven obligados a quitarse la careta definitivamente. ¿Y quién debería vigilar para que el fascismo no hiciera acto de presencia en nuestras vidas? Por si no lo sabían, es esa izquierda que, cuando busca a su enemigo, siempre mira a su izquierda y que “sus” amos ya han tirado por el “retrete” de la historia y tirado de la cadena.

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  • Mitia Mitia 19/01/21 00:14

    No se puede estar mas de acuerdo con lo escrito. Pero mi pregunta es donde estan las izquierdas que pueden hacer frente a ese fascismo?. No hay partidos de izquierdas fuertes no hay lideres, hay muy buenas palabras e intenciones de cuatro como usted. Pero quien aglutinara toda esa gente que podemos pensar igual y que estamos dispersos sin ningun liderazgo. Ya vemos con los fascistas se ponen de acuerdo muy rapidamente mientras las izquierdas estan mas divididas que nunca. Y no me pongan al PSOE como partido de izquierdas.

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    • Dver Dver 19/01/21 22:53

      La cuestión es que el caldo de cultivo del fascismo siempre es la pobreza. Le preguntaron el otro día a Lorenzo Milá como se había llegado a esa situación del asalto al Capitolio, y lo que es per, que unos treinta millones largos de votantes republicanos estén de acuerdo con el hecho. Lorenzo, hombre experto en asuntos internacionales le dio.la vuelta a la pregunta. "Lo que habria que preguntarse es que ha hecho mal el Partido Democrata - supuesta izquierda- ha hecho mal desde hace décadas. Externalizo -o no se opuso, siguio- la mano de obra cualificada y no cualificada de EEUU y sumió a todas las clases en la pobreza He ahí la razón de que unos agentes de trabajo se apuntarán al fascismo xenófobo y racista". Esa es la clave, cuando el neoliberalismo provoca la pobreza a sabiendas, sabe que el fascismo está ahí para tomar el poder. Lo vimos con Hitler, con Mussolini, con tantos otros, y no lo hemos visto ahora en EEUU porque Trump no se atrevió a liderar el asalto al Capitolio y suspender- momentaneamente, como siempre- la Contitucion y pasarse por el forro las instituciones democráticas. El golpe estaba orquestado, solo falto que el Elefante Blanco apareciera. Por eso harían bien los votantes de izquierda de este país en preguntarles a sus jarrones chinos a donde fue a para la riqueza que prujimos todos. Porque ahí está la clave de la expansión del fascismo, en la creación de la pobreza.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 18/01/21 13:00

    Sus análisis, Sr. Garzón, nos ayudan a permanecer más atentos a la acción maligna de fascistas y a poder evitar engaños y juegos peligrosos o al menos neutralizarlos desde las herramientas que la democracia nos ofrece

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  • Guillermo Chéspir Guillermo Chéspir 18/01/21 12:59

    En los últimos años hemos visto algún desafío a la democracia donde está supuestamente bien consolidada, en los que alguna máxima autoridad electa, en base al descontento de una parte importante de la población y con la promesa de soluciones radicales, ha llamado a no respetar resoluciones de las máximas autoridades judiciales no sólo a sus partidarios, sino a autoridades parlamentarias, a representantes elegidos en base a las mismas leyes desafiadas y también a autoridades de fuerzas de seguridad, conduciendo al quebrantamiento de la ley, a intentos de ocupación de sedes parlamentarias y oficinas gubernamentales. Adicionalmente, no se ha querido reconocer resultados electorales que situaban a esos desafíos en minoría, conduciendo a división y enfrentamiento social, a agresiones entre grupos opuestos y a las autoridades policiales que han requerido de la movilización de fuerzas de seguridad adicionales y han acabado en el procesamiento parlamentario o judicial de la autoridad máxima y de otros líderes de dichos desafíos antidemocráticos.

    ¿EE.UU. o Cataluña?

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  • MIglesias MIglesias 18/01/21 12:49

    La palabra moldea nuestra visión del mundo, por eso la primera tarea del fascismo es apropiarse de las palabras pervirtiendo su significado y por eso es necesario, hoy más que nunca, llamar a las cosas por su nombre.

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  • Frank O´Cannon Frank O´Cannon 18/01/21 12:49

    Análisis certero que comparto. Gracias.

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  • Canija Canija 18/01/21 08:11

    Es triste que los votantes de la ultraderecha de este país no sean lectores de este tipo de artículos 

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    • Dver Dver 19/01/21 23:04

      No. No leen ni piensan. Cuesta demasiado esfuerzo.

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    • yokin yokin 18/01/21 08:25

      Yo creo que leer, lo que se dice leer, no leen, solo escuchan lo que quieren escuchar. Un saludo.

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  • yokin yokin 18/01/21 07:59

    Como siempre, un placer leer su ponderada opinión sobre asuntos importantes, y el resurgimiento del fascismo lo es, en el final de su artículo nos advierte de la utilización de la Democracia por parte del fascismo para destruirla, como así lo hizo en el pasado y recientemente en los EEUU, donde tendrán que imbestir a su presidente protegido por la Guardia Nacional, la derecha española debería tomar nota, con su actitud está dando alas a "nuestros fascistas" que cada vez son más, y con la segura depresión económica consecuencia de la pandemia, serán muchos más, y los primeros en caer serán ellos, después será nuestra imperfecta Democracia, así que como dice el Sr. Juez, estamos avisados. Saludos.

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    • Dver Dver 19/01/21 23:03

      No estoy de acuerdo. Quien debe tomar nota son los lideres de la izquierda, o supuesta izquierda, pues como no reparta la riqueza, poca o mucha, la que haya, ya tenemos a los fascistas (ojo, los votos, que dan el poder,, no a los gritones que siempre existiran( en la calle y en el Parlamento.

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  • Angel Viviente Angel Viviente 18/01/21 00:41

    Acertado analisis.
    Es innegable el influjo del trumpismo en las estrategias de las ultraderechas europeas.
    En nuestro pais, alimentado por los restos del franquismo  fascista que se ha visto crecido y apoyado. A su vez este crecimiento fascista ha arrastrado politicas de partidos de derechas hacia posiciones mas ultras en vez de hacia estrategias mas civilizadas. Esto ha sido asi en España y en otros paises europeos y de otros continentes.
    Es innegable la nefasta secuela que nos deja de este individuo.

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