X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Plaza Pública

El eslabón

Publicada el 10/06/2021 a las 06:00

España está viviendo unos meses de respiro. El mejor funcionamiento pulmonar se debe a que, por fin, estamos pasando un tiempo sin comicios, ni municipales, ni autonómicos ni estatales. ¡Uf!, ¡por fin! Ello permite a los políticos ahorrarse gestos histriónicos, promesas irrealizables y zafios ataques a los contrincantes.

Bueno, lo dicho no es exacto. La oposición de derechas, en barbecho estatal, continúa con su labor de zapa, royendo los cimientos de las instituciones. Salvo en Cataluña, en la que es una parte de su gobierno la que dedica algún tiempo a ello, a expensas de una labor de gestión abandonada los últimos años.

¿En qué vamos a centrarnos ahora?, pueden preguntarse algunos. A la derecha, la respuesta es clara: sigamos en lo mismo. El objetivo era, y es, conseguir votantes para cuando vuelvan las urnas. Y si mientras tanto se degrada algo más la confianza ciudadana en las instituciones (aun a costa de ser parte del “todos son iguales”), pues miel sobre hojuelas. Pero a la izquierda, atareada como está en la salida de la pandemia (la del covid, claro; la populista ha venido para quedarse y por ahora no tiene vacuna), no le queda resuello para otros menesteres.

Así que no será de extrañar que, cuando volvamos a expresarnos vía papeleta, los resultados sean adversos para estos últimos. Quizá algunos aspectos de su gestión hubieran podido ser mejores, aunque no quiero ni imaginar cómo estaríamos si el responsable hubiera seguido siendo Rajoy. Pero no se trata de eso. En las urnas se enfrentarán la consideración de una gestión de gobierno mal comunicada y dañada por una pandemia inesperada e inmisericorde y, enfrente los que recogerán los frutos de su constante esfuerzo de erosión de todo lo que se mueva en el Gobierno, sea cierto o no, su constante “caca, pipi, culo”, su desobediencia en nombre de conceptos secuestrados como nación o libertad. Se lo habrán trabajado, día a día, en la calle, y, si consiguen el poder, el país lo sufrirá una buena temporada. Se afianzará la desconfianza en las instituciones, en favor de líderes mesiánicos y lobbies paralelos.

¿Y el ciudadano? ¿Alguien piensa que, tres semanas antes de acudir a las urnas, leerá y analizará los programas electorales, sopesará las consecuencias a medio y largo plazo de una y otra forma de entender la política y sus consecuencias para el futuro común? Lo que prevalecerá será la lluvia fina que habrá ido cayendo envuelta en gestos grandilocuentes, toscas acusaciones o sutiles insinuaciones. Y para ello no hay vacuna, pero sí tratamiento: dosis homeopática de acercamiento, de franca exposición de los motivos por los que se hace algo, de las dificultades halladas, de los resultados conseguidos. Día a día, de boca a oreja, de cerebro a corazón. Mensajes, muchos de los cuáles caerán en tierra estéril, pero otros no, e irán cuajando un estado de opinión, ampliando la nómina más allá de los ya convencidos.

¿Pero cómo dedicarse a ello si no se da abasto, entre Europa y Marruecos, entre los sanitarios y los hosteleros? (¡Ah! Y los catalanes, a los que se han sumado los madrileños). Quizá la respuesta esté en la sociedad civil, agrupada en núcleos de interés. Llevo el agua a mi molino, y pido perdón por ello, para agradecer sinceramente a infoLibre la promoción de mi libro Participar hoy, ofreciéndolo a sus nuevos suscriptores. En él, una de las constataciones es la falta de actividad divulgadora de los colectivos entre la ciudadanía en general, más allá de los ya adictos, de la ausencia de difusión de sus objetivos y su base ética. Las encuestas demuestran que en la participación se cumple la regla de Nielsen para las redes sociales: 90-9-1, o sea que en un colectivo (por ejemplo, para reivindicar un derecho social), hay un 1% de realmente activo, un 9% de colaboradores esporádicos, y un 90% (¡sí, un noventa!) de lo que el autor llama “mirones”. Es en esta legión de los que reciben pero no integran la información a su comportamiento, donde sí cala la lluvia fina demagógica, por fácil y edulcorada, y no los discursos políticos ni los análisis de prospectiva. Es en este segmento donde se echa en falta la labor cotidiana de los innumerables grupos centrados en una mejora social. Pongo un ejemplo: si la misión fundacional de una asociación es promover una sanidad de calidad, gratuita y universal, es lógico que se manifieste para presionar al gobierno, del color que sea, para que sus leyes vayan en dicho sentido. Pero es necesario también, tanto o más, que se esfuercen por convencer a los integrantes de las colas en los centros de salud, en las listas de espera, en los colectivos profesionales precarios, de que no será lo mismo una opción política que otra, que los resultados diferirán y su efecto durará años, si no décadas. Quizá algunos de estos “mirones”, el día de los comicios, aúne estos impactos con los de la educación, la justicia, la fiscalidad y tantos otros, y todo ello le lleve a dirigir su mano a la papeleta que favorezca al conjunto de la ciudadanía y no a unos pocos. He dicho quizá, pero tengo el convencimiento que estos “algunos” serían los suficientes para orientar la política del país. Así, los colectivos reivindicativos, acompañados de una información fidedigna, tan necesaria, serían el eslabón recuperado para una renovación política, pues evitarían el cortocircuito que se está intentando provocar en la relación del ciudadano con una administración desgastada por la crítica destructiva.

Se debería evitar la arrogancia de quien cree que está en lo cierto, aunque fuera así. Aunque todas las opciones políticas se reclamen defensores del bien “de todos”, lo cierto es que a algunas ni tan siquiera se les pasa por la cabeza. Incluso en el caso de que su gestión haga aumentar el PIB global, en el caso del neoliberalismo populista se cumple el aforismo del promedio: Cuándo comemos medio pollo per cápita, uno se lo come entero y el otro ni lo huele. No, no basta con hacer lo correcto. Es preciso que se perciba y se interiorice. Y ello, dado el descrédito (conseguido con años de esfuerzo) de la política de partidos, es tarea ineludible para los colectivos sociales. Día a día, amigo a amigo, contacto a contacto. Con humildad y firmeza. Aunque cueste.

___________________

Antoni Cisteró es ingeniero y escritor, su último libro se titula 'Participar Hoy'. También es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre.

 

Publicamos este artículo en abierto gracias a los socios y socias de infoLibre. Sin su apoyo, nuestro proyecto no existiría. Hazte con tu suscripción o regala una haciendo click aquí. La información y el análisis que recibes dependen de ti.
Más contenidos sobre este tema




4 Comentarios
  • MOR MOR 10/06/21 09:19

    El objetivo de las derechas está claro, recuperar el poder sea como sea, y tras recuperarlo, deshacer todo lo hecho por el actual gobierno..¿ que qué hubiera hecho la derecha, si hubiera gobernado en la pandemia ?, pues no me cabe duda que nada de nada, exactamente lo mismo que Trump y Balsonaro. Primero negar los hechos y luego nada de ayudas a todos los colectivos, nada de nada; seguir trabajando como si nada, mentir con la inmensa cantidad de muertos ( ya lo han hecho con las residencias), llevar al desastre total a la nación y ¡ cómo no! culpar de todo a la izquierda. Porque lo suyo es la economía y sus amigos los empresarios, ésos que les " ayudan " económicamente en las elecciones acambio de contratos, ya sabemos. ¿ y cual es el verdadero y profundo problema ? creo que está bien claro, que la derecha económica no está dispuesta a perder ni un ápice de su poder, y por eso invierten en comunicación parte de sus enormes ganancias. Y ahí están los radiopredicadores de la mañana, tertulianas/os de todas las TVS , con sus bulos y mentiras tratando de tumbar al Gobierno democrático ( el Gobierno que más ha ayudado a todos los colectivos en esta pandemia de toda la historia), pero´éllos ahí los tienes dia tras día, convenciendo a la gente para que en el momento oportuno y con cualquier evento imprevisto, puedan ganar y volver a la ciudadanía a la oscuridad. Vean el ejemplo de la Cdad. de Madrid, esta pobre mujer, con cuatro frases escogidas que eran las que querían oir los ciudadanos, como libertad de ir al bar , la cervecita, hacer lo que me da la gana, que este Gobierno no me deja y así y todo el brazo mediático han convencido a la gente y han puesto, de nuevo, y con más poder al ultraconservadurismo carca en la Asamblea de Madrid, sin programa, con la peor gestión de la pandemia de todas las Autonomías; pero ahí está. Luego vendrá las quejas de la pobre gente, que no me dan cita para el médico, que privatizan todo, que me operan dentro de 7 meses, que baja los impuestos, pero a los ricos.. y así. ¡¡¡¡ Y que la gente le cueste tanto despertar !!!!

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    7

    • ACistero ACistero 11/06/21 20:13

      Gracias por tu comentario, Mor. Me centro en tu última frase: ¡Y que a la gente le cueste tanto despertar! Y sí, es verdad, pero ¿y el despertador? Lo que hay es una música (más bien un barullo) que aún adormece más.
      La labor de limpiar los tapones de los oídos es de hormiguita, día a día. Luego, un toque de cornetín, el día menos pensado, podrá hacer levantar a la "pobre gente"

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

  • Angel Viviente Angel Viviente 09/06/21 23:18

    Efectivamente, esa lluvia fina va calando.
    La lluvia de las mentiras que, aunque se desenmascaren,  quedan ahí. La mala comunicación de mensajes por parte de la izquierda no es capaz de competir con los bulos y las tinieblas de la España dieciochesca, de la España que te parte el corazón.
    Mensajes simples y bien concebidos por los comunicadores de esa España profunda y que calan, véase Madrid.
    ¿Participación?  Bonita palabra que se repite en labios de los que siguen ahi, dando el callo, como el autor de este articulo, y que, como él, piensan que este mundo no tiene solución si no se involucra mucha gente que sea capaz de cambiar unas cervecitas y la “cap of cofi en plaza mayor” por la reivindicacion de una Sanidad y Educacion publica de calidad y de la defensa de los Derechos Humanos, con vivienda y trabajo digno para todos.
    Sin participación, al nivel que cada uno considere, seremos siervos de los poderes económicos y politicos del momento.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    8

    • ACistero ACistero 11/06/21 20:18

      Sí, Angel, participación (y gracias por tus aportaciones a la mesa redonda de presentación). Pero también eficacia. No malgastar la energía (siempre escasa en la izquierda) en salvas o, lo que es peor, en peleas bizantinas (sí, bizantinas, porqué el contrincante está ahi enfrente, mirando satisfecho, y con las huestes intactas.
      Gran parte de la participación es voluntariado, y eso es encomiable, pero ello no significa que no se deba realizar con el mismo rigor y compromiso que si fuera en el ámbito profesional (el que sea, hasta donde se quiera, pero una vez decidido, ¡a todas!)

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

Lo más...
 
Opinión