El blog del Foro Milicia y Democracia quiere ser un blog colectivo donde se planteen los temas de seguridad y defensa desde distintas perspectivas y abrirlos así a la participación y debate de los lectores. Está coordinado por Miguel López.
El lamentable comportamiento de nuestros “aliados” con la crisis de Ceuta
La crisis que acabamos de vivir en la ciudad autónoma de Ceuta, propiciada por el gobierno del sátrapa Mohamed VI, ha llevado al posicionamiento de varios gobiernos europeos, socios en la UE. Ni que decir que las columnas que sustentan el club comunitario han quedado resquebrajadas por la falta de confianza y la ausencia total de solidaridad con un miembro fiable como es España.
Las cosas no pasan por casualidad, sino por causalidad. Casi siempre.
En primer lugar, yo destacaría la mejora de las relaciones de nuestro Gobierno con Argelia —eterno enemigo de Marruecos— con el reciente anuncio, al finalizar la visita de Pedro Sánchez a Argel, de la VIII reunión de Alto Nivel hispano-argelina prevista para el próximo mes de octubre. Ahí habrá que recomponer cuestiones clave como enterrar la crisis diplomática de 2022, cuando el Gobierno español se puso del lado marroquí en el conflicto del Sáhara Occidental. La otra cuestión, no menos importante, es la de relanzar, aumentándolo, el suministro de gas argelino.
Otra causa es la reciente sentencia del Tribunal Supremo que “prohíbe las devoluciones en caliente de personas que acceden a nado”, pues esa forma de entrar en territorio español no supera elementos de contención fronterizos, como son las vallas. El origen es la decisión de un juzgado de Ceuta, y posteriormente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, al resolver un recurso de un inmigrante argelino contra su devolución en caliente a Marruecos tras ser interceptado nadando para intentar entrar en Ceuta.
Lo que hace la sentencia del TS es compartir ese criterio que interpreta la Ley de Extranjería, donde se regulan las devoluciones exprés, creando así jurisprudencia.
Viene a cuento recordar aquí la tragedia de Tarajal de 2014, donde murieron ahogadas al menos catorce personas, al tratar de evitar o como consecuencia de las balas de goma, salvas detonadoras y botes de humo lanzados por la Guardia Civil (fueron imputados 16 guardias civiles pero la causa fue finalmente archivada). También la vergonzosa desgracia de junio de 2022, cuando perdieron la vida más de treinta personas y hubo decenas de desaparecidos, en un intento de salto a la valla de Melilla. Curiosamente, en estos dos casos la mayoría de los migrantes eran subsaharianos y ahora los protagonistas han sido marroquíes casi en su totalidad. También destacan los números: unos 250 migrantes en 2014, alrededor de 2.000 en 2022 y al menos 50.000 el jueves 30 de julio pasado.
Añadamos una tercera causa (probablemente habrá más), que es la reciente aprobación de una proposición de ley que concede la nacionalidad española —sería más bien recuperación de la misma— a los saharahuis nacidos cuando el territorio era colonia española y a sus descendientes, quedando abierta la vía para que se convierta en ley (en homologación con los latinoamericanos y los ecuatoguineanos).
Circulan por Internet imágenes de vídeo —no desmentidas hasta ahora— que muestran cómo contingentes de jóvenes, en su mayoría varones y muchos menores, son transportados en camiones volquetes y desembarcados en plena carretera con la pasividad, si no colaboración, de agentes marroquíes.
La reacción del Gobierno español ha sido tratar de quitar hierro al asunto rechazando estas causas que menciono y señalar a las “mafias que trafican con seres humanos” como el origen del envío de decenas de miles de jóvenes hacia Ceuta mediante engaños en redes sociales. Ningún reproche a Marruecos, con el que trata por todos los medios de mantener un tono conciliador, algo que no casa con la realidad, pues un movimiento de tal envergadura no se prepara en 24 horas y, desde luego, no puede escapar al radar de las fuerzas de seguridad marroquíes.
El suceso apesta a un intento de desestabilización política en toda regla dirigido desde el palacio real de Dar al-Majzén
Y qué decir de nuestros servicios de inteligencia, tanto militar como civil, que debían estar a por uvas los días anteriores al no detectar el movimiento de un contingente cercano al de la población de Ceuta (80.000 habitantes). ¿Qué tiene que decir el CNI como receptor de las numerosas “antenas” que tiene desplegadas en territorio marroquí? Desde luego, urge una explicación por parte del ministro Grande-Marlaska, en sede parlamentaria, sobre si fue advertido por sus servicios e hizo caso omiso (lo que sería muy grave y exigiría dimisiones), o por el contrario no lo fue y sería igualmente grave.
Reacción de los países “aliados”
En cualquier caso, a pesar de la narrativa de nuestro Gobierno defendiendo la idea de que Marruecos es un aliado que ha colaborado en todo momento, el suceso apesta a un intento de desestabilización política en toda regla dirigido desde el palacio real de Dar al-Majzén.
Desestabilización que cuenta con la inapreciable ayuda de Washington cuando declara, a través de la portavoz de la Casa Blanca, que lo ocurrido en Ceuta es consecuencia de “las políticas de extrema izquierda” que facilitarían la inmigración masiva, en clara referencia a la regularización llevada a cabo este año en España.
Por su parte, un informe del Congreso estadounidense menciona a las ciudades de Ceuta y Melilla como enclaves (Spanish-administered cities) situados en territorio marroquí y sugiere la reclamación legítima de Marruecos de su soberanía.
En la misma línea se expresa el embajador israelí en la ONU, Danny Danon, que acusa a España de mantener “enclaves coloniales en África”. Con la cara más dura que el mármol verde de la Asamblea General, lo dice el representante de un Estado genocida, cuyo primer ministro es perseguido por el Tribunal Penal Internacional y sus colonos judíos expolian tierras y asesinan impunemente a palestinos de Cisjordania día tras día.
Sin embargo, de la reacción internacional a este suceso, lo que más sonroja y más nos debe preocupar como ciudadanos, es la reacción de determinados países miembros y líderes de la UE.
Italia ha recibido en los últimos cinco años el doble de entradas irregulares que España
Así, la presidenta del Consejo de Ministros italiano, la neofascista Giorgia Meloni, anunció casi de inmediato que su gobierno decidía “suspender temporalmente el acuerdo de libre movimiento permitido en el espacio Schengen”, reintroduciendo los controles de frontera con España.
De manera similar, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen y la ministra de Interior finlandesa, la ultraderechista Mari Rantanen, apoyaron explícitamente a Meloni en la idea de excluir a España del espacio Schengen, sumándose con sus declaraciones a otras voces de la extrema derecha europea, como la del francés Jordan Bardella o el inglés Nigel Farage, amén de la adhesión de los diferentes especímenes de la fachosfera patria, como Santiago Abascal, Alvise Pérez, Vito Quiles o los descerebrados neonazis de Núcleo Nacional.
Por cierto, Frederiksen ha olvidado muy pronto que toda Europa se ha solidarizado con Dinamarca, sin fisuras, en las repetidas ocasiones en que Donald Trump ha declarado su apetencia por Groenlandia.
También por cierto, Meloni parece obviar que si algún país hace aguas en el control de fronteras, ese es Italia, que ha recibido en los últimos cinco años el doble de entradas irregulares que España.
En fin, este episodio ha servido para que se retraten líderes y gobiernos que oficialmente se consideran “aliados”, “socios” o “amigos”. A Pedro Sánchez le ha dejado solo —y con él a España— una gran parte de los países miembros de la Unión, rompiendo así la supuesta solidaridad europea ante problemas externos. Uno de los más carismáticos e influyentes líderes de la UE ahora aparece como un paria entre los suyos, según aprecia acertadamente el prestigioso medio Politico. Como reacción, nuestro presidente ha enviado una carta a los líderes europeos, a través de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, tachando de “egoísta e ilícita” la posición de algunos países, y reclamando una reunión urgente de ministros de interior.
Pero dejémonos de hipocresías y digámoslo sin filtros: Marruecos es nuestro principal enemigo desde hace muchas décadas y así lo demuestra periódicamente. Y Estados Unidos, por su parte, proporciona más inseguridad e inestabilidad (de todo tipo) a España —y a la UE en su conjunto— que algunos “enemigos” oficiales.
Y respecto a Marruecos, ¿para cuándo un cambio de política del Gobierno español? No les fue suficiente la Marcha Verde de 1975 por la que ocuparon el Sáhara Español, entonces provincia española; no les fue suficiente el giro histórico de nuestra política exterior en 2022 con la aceptación de una autonomía para el Sáhara Occidental, abandonando así la neutralidad activa de España en torno a una solución pactada en la ONU. Tampoco les fue suficiente el silencio español ante los espionajes telefónicos atribuidos a Marruecos (asunto Pegasus) y no les será suficiente que el presidente Sánchez haya eludido toda crítica al régimen marroquí en esta última crisis. Las políticas continuas de apaciguamiento no han funcionado ni funcionarán a tenor del comportamiento del país magrebí. El pacto de contención de los flujos migratorios —subsaharianos y propios— y del terrorismo islamista no es más que una llave de grifo que Marruecos abre y cierra a su antojo y que utiliza como herramienta de chantaje. ¡Y con este socio vamos a compartir sedes en la Copa Mundial de Fútbol de 2030!
Para terminar, en una visión global, lo que se está jugando aquí es el control a corto-medio plazo del Estrecho de Gibraltar por donde circulan millones de toneladas de mercancías y que, como señala acertadamente Enric Juliana, “forma parte de la cadena crítica de un mundo en guerra”.
España tiene uno de los escasos gobiernos progresistas de Europa (con unos datos macroeconómicos envidiables) y algunos dirigentes —españoles y extranjeros— hacen y harán todo lo que esté en sus manos ("el que pueda hacer, que haga", Aznar dixit) para matar políticamente a Pedro Sánchez y su gobierno de coalición y dar paso a un gobierno más conforme con las doctrinas económicas e ideológicas mainstream.
En una visión humana, entristece ver cómo un monarca sin escrúpulos incita a decenas de miles de jóvenes a jugarse la vida y perderla (ya son más de 80 los cadáveres) porque se sabe impune y blanqueado por la casi totalidad de la comunidad política internacional. Asco.