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En Transición

Silencio, se negocia

Fin de semana de silencio y discreción mientras los equipos de negociadores trabajan para alcanzar un acuerdo de Gobierno. Es de suponer que sobre la mesa estará el documento que el PSOE remitió hace unos días a Unidas Podemos, las respuestas, propuestas, enmiendas y aportaciones que éstos quieran plantear, y el apoyo técnico preciso para garantizar que las medidas allí acordadas pueden hacerse realidad y que los medios necesarios se ponen a disposición. Que a nadie se le olvide que la política española se sigue rigiendo por los Presupuestos Generales del Estados aprobados por el gobierno de Rajoy para el año 2018. Y por supuesto, los nombres. Demasiadas veces en la vida el "qué" depende del "quién".

A este fin de semana le ha precedido un larguísimo periodo de toma de contactos, reuniones discretas entre terceras y cuartas filas, y finalmente dos semanas donde primero se ha elevado la tensión al máximo –recuerden cómo estábamos hace solo unos días– para acabar en el desenlace del viernes cuando Pablo Iglesias anunció que renunciaba a estar en el Consejo de Ministros si eso daba paso a la presencia de otras personas de la formación morada y a un acuerdo programático. En realidad, algo parecido, aunque con final distinto, sucedió ya en 2016 cuando, mientras se intentaba el acuerdo nonato de Podemos, PSOE y Ciudadanos, Iglesias ya se ofreció a inmolarse para facilitar el acuerdo. Habrá quien piense que este final estaba escrito desde el principio, y puede que así sea, pero lo cierto es que la jugada ha ido encaminada a hacer "jaque" en el último momento, y sólo la renuncia de Iglesias a estar en el ejecutivo ha impedido el "mate". Si no lo hubiera hecho hubiera sido muy difícil de explicar, tanto en el interior de un Podemos fracturado y en grave crisis interna como entre sus electores, que el puesto del Secretario General valía más que un Gobierno de España. Si alguien tiene dudas le bastaría con observar lo que está pasando en La Rioja, donde la única diputada de Podemos ha impedido un gobierno progresista, abriendo una grave crisis interna con repercusiones que no tardarán en aparecer.

Nótese que en las últimas horas ha desaparecido del debate el resultado de la consulta de Podemos a sus bases –que en estricta lógica no debería aceptar este acuerdo– demostrando que la formulación de las preguntas dejaba manos libres a la dirección para tomar las decisiones oportunas. También se han silenciado las exigencias del PSOE de que los ministros y ministras de Unidas Podemos tuvieran un notable perfil técnico. Lo apunto a efectos de poder valorar este tipo de posicionamientos en futuras negociaciones.

Una coalición es solo un medio, jamás un fin

Así las cosas, creo que no es ninguna ingenuidad pensar que, paradójicamente, tanto PSOE como Podemos han salido victoriosos de este primer envite. Los primeros porque consiguen formar gobierno, dejan claro que es competencia del presidente elegir a sus ministros y ministras, y dejan fuera a quien podría crear mayores obstáculos para el funcionamiento de un equipo cohesionado y el liderazgo de Sánchez. Por parte de Podemos, no sólo se incorporan al Consejo de Ministros formando, como pedían, un gobierno de coalición con presencia de destacados dirigentes, sino que Iglesias se relegitima y recupera parte de su liderazgo dañado. No es, por tanto, mal acuerdo. Solo queda esperar que, de aquí al jueves 25 de julio, donde se producirá la segunda votación para la investidura de presidente del Gobierno, todo pueda ir encaminándose sin sobresaltos.

Es imposible obviar, sin embargo, que esto es solo el comienzo de una legislatura que se augura compleja y tensa: la sentencia del procés, la evolución del conflicto en y con Cataluña, las intensas transiciones que hay que acelerar –la ecológica, la laboral, la relacionada con la tecnología, la de profundización democrática, etc–, una derecha dividida en tres peleando por un único electorado y por lo tanto tendente a la sobreactuación, y un Parlamento fragmentado donde será preciso el apoyo de varios grupos para sacar adelante cualquier propuesta, donde, les guste o no, tendrán que acudir a la famosa geometría variable en más de una ocasión. No descubro nada nuevo si aventuro que vamos a ver votaciones de todas o casi todas las combinaciones posibles.

¿Se ha librado Unidas Podemos de ese "jaque" dado por el PSOE? Lo dudo. En este escenario el PSOE no lo tendrá fácil para poder sacar adelante todo lo necesario contentando no sólo a su socio de gobierno sino al resto de fuerzas políticas cuyos votos necesita. Pero Unidas Podemos se enfrenta a un reto de naturaleza distinta: habrá de demostrar que es una fuerza capaz de gobernar y gestionar llegando a acuerdos con sus socios y pactando con la realidad, y al mismo tiempo mantener ese carácter alternativo que les da la posición "a la izquierda del PSOE" para poder conservar un espacio propio que les permita retener a su electorado. Los morados arriesgan una de las cosas más importantes que hay que en política, la de demostrar que son una alternativa útil. Por algo en Portugal el Bloco de Esquerda, los comunistas y los verdes han dado su apoyo al gobierno socialista de Antonio Costa sin entrar en el ejecutivo. Es posible que, dure lo que dure esta legislatura, en más de una ocasión desde Unidas Podemos les miren con envidia.

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