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Plaza Pública

Una moción de censura

Odón Elorza

Este martes he pretendido, tímidamente, llevar al ánimo del Grupo Parlamentario Socialista la necesidad de acordar una iniciativa que no ha visto la luz en el Congreso en este curso legislativo tan deprimente. De nuevo, he querido explicar la conveniencia de su presentación. Me refiero a la moción de censura a Rajoy.

Pero mis pobres reflexiones no han encontrado suficiente receptividad. Aunque insistir en ello –antes ya lo hice a la dirección por escrito y de palabra– era para mí una cuestión de coherencia personal en el desempeño de la función de diputado socialista. Nunca me podré reprochar no haberlo intentado.

Estos días venimos comprobando cómo desde voces autorizadas de portavoces socialistas se exige a Rajoy que dé la cara en el Congreso, que no se esconda y responda de la financiación irregular del PP a través de la trama Gürtel. Entiendo que lo que buscamos con estas declaraciones, aunque el PP ni se inmute ni quiera rendir cuentas, es imputar responsabilidades políticas a Rajoy.

Sin embargo, no estamos haciendo uso de la facultad de proceder hasta las últimas consecuencias, aunque pueda parecer un gesto testimonial, presentando la moción de censura. Es la manera de garantizar que la denuncia pasará del Parlamento de papel al de la soberanía ciudadana. En mi opinión se trata de defender la dignidad del sistema democrático y la función del Parlamento frente a quienes se burlan de todo.

Hay algo, también, que sorprende. Y es que conocedores de que Rajoy y el PP no nos hacen ni harán ningún caso, no utilicemos la palabra "dimisión" dirigida a Rajoy como presidente del Gobierno y máximo responsable del PP. Deben existir poderosas razones para no pedir ya la dimisión de Rajoy, pero se me escapan.

No hace falta recordar los últimos escándalos, pero el hastío ciudadano bordea una situación límite e impone la presentación de una moción de censura al Gobierno. Este es un resumen de los motivos:

  1. Se dan todas las circunstancias objetivas de mala gestión, incumplimientos electorales, retrocesos en derechos y libertades, agravamiento de las desigualdades, precariedad laboral, paro y pobreza
  2. El clima político resulta irrespirable, contaminado por los escándalos de corrupcion y la ausencia de ética en la vida política por parte de quienes han demostrado que carecen de moral.
  3. Devolver el prestigio al Parlamento requiere una iniciativa de calado, cuando menos para que recupere su papel central de control al gobierno y de marco de exposición y debate de una alternativa justa y de progreso; en este caso de los socialistas, pero también de otras fuerzas de la oposición para salir de la crisis de modo diferente a como lo viene haciendo la derecha.

No tengo ninguna duda de que una moción de censura, tras las elecciones de Andalucía, reforzaría el liderazgo y la credibilidad del secretario general del Partido Socialista, Pedro Sánchez, que ya demostró su preparación y tablas en el último debate sobre el estado de la nación. Pues bien, entiendo que al no hacerlo se desperdicia una gran oportunidad que nos permitiría anticipar y divulgar las bases programáticas de nuestro modelo de país. Más tarde habrá demasiado "ruido".

La verdad es que, en clave estratégica para el PSOE, la decisión de censurar al gobierno se podía haber producido en octubre pasado. Pero como quiera que las condiciones persisten al día de hoy, considero una obligación política la presentación inmediata de la moción de censura con candidato alternativo en la persona de Pedro Sánchez, decisión a validar para este supuesto por un Comité Federal del PSOE. ¿Podemos estar equivocados quienes así pensamos?

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Odón Elorza es un diputado socialista por Gipuzkoa

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