El país valencià a la avantguarda d'Ibèria

Un día como hoy, en 1905, nació Federica Montseny, y su vibrante "ahora no somos ni socialistas, ni anarquistas, ni comunistas, ni republicanos. Somos antifascistas, porque sabemos lo que representa el fascismo" es su mejor legado.

Nosotros, y particularmente en el País Valencià con el primer gobierno compartido con fascistas desde la muerte del dictador, también sabemos lo que representa el fascismo de nuestro tiempo, pero quizá como entonces hay demasiada gente que piensa que “no será para tanto” y otra que piensa que todo está perdido, “que cuanto peor antes mejor para siempre”. Por favor, escuchemos a Federica, no seamos ingenuos ni dogmáticos. De hecho, solo hay que ver las votaciones en el Congreso donde es evidente que coincidimos hoy más entre diferentes que lo hacían nuestros antepasados ideológicos. No digo que sea fácil, ni creo que solo sea una cuestión de egos y partidismo, pero de esto también hay demasiado. 

En dos años de Consell del PP, con y sin Vox, hemos visto cómo regresa la privatización de hospitales, se incrementa la desigualdad mientras perdonan impuestos a las grandes fortunas, se niegan a regular el alquiler y se reparten las VPO entre los de su clase, se niega la violencia machista y se recortan derechos LGTBI, se impone la censura a la cultura y se arrincona el valenciano, se manipula en la tele pública, se recorta en educación y en servicios sociales, se destruye la costa y depreda el territorio, se persigue al Open Arms, se eliminan las ayudas a la UNRWA y se criminaliza a los niños y adolescentes que huyen solos de la guerra y el hambre, se roba y se amordaza a la oposición. Una gestión terrorífica cuyo extremo fueron 230 muertes evitables durante la dana por su negacionismo climático, su falta de respeto al autogobierno y su farra en El Ventorro

No hay nada más valencianista que frenar el auge del fascismo que nos aniquilará como pueblo. No hay nada más de izquierdas que frenar el auge del fascismo que nos aniquilará como clase. No hay nada más ecologista que frenar el auge del fascismo que nos aniquilará como especie. Vamos, ahora no hay nada más de Compromís que frenar el auge del fascismo. Para los optimistas, no nos servirá salvar de las garras en las que se encuentra hoy la Generalitat si Abascal manda en La Moncloa. Para los pesimistas, no podría haber peor confluencia que el Consell del Pérez Llorca con Vox tuviera su réplica en La Moncloa. 

El miedo paraliza y la desesperanza nos acomoda a la inercia. Pero el contexto histórico nos obliga a tomar decisiones valientes y generosas que vayan más allá de las trincheras y las siglas. Audacia e inteligencia. Urge acordar un programa de mínimos potente que aporte seguridad: vivienda, transporte cotidiano, derechos sociales y poder respirar aire puro. Urge acordar un discurso rupturista que deje atrás la burocracia de las moquetas. Urge, aunque suene feo, asumir el tamaño de las circunscripciones electorales y la ley d’Hont para confluir. 

Urge acordar un programa de mínimos potente que aporte seguridad: vivienda, transporte cotidiano, derechos sociales y poder respirar aire puro. Urge acordar un discurso rupturista que deje atrás la burocracia de las moquetas

Existe una pulsión popular que nos invita a darnos una oportunidad, pero para ello nos exige que salgamos de nuestra zona de confort. Compromís mismo se fundó gracias a gente que sin el aplauso de sus direcciones tejió la confianza para salir de su pequeña parcela con gentes con las que compartía antes proyecto que partido. Compromís-Sumar fue una respuesta hábil como reacción a la llegada de Vox a la plaza Manises que permitió barrar la llegada de Abascal a la vicepresidencia. Me sorprende que haya quien plantee guardar las esencias, pues nuestra trayectoria es la cooperación heterodoxa y la audacia para resistir cuando las encuestas nos daban por muertos y para gobernar en campo contrario con diferentes. 

Salir de nuestra zona de confort hoy es desbordar Compromís. Plantear tres opciones políticas: fascismo, bipartidismo e izquierdas emancipadoras. Plantear cuatro papeletas en nuestras tres circunscripciones: Vox, PP, PSOE, Compromís con Esquerra Unida, Podem, Movimiento Sumar, ERPV y plataformas municipalistas verdes. 

Una urgencia que queremos que no se teledirija por la M-30. Bien, supondría aprender los errores del pasado, pero esto obliga a asumir un papel activo, podremos equivocarnos, pero no podemos escondernos detrás del telón ni refugiarnos en nuestra sede. Ni mucho menos en los grupos de WhatsApp de los nuestros. No vale esperar a que la burocracia nos diga que tenemos un plazo para coaligarnos electoralmente y relacionarnos bilateralmente con el sujeto que otros hayan construido para las generales nuestro encaje.

Compromís tiene gente, proyecto y capacidad de salir de su zona de confort. Hagámoslo. 

Romper con la M30 exige asumir la multilateralidad en la construcción de un espacio valenciano plural que pueda presentarse en el nuevo ciclo electoral con un programa de país integral para el conjunto de las administraciones públicas. Se equivoca quien crea que las competencias de la Administración General no nos afectan al proyecto de país o quien crea que nuestra propuesta y posición internacional es externalizable a otros partidos “estatales”. Nos toca hacernos cargo de lo local a lo global. Construir comunidad para combatir la soledad social y la hiperconexión de las redes de odio digitales. 

Una confluencia, un frente, una coalición, una cooperativa, encontraremos seguro el nombre, que beba de nuestra cultura política y nos permita dar una alternativa a aquella gente que, entre nosotros y el sofá, mientras ve el fantasma del fascismo, todavía prefiere el sofá. No hacer nada no es una opción.

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Alberto Ibáñez es diputado de Compromís.

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