Plaza Pública

Pfizer y UE: vacunas contra la transparencia

Viales de las vacunas de AstraZeneca y Pfizer.

La vacuna de Pfizer/BioNTech cuesta unas siete veces más que la de Oxford/AstraZeneca según informaciones contrastadas. Son 20 euros frente a los menos de 3 euros de la vacuna repudiada por los países ricos. Hasta el punto de que las dosis de AstraZeneca sobrantes o rechazadas en Europa y USA son donadas al fondo solidario Covax de la OMS para los países de renta baja. Un gesto de caridad insuficiente.

¿Cómo se explica esta enorme diferencia de precio? ¿Es acaso el efecto de AstraZeneca menos eficaz? Además de los casos de trombosis causados por la dosis de AstraZeneca (también de Janssen), con menos de un caso por cada 200.000 personas vacunadas con ella, ¿da menos protección o resiste peor las variantes agresivas del covid-19? Lo que resulta evidente es que, además de la rusa, china y cubana, puede ser la única vacuna accesible, entre las producidas por las grandes farmacéuticas, para los países más vulnerables.

La actitud de opacidad que sigue la Comisión Europea, presidida por Úrsula von der Leyen, es tan desesperante que no prestigia a la democracia y sí ayuda a las posiciones de los sectores que promueven la antipolítica. Esto se ha confirmado con ocasión del reciente megacontrato que ha firmado con el laboratorio alemán BioNTech, en consorcio con la farmacéutica estadounidense Pfizer, para la compra de otras 1.800 millones de vacunas.

Llueve sobre mojado porque en 2020 la Comisión firmó contratos con diferentes farmacéuticas sin darles transparencia ni rendir cuentas, desoyendo las reclamaciones del Parlamento Europeo. Estoy convencido de que este contrato tampoco añade cláusulas de cooperación global obligada para Pfizer, como la concesión de licencias voluntarias no restrictivas en favor de terceras empresas. Ni se aclaran las condiciones de la adjudicación directa en materia de indemnizaciones en caso de efectos secundarios.

Pfizer pasará una factura de 36.000 millones de euros a la Comisión Europea por el nuevo contrato. ¿Somos ingenuos al pedir control y transparencia? A casi nadie parece interesarle poner fin a la opacidad, como corresponde a una democracia cuando se trata de una operación de tanta coste para el presupuesto público. Por cierto, una duda con mucha miga: ¿dónde pagará Pfizer/BioNTech los impuestos de estas operaciones, qué cuantía y cuándo?

Para colmo de la inmoralidad han dejado que Pfizer suba el precio de sus vacunas, aprovechando las necesidades extras de países ricos y el régimen de monopolio que disfruta en el mercado. Recordemos que AstraZeneca quedó descartada para la UE a causa de sus incumplimientos en los plazos de entrega a inicios del presente año.

Mientras en algunos Estados se habla de poner una tercera vacuna de refuerzo (con el empuje de Pfizer, por supuesto), las farmacéuticas no permiten aumentar la producción para hacer llegar la vacuna a los países que aún no recibieron ni la primera dosis. Esto se ha visto en las reuniones de la Organización Mundial del Comercio, cuyos miembros no han podido consensuar una suspensión temporal de las patentes con obligación para las farmacéuticas de transferir los conocimientos claves y las tecnologías para producir las vacunas en laboratorios preparados y establecidos en los llamados países del sur.

Por otra parte, ni USA ni la UE harán caso a la petición de la OMS de retrasar la tercera dosis. Y aunque falten datos e informes de la OMS y de la EMA sobre su necesidad, lo que cuenta es la próxima celebración de elecciones en Francia y Alemania.

Lo cierto es que la pandemia está sacando a la luz las flaquezas del sistema democrático ante la insuficiente solidaridad de los Estados en las reuniones de la OMC para garantizar que las vacunas lleguen a todo el planeta. También ha puesto de manifiesto el poder de las grandes farmacéuticas para hacer su negocio y la debilidad de los líderes políticos.

La opinión pública debiera movilizarse ante la demostración de que la pandemia nos sitúa en un estado de emergencia planetaria de larga duración, con 4,2 millones de muertos y 202 millones de infectados. Porque nos supone la vida conseguir que lleguen ya las vacunas de esas miserables farmacéuticas a todos los rincones del planeta. De lo contrario, como se está viendo, el virus seguirá extendiéndose con variantes cada vez más agresivas.

Si la pandemia y la emergencia climática que afectan a toda la población del planeta no nos enseñan a ser una ciudadanía solidaria, y a que los gobiernos establezcan estrategias éticas de cooperación global en los organismos internacionales, es que no tenemos remedio.

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Odón Elorza es diputado del PSOE por Gipuzkoa.

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