La nueva legislatura

El abandono del 'núcleo duro' de Rivera deja a Arrimadas el control de Ciudadanos en pleno dilema sobre la investidura

Lorena Roldán, José Manuel Villegas, Albert Rivera, Inés Arrimadas y Fernando de Páramo, en una reunión del Consejo General de Ciudadanos el pasado 29 de julio.

Inés Arrimadas ya es la única superviviente del núcleo duro de la dirección de Ciudadanos núcleo duro . El anuncio de la retirada de José Manuel Villegas, secretario general y mano derecha de Albert Rivera durante casi toda la vida del partido, y el abandono inmediato de Fernando de Páramo, secretario de Comunicación durante los últimos cinco años, despeja a la portavoz parlamentaria de los naranjas el control efectivo de la organización justo en las semanas previas a la constitución de las Cortes y de la sesión de investidura a la que aspira a presentarse el actual presidente en funciones, Pedro Sánchez, con la intención declarada de formar un gobierno de coalición con Unidas Podemos.

La diputada catalana será, con toda probabilidad, la sustituta de Rivera en el congreso extraordinario que Ciudadanos celebrará el próximo mes de marzo. Ningún dirigente, permanezca o no en el partido, y ningún cargo institucional discuten sus credenciales. Y ahora que ya es, de facto, la líder de la formación, será ella quien capitanee la decisiva etapa de transición en la que Cs debe resolver, de una tacada, la crisis abierta tras el hundimiento electoral del 10 de noviembre en el que Cs perdió más de 2,5 millones de votos y 47 de 57 diputados, y la posición del partido ante la constitución del Congreso y la investidura. Rivera protagonizó esa campaña, Villegas la dirigió y de Páramo la coordinó. Los tres están fuera.

El debate interno sobre el rumbo político a tomar a partir de ahora es una evidencia en las filas del partido, entre sus dirigentes y también entre sus militantes. Francisco Igea, vicepresidente de Castilla y León en un Gobierno liderado por el PP y que a punto estuvo de ser excluido de las listas autonómicas mediante un pucherazo cuyo origen sigue sin ser aclarado, propone una vuelta a posiciones “abiertas” y “tolerantes” a través de un “proceso de participación limpio”.

Arrimadas, sin embargo, no cree que haya que modificar un rumbo que ella misma contribuyó a forjar y que defendió con vehemencia mientras los dirigentes más centristas abandonaban la organización en un goteo continuo. No hace falta “cambiar la ideología” del partido, declaró en un entrevista concedida a Telecinco. Bastará con realizar “cambios estructurales”, que no precisó, y aprovechar la crisis actual para dar paso a “una nueva etapa”.

La portavoz naranja quiere “levantar de nuevo este proyecto de centro liberal” que, a su juicio, España necesita “más que nunca”, utilizando como palanca el proceso de primarias internas para elegir nuevo presidente con el fin de que el partido salga “reforzado” y “unido” apenas unos meses después del fracaso cosechado en las elecciones. “No creo que haya que hacer un partido nuevo ni cambiar la ideología, hacen falta cambios estructurales”, señaló.

Su intención es “escuchar a todo el mundo” y, aunque no aclaró si buscará el reingreso de los dirigentes centristas que tiraron la toalla cuando Rivera decretó el cordón sanitario contra el PSOE, sí aseguró que “Ciudadanos es un partido abierto y tiene que seguir abierto a gente nueva que no está pero que estoy convencida de que se incorporará”.

Descabezado y todavía traumatizado por la experiencia de pasar de 57 a 10 escaños en sólo seis meses, Ciudadanos aún no ha sido capaz de sacar ninguna conclusión práctica de lo ocurrido ni de las causas que han provocado su histórico hundimiento electoral. Arrimadas admitió la necesidad de “hacer autocrítica”, pero no entró en el fondo del asunto. “Uno no saca ese resultado solo por circunstancias externas, seguro que hay circunstancias internas que influyen. Desde luego, tuvimos errores de estrategia, probablemente desorientamos un poco al electorado sobre lo que íbamos a hacer”, afirmó aludiendo a la decisión de mostrarse dispuestos a desbloquear la legislatura aunque ganase Pedro Sánchez después de meses de cordón sanitario contra el PSOE.

“Nos hemos equivocado en cosas”

La formación naranja, indicó, ha “reflexionado mucho” sobre lo ocurrido pero hay que seguir haciéndolo. “Yo pienso asumir que nos hemos equivocado en cosas, no se me caen los anillos. Un baño de humildad no viene mal a nadie”, explicó, pero sigue creyendo que “hay muchos ciudadanos que quieren un partido de centro que no tenga complejos a la hora de denunciar la corrupción y que se enfrente a los nacionalismos”.

De momento, la formación naranja no ha identificado los factores que llevaron a la debacle electoral del 10 de noviembre. Aunque tienen una idea de lo que ocurrió con los votantes perdidos —una parte importante abandonó Cs por el PP y Vox, otra parte considerable se abstuvo y un sector más pequeño optó por el PSOE, según los datos que manejan sus dirigentes—, sostienen que es difícil saber qué motivó esta espantada.

Fuentes de Ciudadanos argumentan que, al ubicarse en una posición central, el partido tuvo fugas por todos lados, y que son muchos los factores que pudieron llevar a que al final se quedase con solo diez diputados en el Congreso. No tienen claro ni siquiera si en las urnas les penalizó más haber mantenido el veto al PSOE y a Pedro Sánchez o si el error fue abrirse después a pactar con él.

Del comité permanente de Ciudadanos, compuesto por 16 personas, todas de absoluta confianza de Albert Rivera, ya se han caído cuatro: el hasta ahora presidente y José Manuel Villegas, Fernando de Páramo y Juan Carlos Girauta.

El secretario de Organización, Fran Hervías, se quedó sin escaño el 10N. Hervías, pieza clave en un partido vertical en el que las decisiones están muy centralizadas y siempre han pasado por el despacho del presidente, está en medio de un fuego cruzado entre los críticos y los oficialistas, que piden su dimisión y defienden su continuidad, respectivamente. Lorena Roldán, portavoz nacional y candidata a la Presidencia de la Generalitat, así como Begoña Villacís, Ignacio Aguado o Juan Marín, números dos de las coaliciones de gobierno del ayuntamiento de la capital, de la Comunidad de Madrid y del Gobierno andaluz, son por eso mismo indiscutibles en la nueva dirección, pero nadie sabe a ciencia cierta si habrá hueco para el más destacado de los fichajes de Rivera, Marcos de Quinto, cabeza visible del equipo económico del partido.

Del equipo original de Rivera, el que le acompañó desde prácticamente el nacimiento de Cs, todavía quedan, además de Hervías, el responsable de finanzas, Carlos Cuadrado, en el ojo del huracán hace un año por los ingresos no aclarados de su empresa y por haber ocultado información sobre sus actividades en Brasil, y José María Espejo-Saavedra, que será precisamente quien releve a De Páramo en su escaño por Barcelona.

El futuro, de momento, es incierto. Arrimadas tiene que confeccionar un equipo que le permita visualizar una nueva etapa y definir el rumbo de una organización que en los últimos años ha protagonizado toda clase de bandazos, incluidos pactos con el PSOE y con el PP, cordones sanitarios contra Sánchez y promesas de desbloqueo.

Y lo tiene que hacer en cuatro meses que prometen ser muy intensos. La transición no se completará hasta el congreso del 10 de marzo. Pero apenas tiene margen: cualquier hipótesis de viraje al centro chocará no solo con el currículum de la propia Arrimadas, que siempre abrazó la estrategia de Rivera, sino con un calendario que la obliga a no hacer ninguna concesión a Sánchez mientras mantenga sus planes de gobernar con Unidas Podemos. Con la espada de Damocles de que, si ERC no contribuye al desbloqueo y Ciudadanos tampoco, se arriesga a desencadenar unas terceras elecciones con perspectivas aún más negras que el 10 de noviembre.

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