El cambio de Gobierno

El cambio político rompe la inercia victoriosa de Ciudadanos

Albert Rivera, al término del pleno del Congreso que aprobó la moción de censura.

El análisis mayoritario tras el cambio de Gobierno en España sitúa a Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, entre los perdedores de la partida. El partido naranja dibujaba una tendencia ascendente en las encuestas, cómodo en su papel de sostén al mismo tiempo que de oposición al PP, más duro que Mariano Rajoy en la respuesta al independentismo catalán y más convencido aún de que no hay más salida de la crisis que la ortodoxia económica. Su aire de modernidad, la capacidad de su líder para gestionar contradicciones –apoyar y machacar al mismo tiempo al PP–, la ausencia de conflictos internos, la habilidad en el manejo del márketing político, la mochila sin carga de corrupción y una inteligente respuesta a la demanda de pragmatismo de la sociedad española habían disparado las expectativas de Cs. Rivera, que cultivaba trazas de hombre de Estado, quería ser "el Macron español". Ojo, nunca lo tuvo hecho. Para dar el sorpasso en la derecha siempre se enfrentó con dificultades objetivas, como el arraigo del PP en la España rural y en el electorado mayor de 65 años. Pero sí, se hablaba continuamente de Rivera como ese líder superador de las viejas inercias capaz de instalar a España en el siglo XXI. La izquierda no era capaz de incomodarlo con las críticas a sus propuestas económicas, de corte claramente derechista, ni el PP obtenía éxito alguno con la denuncia de la inconsistencia ideológica y el "oportunismo" de Rivera el "aprovechategui".

Y, de repente, la moción de censura. Desde el principio, Rivera no la apoya. Pide elecciones adelantadas y da por muerta la legislatura. Pero sitúa como el peor horizonte posible un gobierno liderado por Pedro Sánchez con el apoyo de independentistas catalanes y vascos. El líder de Ciudadanos repite con Sánchez la estrategia seguida con Rajoy, que a su vez era la seguida por Rajoy con José Luis Rodríguez Zapatero: presentarlo como un líder débil rendido a la voracidad de los independentistas. No pacta con el PSOE una fecha electoral, ni apoya la moción, ni se abstiene, ni quiere saber nada del nuevo Gobierno. Vota junto al PP. "De la misma manera que un acierto estratégico lo ha catapultado, un error lo puede hundir", advertía en marzo el politólogo Albert Balada.

Hundido Ciudadanos no está, desde luego, pero sí obligado a revisar sus planes. El propio Juan Carlos Girauta lo reconoce: Cs –afirma en declaraciones a la Cope– no está "descolocado", aunque sí deberá "reenfocar" su estrategia.

Porque hoy Sánchez preside un Gobierno con un ministro de Exteriores llamado Josep Borrell, seguramente el referente político que más años y esfuerzos lleva dedicados a ofrecer argumentos contra el independentismo en Cataluña. Un Gobierno conformado sin acuerdos –al menos públicos– con los independentistas. De hecho, Quim Torra y los suyos claman indignados. ¿Pueden indignarse a la vez y por lo mismo también Rivera y sus seguidores sin parecer una oposición enfurruñada y destructiva? El "Macron español" es hoy el jefe del cuarto grupo de la Cámara, con 32 diputados. Si además de eso consigue erigirse en líder de la oposición, habrá que verlo. Y también habrá que ver si el PP, machacado por los casos de corrupción, aprovecha el margen del que dispone para rehacerse con un líder que recupere la confianza de su electorado perdido.

La partida de la segunda mitad de la legislatura está por jugar. infoLibre analiza con cinco investigadores el nuevo reparto de cartas para Ciudadanos, cuyo líder cultivaba hace dos semanas una imagen de presidenciable, de exquisito calculador de jugadas, y que ahora aparece como derrotado en el momento decisivo precisamente por Pedro Sánchez, por el que pocos apostaban antes de la moción. La política es un carrusel.

  Salir de la "zona de confort"

Sandra León, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de York (Reino Unido), acude a un término usado frecuentemente en inglés para referirse a los momentos de efervescencia de una figura política. "Albert Rivera ha perdido su momentum, como dicen aquí", señala. En primer lugar, León cree que Ciudadanos, habitualmente ágil en los movimientos tácticos, ha jugado mal sus cartas en los días de frenesí previos a la moción de censura. "Se ha cegado con que había una posibilidad de elecciones inmediatas", apunta la politóloga. Si hubo una oportunidad real de pactar una fecha electoral con el PSOE, Rivera la desaprovechó. "Quizás ha habido una equivocación, comprensible cuando en pocas horas cambiaban todas las expectativas".

Pero, gestión de sus opciones al margen, Ciudadanos no tenía mucho que ganar. "Incluso si Rivera hubiera apoyado la moción con fecha electoral en tres meses, por ejemplo, la moción por sí misma es un punto de inflexión, rompe una dinámica política que favorecía a Ciudadanos", señala León. Esa dinámica se basaba en la tensión permanente sobre el problema catalán, en el que Cs "tiene mayores credenciales para sacar rédito político", y del que no se adivinaba solución alguna. El esquema anterior, haciendo oposición al PP para convertirse en el partido dominante del centro-derecha, resultaba más cómodo para la formación naranja, señala León, doctora en Ciencias Políticas por el Instituto Juan March. Si la tensión por el tema territorial baja, cosa que está por ver, Cs está obligado a "salir de su zona de confort", añade.

Por ello es previsible que el PSOE, que "sabe que cualquier paso que dé en el tema territorial va a ser fiscalizado por PP y Cs", intente que éste no sea el tema prioritario. O al menos no meterse a sí mismo en una encerrona. "No sólo al PSOE por estar en el Gobierno le corresponde solucionar la crisis con Cataluña. Es cosa de un amplio número de partidos. Si ahora se hace alguna actuación será para sentar las bases de una posible canalización. Sería iluso pensar lo contrario", señala la politóloga, que no cree que la crisis catalana tenga necesariamente que suponer un coste para los socialistas.

Si Rivera intenta que la crisis catalana acapare todos los titulares incluso habiendo una distensión, si pretende exacerbar los ánimos de la opinión pública a cada oportunidad, puede quedar retratado no como el hombre de Estado que pretende, sino como un mero agitador. No obstante, tanto PP como Cs pueden tener la tentación de repetir –aunque ahora como dos partidos, no uno solo– la estrategia de la crispación de Rajoy contra José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo en la primera legislatura.

El Gobierno de Sánchez genera además una cierta "identificación" con Cs, con perfiles independientes, europeístas y de trayectoria profesional acreditada. En resumen, el nuevo reparto de cartas no favorece a priori a Ciudadanos. Pero el partido naranja sigue contando con una baza. "Su competidor inmediato está fatal. El PP no ha sabido reaccionar, y cuando se ha dado cuenta de su situación lo ha hecho de forma dramática. Ahora se abre un periodo de transición en el PP, que puede ser una oportunidad, pero de momento está en un valle de lágrimas. De eso puede beneficiarse Ciudadanos", afirma León. Esto hace previsible que, a corto plazo al menos, las encuestas le sigan resultando favorables. Está por ver si las generales son antes o después de las municipales y autonómicas de mayo de 2019, donde Cs tiene a priori la dificultad añadida de su falta de implantación. Todos esos factores determinarán el voto del centro-derecha, actualmente más volátil que el de centro-izquierda.

  La fuerza del 1-O

"No lo veo tan encajonado como se dice". Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y editor de Politikon, es escéptico con la "lectura dominante", según la cual "el PP, desalojado de la Moncloa y con candidato nuevo, puede fagocitar a Ciudadanos". "En primer lugar, los problemas de corrupción del PP no han terminado. Y además van a tener que afrontar un cambio organizativo, que intentarán que sea incruento, pero no será fácil", señala el politólogo. "Es verdad que ha cambiado el ritmo, pero Ciudadanos sigue teniendo espacio para crecer a costa del PP".

Simón cree que "la fuerza motora que se desató el 1 de octubre", jornada del referéndum frustrado, no se ha agotado. Es la fuerza que ocasionó una ola de exaltación españolista, que llenó las balcones de banderas. Y que aupó a Ciudadanos. Según Simón, eso no se ha desactivado con la moción de censura ni con el Gobierno Sánchez. "Lo que ocurre es que ahora Ciudadanos tiene que repensar su estrategia, ver cómo utiliza sus armas", afirma el politólogo. Simón no niega que el nombramiento de ministros como Josep Borrell, de acreditada trayectoria contraria al independentismo, puede tener incidencia, pero advierte: "Los independentistas no van a parar". Y da una clave. "En Cataluña, por ejemplo, las municipales van a volver a plantearse en clave plebiscitaria, seguramente. Eso puede generar tensión territorial en toda España".

La cuestión fundamental es "qué pregunta nos vamos a hacer en las próximas generales". La intención de Ciudadanos, según Simón, es que sea una pregunta en clave de identidad nacional. Si lo consigue, tendrá mucho ganado. El PSOE intentará que no lo sea. "El crecimiento hacia las dos orillas, izquierda y derecha, siempre ha sido muy difícil, más aún si hay polarización ideológica", apunta Simón. A su juicio, es probable que Sánchez busque esa polarización. "Si el Gobierno, imaginemos, saca a Franco del Valle de los Caídos, un tema claramente de izquierda-derecha, Ciudadanos tiene problemas, porque haga lo que haga pierde electores, bien por la izquierda o por la derecha", afirma. Lo que garantizaba el PP a Cs –y ahora ha perdido– es facilidad para reducir al mínimo el número de contradicciones ideológicas. Simplemente se trataba de ser una versión más limpia, más nueva, más refinada de un producto preexistente.

  oposicióN al líder de la oposición

El auge de Ciudadanos, según Antonio Alaminos, profesor de Sociología de la Universidad de Alicante, provenía de la propia dinámica de funcionamiento de la opinión pública en la sociedad, "donde las memorias ideológicas están cada vez más segmentadas generacionalmente". Su "clave del éxito" era "no tener historia ni historias", lo cual le daba "maniobrabilidad y verosimilitud". Le resultaba fácil situarse siempre "en el máximo de sentido común". Y además, en el tema catalán, "juega en casa". ¿Cómo le ha venido el cambio de fichas en el tablero? Mal, según Alaminos. "Ciudadanos tiene difícil hacer oposición al PP en la oposición. Y oponerse al PSOE le derechiza. Lo que viene fácil fácil se va. Ciudadanos no crecía por estrategia o inteligencia, le venían los votantes huyendo de otros partidos. No crecía por méritos propios. No creo que tenga muchas opciones estratégicas", afirma Alaminos.

El sociólogo cree que Cs nunca ha dependido de sí mismo, sino de la habilidad o torpeza ajena. Opina que en el caso de la moción de censura "no tenía campo de juego". "Las opciones eran mal o peor. Escogió la opción peor. Para Rivera la clave era negociar con PSOE una salida con plazos y abstenerse. Eso al inicio de presentarse la moción. Después, cada día que pasaba se quedaba con menos opciones. Y al final quedó estrangulado", cuenta. Pero sus problemas no vienen por un posible error, siempre más fácil de analizar a toro pasado que en el fragor de la disputa política. Vienen porque ahora el PSOE compone un Gobierno que en buena medida podría haber firmado el mismo Rivera. Y porque, de rebote, le cae al PP una oportunidad para rearmarse. "Desde la oposición es desde el único lugar donde puede hacerlo. Otra cosa es que se rearme en contra suya. Si montan una guerra civil multilateral, se terminó", afirma.

A favor de Ciudadanos juega que el independentismo, oponiéndose al cual ha prosperado Cs, va a seguir ahí, sin inmutarse. "No creo que el independentismo modifique su discurso más de lo que tenía previsto antes de la moción", afirma.

  "efecto luna de miel" de Sánchez

Narciso Michavila se pone en alerta cuando se le hace la pregunta sobre las "perspectivas". No hemos visto venir esta moción de censura, no nos pongamos a presumir ahora de que sabemos lo que está por venir, viene a decir el sociólogo, especialista en análisis electoral y presidente de la consultora GAD3. Donde sí pone el énfasis es en la demostración de fuerza que han hecho... ¿el PSOE y el resto de partidos que han votado a favor de la moción de censura? No. Las encuestas. "El triple que tira Pedro Sánchez desde mitad de campo es por el miedo, el mismo miedo de los que lo han apoyado, a que el siguiente gobierno fuera de Ciudadanos. Es un 'ahora o nunca'. Y le sale bien. Cuando se dice que las encuestas no sirven, mira si sirven", señala. En este sentido, cree que ha sido "una moción de censura demoscópica", porque viene determinada por el insistente goteo de encuestas augurando una espectacular subida de Cs, en una tendencia a la que no se le adivinaba fin.

"Ha cambiado la situación. Y no porque la gente cambie el voto, que habrá que esperar, sino porque cambia obligatoriamente las estrategias de cada partido. Todo el mundo coincide en que uno de los perdedores es Ciudadanos. El PP corta la situación en la que estaba, de metástasis, que habría pagado en las urnas, y se le da la oportunidad de renovación y probablemente de un repunte", señala. Un indicio fiable de que se ha tratado de una "moción demoscópica" es que los partidos que la han apoyado tenían más respaldo electoral en enero de 2016 que ahora. "Pablo Iglesias no apoyó entonces a Sánchez porque las encuestas decían que podía dar el sorpasso. Y ahora no sólo no hay sorpasso, sino que va hacia abajo", afirma. Michavila prevé, al menos a corto plazo, un efecto "luna miel" en las encuestas favorable a Pedro Sánchez, frecuente en los nuevos gobiernos, que podría ir "en detrimento" de Rivera y los suyos. Luego habrá que ver si Sánchez sabe administrar su capital político con tanto acierto como su oportunidad de hacerse con el poder. Y si es tan hábil gobernando como en operaciones tácticas.

  Un trasvase "estructural" en la derecha

Autor de La perestroika de Felipe VI, Jaime Miquel, investigador del comportamiento electoral y de la opinión pública, lleva tiempo diciendo que Pedro Sánchez era la figura política llamada a superar lo que él llama "el posfranquismo", marcado por el pensamiento "uninacional" y las formas autoritarias. Ahora que el secretario general del PSOE está en la Moncloa, toca preguntarse si ha perdido su oportunidad el que a juicio de Miquel era la carta del sistema para dar continuidad a la inercia política española: Albert Rivera. "El trasvase del PP a Ciudadanos no es puntual, es estructural", dice. "El PP no se ha enterado aún de que hay un nuevo umbral ético que hace inaceptable gobernar sin prestigio. El sistema va a expulsar naturalmente la corrupción y a todos ésos que hablan y se comportan de forma engolada, distante, autoritaria, 'nosotros los que sabemos y vosotros la chusma'. Rivera no habla así, como hablan Mariano Rajoy, [Rafael] Hernando o [José María] Aznar. Eso es la clase política de Franco", afirma.

Miquel le ve futuro a Ciudadanos en la medida en que ve al PP "metido en una escandalera tras otra, de Cifuentes a Zaplana y Gürtel y lo que venga". No ve al histórico partido de la derecha capaz de escapar de su propia tela de araña. Cree que el rival de Ciudadanos no es pues el PP, sea quien sea su futuro líder, sino Pedro Sánchez. El PSOE será un adversario más temible para Cs, según Miquel, cuanto más sea capaz de movilizar a las fuerzas progresistas, no cuanto más imite a las conservadoras.

En paralelo, señala, hay que estar atento al surgimiento de fuerzas antisistema. "Antisistema es una etiqueta del sistema, que ya disputa elecciones en Francia, forma gobierno en Italia... Es una etiqueta consolidada en toda Europa. Ahí hay un mercado emergente", dice. Y cree que el PP, debido a su historia y a su crisis interna, no está en disposición de ocuparla. Miquel augura un auge de Vox. Y advierte del error en que caerían Rivera y los suyos si tratasen de disputar a Vox el voto antisistema. "Desde que el rey firma el nombramiento de Quim Torra, ya hay un elector que no lo acepta. No le vale ni el rey, ni la Constitución, ni el PP, ni nada. Sólo le vale ir contra las autonomías. Son muchísimos, tantos como en Francia o Italia. Ahora muchos están desmovilizados", afirma. A juicio de Miquel, el éxito del partido naranja está en haberse hecho, además de con un prestigio entre prescriptores de opinión, en su captación de "voto joven, europeísta y moderno". "Es una derecha muy derecha, pero dentro del orden convencional. Tiene un voto del PSOE que jamás se iría al PP. La posición que tiene ganada es estructural. Lo que está pasando es como lo que le hizo el PP a UCD. La diferencia es que puede surgir algún partido antisistema, como Vox", afirma. Miquel cree que Rivera y los suyos no pueden caer en la tentación de competir con la ultraderecha.

La reaparición de Aznar es una demostración, a juicio de Miquel, de la desorientación absoluta del expresidente, que no habría entendido que el agotamiento del PP es el agotamiento del estilo Aznar. "Al PP le van a quedar sus feligreses, por supuesto. Y los más mayores. Pero los jóvenes es que no quieren saber nada ya del PP", afirma. Eso no es algo que pueda borrar una renovación exprés. Por lo tanto, según Miquel, Cs tiene el futuro asegurado como partido central de la "derecha-sistema". Su rival, al menos a medio-largo plazo, es el PSOE. "Si Sánchez permanece en la España uninacional, si no entiende el cambio cultural del que habla Manuel Castells, Podemos lo va a desplazar", señala. Las posibilidades de Ciudadanos de volver a situarse en el liderazgo político dependen, a juicio de Miquel, de si Sánchez es capaz de subirse a ese "cambio cultural", que supone "dialogar" y "dejar de darnos mamporros". Y cree que el nacionalismo catalán le va a dar esa opción. "El nombramiento de consejeros viables de Torra, que supone una total devaluación de Carles Puigdemont, sitúa a todo el mundo en la posición de negociar. Somos una sociedad madura, que debe resolver problemas, solucionar cosas", afirma. Miquel cree que Cs será el partido de referencia de quienes se opongan a esa maduración desde dentro del sistema, porque el PP –opina– se encuentra en un declive imparable.

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