El discurso ultra avanza en Ceuta y amenaza la convivencia
Apenas 24 horas después de que 70.000 migrantes cruzaran a nado y a través del espigón fronterizo de El Tarajal a Ceuta, el 1 de agosto, los habitantes de la ciudad autónoma salieron a la calle para manifestarse en contra del eurodiputado ultraderechista Alvise Pérez y de los neonazis de Núcleo Nacional, que trataron de capitalizar políticamente la tragedia humanitaria. Cientos de ceutíes se concentraron entonces en la plaza de los Reyes con la intención de evitar que esos grupos racistas y xenófobos pudieran quebrar la convivencia. Alvise tuvo que irse en un furgón policial. Lo mismo le ocurrió al agitador ultra Vito Quiles al día siguiente. Tuvo que salir huyendo de la céntrica plaza ante la crispación que su presencia generaba entre los vecinos.
Casi un mes después, sin embargo, el discurso ultra xenófobo y violento ha ganado terreno. Prueba de ello han sido las marchas de exaltados hacia la playa del Trampolín, donde cientos de marroquíes malviven en chamizos construidos por ellos mismos. El martes se produjeron los primeros incidentes entre asistentes a la protesta y agentes de la policía, pero el miércoles la concentración derivó en una caza al migrante y terminó por convertirse en una batalla campal en la que los antidisturbios tuvieron que emplearse a fondo con disparos de bolas de goma, porras y escudos para evitar que llegaran al arenal y agredieran a los jóvenes del asentamiento improvisado. El incidente xenófobo más grave se produjo la tarde del jueves, cuando los agitadores quemaron varias chozas de migrantes en la playa de Benítez.
Todo es fruto de un mantra que corre por amplios sectores de la población: "Si el Gobierno no hace su trabajo y los echa, lo haremos nosotros". Los exaltados que, día tras día, buscan el conflicto con los extranjeros con esa excusa, o los que tratan de acabar con el reparto de comidas de organizaciones como la Cruz Roja (algo que consiguieron el jueves) o atacan a periodistas, denigran además cualquier discurso moderado, que consideran "anticeutí" o "antipatriota". La gran mayoría de los habitantes de la ciudad, tanto los de derechas como los de izquierdas, coinciden en culpar al Gobierno central y a Pedro Sánchez de lo que consideran una gestión desastrosa de la crisis, con miles de personas (5.000, dijo este viernes el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska en el Congreso) aún vagando por las calles 28 días después de su llegada a nado. Pero los que se oponen a la violencia y quieren que se asista a los migrantes empiezan a cuidarse de dónde y a quién comunican esas ideas. Se ha impuesto una especie de omertà, por miedo a ser tachados de colaboradores de los que los ultras llaman "invasores".
La incitación a los actos violentos se produce a través de Instagram, Tik Tok o X, así como en grupos multitudinarios de WhatsApp. Fuentes de la Policía Nacional, que mantiene monitorizadas las redes, descartan, sin embargo que se trate de acciones organizadas o manipulaciones de partidos o grupúsculos de extrema derecha de la ciudad o de la Península. La dinámica, según transmiten los agentes a infoLibre, siempre es la misma. Una determinada publicación provoca cientos de reacciones exaltadas y entre todos terminan por convocarse para los ataques. Es de esa manera que los agentes tratan de anticiparse a los grupos de radicales para evitar males mayores.
Sin embargo, no es solo esa la violencia que se ejerce. También hay otra de menor intensidad que amenaza la convivencia. Este jueves, por ejemplo, corrió por las aplicaciones de mensajería un texto titulado "lista de establecimientos a los que proponemos hacer boicot en Ceuta". En ella, cada miembro iba añadiendo los negocios "que venden o cargan los móviles a inmigrantes". Aparecían grandes establecimientos, como Carrefour o Decathlon y franquicias como las panaderías Granier o 100 Montaditos. Pero también, junto a ellos, cafeterías populares, pequeñas tiendas y colmados de comestibles, bazares chinos, restaurantes e incluso chiringuitos que pueden sufrir el estigma de los vecinos solo por prestar ayuda o vender productos a migrantes.
La crispación contra los migrantes afecta especialmente a la comunidad musulmana, que supera en Ceuta las 35.000 personas. Las asociaciones de vecinos de barriadas como la del Príncipe Alfonso o Sidi Embarek, donde la inmensa mayoría de los residentes son musulmanes, también han sido objeto de ataques en redes por levantar campamentos para dar cobijo a centenares de mujeres, adolescentes y niñas, a las que procuran baños, duchas, carpas y chamizos, colchones y tres comidas al día. Sus presidentes, Ahmed Enfeddar y Abdellah Mustafa, aseguran que decenas de vecinos se han quejado de haber recibido insultos o malos tratos verbales pese a pertenecer a familias ceutíes de nacionalidad española. Algunas han denunciado los hechos a la Policía Nacional. "Somos ceutíes, pero estamos bajo sospecha", explica en voz baja el encargado de un bar en la Gran Vía. "La gente ya no distingue entre nosotros y los inmigrantes", añade.
"Está calando el mensaje de Vox", explica Ahmed Enfeddar, el presidente de los vecinos del barrio del Príncipe en el campamento para mujeres que su asociación montó cuando se produjo el paso masivo. "Muchos ceutíes se están convirtiendo en marionetas de esa gente", prosigue. "Lo de las manifestaciones violentas, qué te voy a decir, me parece asqueroso. Y lo mismo que se refieran a toda esta gente como 'cucarachas". "Todos esos patriotas se están enfrentando a los más débiles y hay que hacer algo, porque por ahora somos los vecinos los que nos estamos ocupando de mucha de esta gente", concluye. Abdellah Mustafa, de la asociación de Sidi Embarek, publicó el jueves un vídeo en Facebook ampliamente recogido en los medios locales en el que advertía de que "los neonazis utilizan las manifestaciones para romper Ceuta". "Hemos hecho una gran labor humanitaria, hay que mantenerse firmes hasta que los gobernantes respondan, hay que exigir respuestas inmediatas, pero atacando a la gente no se soluciona esto", sostenía. "Se está haciendo un daño muy grande a Ceuta".
"Lo que estamos haciendo es ayudar a la gente de esta ciudad", explica Mustafa en la carpa en la que se ha montado el campamento para mujeres que cruzaron ilegalmente. "Ayudando a estas personas evitamos robos, evitamos pederastia, violaciones, prostitución, acceso a las drogas, marginalidad...", prosigue. "Atacar a la Cruz Roja o al resto de organizaciones que les atienden solo puede empeorar la situación". Pero al mismo tiempo, el líder vecinal, un cocinero de 26 años, cree que su trabajo y el de las ONG que cada día desarrollan su labor con más dificultad debería hacerlo el Estado. "Para que pueda solucionarse esta crisis cuanto antes, lo más importante es que el Gobierno central y el de Ceuta realojen a toda esta gente en condiciones dignas y se ocupen de su higiene y su subsistencia", prosigue. "También que manden legiones de funcionarios de extranjería para determinar quienes tienen que volver a Marruecos, que con toda seguridad serán la mayoría". También carga contra Juan Jesús Vivas (PP), al que acusa de haber puesto a la ciudad autónoma al servicio de una campaña contra Pedro Sánchez permitiendo que se eternicen los problemas.
Vivas, que hasta el momento había permanecido impasible frente a los brotes de violencia, ha leído este viernes una declaración institucional aprobada por la Asamblea de Ceuta en la que se consideraban "legítimas y plenamente justificadas" las manifestaciones ciudadanas que reclaman la vuelta ala normalidad en la ciudad autónoma, pero al mismo tiempo rechaza "con total rotundidad" cualquier forma de violencia, advirtiendo que los actos vandálicos no representan a los ceutíes. "Nadie puede ni debe tomarse la justicia por su mano", dice el texto, apoyado por PP, Vox, PSOE, MDyC y Ceuta Ya. Está por ver si el llamamiento a la calma de los principales responsables políticos devuelve las aguas a su cauce o los vándalos ultras y xenófobos vuelven a la caza del migrante.