"Israel está llevando a Gaza a la hambruna": Open Arms trata de romper el bloqueo marítimo a la Franja

Palestinos desplazados se reúnen para recoger alimentos donados por un grupo caritativo de jóvenes antes del desayuno, en el segundo día del mes sagrado del Ramadán en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza.

"¡Zarpamos!" A las 8.30 de la mañana de este martes, la ONG española Proactiva Open Arms celebraba a través de sus redes sociales que arrancaba, después de no pocas dificultades, la misión humanitaria con la que pretenden llevar, de mano de World Central Kitchen —dirigida por el chef José Andrés—, 200 toneladas de alimentos a la Franja de Gaza. Y no sólo eso. También, abrir una vía de ayuda para el más de medio millón de personas que están, según la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA), "a un paso de la hambruna". "La idea es abrir un camino para que, detrás de nosotros, haya más barcos, más envíos de comida, de medicamentos y de cualquier otro artículo que pueda paliar la situación", señala la directora de comunicación de Open Arms, Laura Lanuza.

La crisis humanitaria cada vez es más grave. Hasta este martes el número de fallecidos por desnutrición y deshidratación ya había escalado hasta las 27 personas, 23 de las cuales eran niños y niñas, los que más sufren esta situación junto a ancianos y mujeres embarazadas. "Además, las que acaban de dar a luz tampoco están pudiendo producir leche para sus bebés por el estrés y por la falta de alimentos. Tampoco los hospitales tienen suero ni hay agua potable", lamenta la directora ejecutiva de UNRWA, Raquel Martí, que indica que ya hay muchísimas enfermedades gastrointestinales entre los más pequeños. Unicef, de hecho, ya ha cifrado en más de un 90% el porcentaje de menores de 5 años que tienen una o dos enfermedades infecciosas. "El sufrimiento es inimaginable: necesitan un alto el fuego humanitario permanente ahora", lanzó la organización el pasado 28 de febrero.

Por eso el barco Open Arms intentará abrir un nuevo camino para que los alimentos consigan llegar a su destino. Y que tras ellos lo hagan otros barcos de otras ONG. "Nosotros también tenemos pensado hacer más viajes, pero primero queremos completar esta misión. Vamos paso a paso", explica Lanuza. Porque llegar hasta donde lo han hecho no ha sido nada fácil, recuerda.

Un corredor seguro que Israel acogió "con satisfacción"

Todo comenzó en diciembre. Entonces, el Gobierno de Chipre planteó el llamado Plan Almathea, que fue presentado en el puerto de Lárnaca por su ministro de Exteriores, Constantinos Kombos, y su entonces homólogo israelí, Eli Cohen. El objetivo, según especificaron, era que Chipre acogiera un centro logístico para el suministro seguro de un flujo sostenido de ayuda humanitaria que desembarcara en Gaza en un corredor unidireccional. E Israel lo aplaudió. "Israel acoge con satisfacción la inauguración del corredor marítimo desde Chipre hasta la Franja de Gaza. La iniciativa chipriota permitirá aumentar la ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, después de que se realicen controles de seguridad de acuerdo con los estándares israelíes", señaló entonces el portavoz del Ministerio de Exteriores, Lior Haiat.

Así que la base ya estaba. Sólo había que empezar a usarla. Fue hace tres semanas cuando la organización se desplazó al país insular para hacerlo. "Entonces era casi imposible que consiguiéramos nada pero poco a poco hicimos todo el trabajo de seguridad y diplomacia necesario para hacerlo posible", recuerda Lanuza, que explica que, para ello, mantuvieron reuniones con el Gobierno de Chipre, la Embajada de Palestina y representación israelí. "Superar toda esta primera fase fue muy complicado, pero ahora esperamos que todo salga bien", señala.

Porque "temor" hay, reconoce. En primer lugar por la propia operación. La ruta de Chipre a Gaza es de unas 210 millas marítimas (unos 388 kilómetros), distancia que se tarda unas 25 horas en recorrer en condiciones normales, aunque Lanuza evita hablar de plazos "por seguridad". En segundo lugar, por la propia guerra. "El conflicto es muy cambiante y sabemos que cualquier pequeño factor puede hacer cambiar el rumbo de la misión", lamenta.

"Pero pondremos todo de nuestra parte", asegura. Llevan desde que comenzó todo intentando ayudar, y esta vía creen que es "poderosa". "No tratamos de hacer una entrega, que sería poner una tirita, sino conseguir que este corredor sea un camino sostenible que luego usen otros barcos, entidades y organizaciones", señala.

De la masacre de la harina a los ataques a camiones de alimentos

No es casual sin embargo que el hambre esté siendo ahora un objetivo claro en la invasión de Gaza. Ocho relatores de la ONU ya dijeron que esta está siendo utilizada como un "arma de guerra" por parte de Israel, algo que comparten organizaciones como Oxfam Intermón o Human Rigths Watch. Y así lo entiende también Martí. "Israel está prohibiendo la entrada de ayuda humanitaria en las cantidades necesarias para alimentar a la población. Está generando una hambruna inducida", denuncia.

Aunque oficialmente no puede hablarse de esa situación, la realidad no está demasiado lejos. Según la Clasificación Integrada de Fases de la Seguridad Alimentaria, la hambruna se da cuando conviven tres situaciones: que un 20% de los habitantes esté muriendo de hambre, que un 30% de los niños esté gravemente desnutrido y que dos de cada 10.000 muertos al día se deban a la desnutrición o falta total de comida. "Todavía hablamos de inseguridad alimentaria, pero hay más de un millón de personas en la Franja que tienen esta situación en su grado extremo", dice la directa de UNRWA. Es el paso previo a la hambruna.

Israel quería llegar a esta situación y de hecho así lo manifestó. El 10 de octubre, tan sólo tres días después de que Hamás atacase Israel, el Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios, Ghasán Alian, ya lo dijo de forma clara: "Los animales humanos deben ser tratados como tales. Israel ha impuesto un bloqueo total a Gaza. No habrá electricidad ni agua, sólo destrucción. Queríais un infierno y tendréis un infierno", amenazó. Y en paralelo el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, ordenó un "completo asedio" sobre la Franja, de tal manera que el territorio costero controlado por Hamás no recibiera ni suministro eléctrico, ni combustible, ni comida.

Por eso los ataques a quienes simplemente trataban de recoger alimento han sido frecuentes. La última, y también la más sangrienta, tuvo lugar el 29 de febrero, cuando más de un centenar de palestinos murieron durante un reparto de ayuda después de que soldados israelíes abrieran fuego contra ellos por, justificó Israel, sentirse "amenazados". Menos de un mes antes, un convoy de alimentos que trataba de entrar en Gaza fue alcanzado por artillería.

Y esto es constante. "A la ONU no la están permitiendo distribuir la ayuda en el norte de la Franja. Israel no autoriza nada más que un porcentaje muy reducido y crea situaciones de inseguridad en las que incluso ataca esos camiones", denuncia Martí.

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Por eso habla de una estrategia de "hambruna inducida". Según las propias cifras de UNRWA, en febrero Israel redujo un 50% la entrada de ayuda con respecto a enero. Los camiones que consiguen traspasar la frontera, así, no llegan a los 200, cuando antes del ataque de Hamás perpetrado el 7 de octubre y con una situación de crisis alimentaria que no era siquiera comparable a la actual esa cifraba llegaba hasta los 500, sin contar los que transportaban combustible.

Hay más. El número de conducciones de agua desde Israel hasta la Franja se han reducido de tres a una, y esa, además, ahora ha reducido su capacidad un 20%. Así que hasta esto tiene que entrar a través de transporte terrestre. "Ni con los 500 camiones que entraban antes se podría paliar la inseguridad alimentaria. La ONU ya ha dicho que si ahora mismo entrara la ayuda alimentaria que fuera necesaria tampoco se conseguiría ya revertir la situación", denuncia. El cargamento a bordo del Open Arms, por su parte, equivale a tan sólo 15 camiones.

Desde el 7 de octubre, ya ha habido cerca de 31.200 palestinos muertos en la Franja de Gaza, según sus autoridades. A este balance se suman cerca de 415 palestinos muertos en Cisjordania y en Jerusalén Este a manos de las fuerzas de seguridad de Israel y en ataques ejecutados por colonos.

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