Sexismo

Las instituciones comienzan a plantar cara a la cosificación de las mujeres en los eventos deportivos

Una azafata sostiene un paraguas en un evento deportivo.

El Ayuntamiento de Jerez de la Frontera (Cádiz) decidió el pasado 27 de abril dar un paso adelante contra el sexismo. Todos los grupos, a excepción del PP y Ciudadanos, apoyaron la iniciativa presentada por Ganemos Jerez para evitar la "cosificación" de las mujeres en el Campeonato Mundial de Motociclismo, que se celebra este fin de semana. La propuesta insta a Dorna, la empresa organizadora del evento, a prescindir de las prácticas que emplean el cuerpo de la mujer como "adorno y reclamo para captar la atención del público". Pese al pronunciamiento del Ayuntamiento, la empresa ha mantenido su firme apuesta por conservar el trabajo que desempeñan las azafatas en las actuales condiciones.

Algunas de las mujeres implicadas ya se han manifestado al respecto, en una línea similar a la defendida por la empresa. Irene Gómez, que ha trabajado como azafata en el circuito, expresó en sus redes sociales que "no es cuestión de feminismo ni machismo" y que "un escote o llevar las piernas fuera no es delito, ni es venderte, es un estilo de vida, una tendencia que no sólo la vemos en estos eventos, sino en la calle día tras día". Carmen Fernández, con una experiencia de siete años en el circuito, reconoció en una entrevista que "la vestimenta es sexy y algunas marcas visten más provocativas que otras", pero enfatizó en que prescindir de su trabajo "sí es sexista".

Kika González, concejala de Ganemos Jerez y diputada provincial, señala en conversación con infoLibre que el objetivo de la propuesta radica en "denunciar la cosificación de la mujer" porque ya existen "leyes que prohíben que se use a la mujer como objeto en publicidad". González subraya que es necesario "proteger el empleo de todas las personas, en especial de las mujeres", pero ello también implica que las mujeres puedan "trabajar sin ser cosificadas: se puede hacer publicidad sin tener que ponerle un paraguas a un piloto y sin ese atuendo".

La concejala jerezana insiste en que el sentido de las leyes busca impedir que "las mujeres tengan valor en base a lo deseable que son sexualmente". Asimismo, considera "impensable" que mientras el ayuntamiento invierte en medidas de igualdad apoye prácticas que echan por tierra dichas políticas. En todo caso, González celebra que se haya abierto el debate: "Tarde o temprano esto caerá por su propio peso, y con la apertura del debate lo que hacemos es agilizar esa caída".

El papel de las instituciones

No es la primera vez que la polémica brota en torno a la figura de las azafatas en los eventos deportivos. En este debate, las instituciones tienen un papel clave. En enero del presente año la Challenge Ciclista de Mallorca celebró su ceremonia de premios sin ninguna azafata, gracias a la iniciativa de la Agència de Turisme de les Illes Balears, patrocinadora principal de la carrera. El Govern, "siguiendo su compromiso con la igualdad de género", apostó por "evitar imágenes en las que la mujer es reducida a la categoría de objeto sexual".

Hace apenas unos días, las azafatas contratadas por Schweppes para trabajar como paragüeras durante la celebración del torneo de tenis Conde de Godó, celebrado en Barcelona, denunciaron que estaban obligadas a llevar minifalda pese a las condiciones climáticas adversas. UGT pidió la actuación de Inspección de Trabajo, mientras que la CUP instó al Ayuntamiento de Ada Colau a imponer sanciones contra los organizadores del torneo. Este mismo viernes, el consistorio barcelonés ha recibido a las denunciantes, y los organizadores han comunicado al ayuntamiento que de cara a la próxima edición se tomarán las medidas pertinentes.

Laura Nuño, directora del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos, entiende que "cualquier trabajo que fomente el reclamo sexual debería ser intervenido" por parte de las instituciones. Esta intervención, continúa, no debe basarse únicamente en el freno de subvenciones y ayudas públicas, sino que deben tomarse acciones de condena contra las prácticas que "abonan ideologías excluyentes".

La presidenta de la Fundación Mujeres, Marisa Soleto, coincide con Nuño al defender que "las instituciones deben perseguir objetivos de derechos públicos". En este sentido, añade, "carece de sentido que los ayuntamientos tengan planes de igualdad y que luego gasten el dinero en cuestiones que van directamente en contra de estos propósitos".

También Pilar López Díez, experta en Comunicación y Género, entiende que los ayuntamientos "tienen que hacer cumplir las leyes españolas y las directivas europeas e internacionales" en materia de igualdad. López Díez pone como ejemplo lo establecido por la ONU cuando señala que "la violencia contra las mujeres y las niñas se caracteriza por el uso y el abuso de poder y control, y está intrínsecamente vinculada a los estereotipos de género que son la causa subyacente de dicha violencia y la perpetúan". La experta celebra que el Ayuntamiento de Jerez haya dado el paso de "luchar contra los estereotipos que hacen que las mujeres sean asesinadas", e insta a que, "si la organización no atiende a razones", sean "las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, además de la policía local, las que impidan de facto la celebración del Mundial de MotoGP en Jerez"

Cambio de mentalidad

El debate abierto tras la actuación del ayuntamiento jerezano apenas deja margen de duda entre las expertas consultadas. "Cualquier trabajo diseñado por los hombres para las mujeres a propósito, como es el de azafata de eventos, con la finalidad de defender sus intereses económicos y que convierte a las mujeres en objetos, debe ser proscrito en cualquier sociedad moderna", argumenta López Díez. Tal y como señala la ONU, "el estereotipo de las mujeres como objetos sexuales es la base y el sustrato de la violencia masculina en su contra", por lo que resulta imprescindible una apuesta en firme por los "intereses estratégicos de todas las mujeres", continúa López Díez, frente a los "intereses prácticos de las modelos".

Tales intereses prácticos, prosigue, "parten de las necesidades individuales de las modelos", mientras que "los intereses estratégicos, esto es, aquellos que buscan transformar las relaciones de género, de manera que corrijan las posiciones de poder desiguales entre hombres y mujeres, son los que deberían ser tenidos en cuenta por las afectadas, ya que son los emancipadores y liberadores para todas ellas". López Díez recalca que dichos intereses estratégicos "dignifican a las mujeres, asaltan y rompen las barreras tradicionales y colocan a las mujeres en una posición de igualdad respecto a los hombres".

Justa Montero, miembro de la Asamblea Feminista de Madrid, entiende que "la existencia en estos eventos de figuras con una funcionalidad meramente decorativa no tienen ningún sentido" y además no guarda "relación alguna con el hecho deportivo". Apuesta por la defensa de los derechos laborales de las mujeres azafatas mediante la proporción de "otras funciones que puedan cubrir". No es necesaria, sostiene, la disyuntiva entre "seguir igual o quedarse sin trabajo". Por otro lado, Montero demanda que dichas labores se repartan entre hombres y mujeres con atuendos "cómodos y normales". También Laura Nuño coincide en que "el planteamiento no consiste en prescindir de las mujeres", sino que "no tengan que ir vestidas como un reclamo sexual" y, tras valorar sus funciones en términos de utilidad de servicio y condiciones laborales, "que haya hombres y mujeres, como en todos los trabajos, sin funcionar como reclamo".

La idea, añade Marisa Soleto, "no es que nadie se quede sin trabajo, sino que sería tan fácil como no dar esa imagen y ese significado de mujer estereotipada al puesto". Además, subraya, "ni el atuendo ni el papel lleva a poner en valor al espacio de la mujer en el deporte", ámbito tradicionalmente minado para las deportistas, que aún a día de hoy han de enfrentarse a "mayores dificultades para participar".

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