Pensionistas

¿Por qué las movilizaciones de los pensionistas en Bilbao han tenido tanto éxito?

Concentración en Bilbao de la plataforma de asociaciones de jubilados, viudas y pensionistas de Bizkaia.

Miles de jubilados y pensionistas volvieron a concentrarse este lunes frente al Ayuntamiento de Bilbao para exigir al Gobierno central unas “pensiones públicas dignas” y para mostrar su rechazo frontal a la insignificante subida del 0,25% que ha decidido aplicar el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Y lo hicieron con el dulce regusto que dejó en la capital bizkaina la multitudinaria manifestación registrada el pasado sábado, una marea humana de más de 115.000 personas, según fuentes municipales, que colapsó el centro de Bilbao y que inundó las calles de consignas contra el Gobierno conservador y su decisión de no ligar la revalorización de las pensiones al Índice de Precios al Consumo (IPC). Una marcha “histórica”, según los promotores, que por su afluencia destacó entre las más de un centenar de protestas organizadas a lo largo y ancho de toda la geografía española.

La indignación pensionista que ha terminado por convertirse en un auténtico dolor de muelas para el Ejecutivo del PP arrancó justamente allí, en Bilbao, hace más de diez semanas. El 15 de enero, más de un millar de personas se concentraron frente al Ayuntamiento y decidieron que esa sería la imagen que se vería en los medios de comunicación cada lunes hasta que no se pusiera fin de una vez por todas a una pérdida de poder adquisitivo que llevan años sufriendo. Ni la lluvia ni el frío han conseguido desmovilizar a los pensionistas vascos. Al contrario, la bola de nieve se ha ido haciendo cada vez más y más grande. El 22 de febrero, cuando Madrid, Barcelona o Valencia decidieron sumarse a las movilizaciones, en Bilbao las plataformas lograban ya movilizar a más de 35.000 personas. Músculo que aumentó exponencialmente en la marcha del pasado sábado.

Euskadi es la comunidad autónoma con la pensión media más alta de toda España: 1.157 euros el pasado mes de febrero, frente a los 932 euros que se abonaron de media en el conjunto del país. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Más del 36% de los pensionistas vascos no llegan siquiera a percibir mensualmente una cantidad equivalente al salario mínimo interprofesional. Es decir, más de 198.000 jubilados y pensionistas de Euskadi tienen que subsistir con una cuantía inferior a 735 euros. El segmento por debajo de los 650 euros mensuales lo conforman más de 170.000 personas, de las que más de 89.000 no llegan ni siquiera a ingresar 500 euros. Una cruda realidad a la que se quiere poner freno de una vez por todas.

Cultura política de reivindicación

Una de las claves que explican esta efervescencia, sostienen los expertos consultados por infoLibre, tiene mucho que ver con la “cultura política organizativa y de reivindicación” que existe en suelo vasco. “Euskadi tiene una larga tradición de salir a la calle en manifestaciones muy numerosas. Las calles siempre han sido un lugar de encuentro”, señala Ander Gurruchaga, catedrático de Sociología de la Universidad del País Vasco (UPV). Coincide con él Inés Calzada, socióloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que apunta que Euskadi “se caracteriza por un mayor asociacionismo”, con una “tradición obrera industrial muy fuerte” y con sindicatos potentes, “de clase”.

De hecho, Gurruchaga echa la vista al pasado cuando trata de buscar explicación al fuerte empuje de los pensionistas vascos. En concreto, pone el ojo sobre el espíritu combativo de la década de los ochenta en Euskadi, con la durísima reconversión industrial de fondo. Los que hace treinta años salieron a la calle para proteger sus puestos de trabajo, hoy están o jubilados o camino de ello. “Probablemente, todos aquellos que crearon sus carreras profesionales y reivindicativas en la década de los 60, 70 u 80 estén saliendo de nuevo a la calle para reivindicar unas pensiones que se han ganado honestamente durante todo este tiempo”, apunta el sociólogo.

La importancia de la unidad

Los expertos, además, ponen el foco en la “unidad” cuando se les cuestiona por el éxito de la movilización en la capital bizkaina. En Bilbao, los principales sindicatos –UGT, CCOO, ELA y LAB–, partidos políticos y asociaciones dejaron de lado las diferencias para marchar de la mano. “Conseguimos que se olvidaran las banderas y las señas de identidad para poder sumar al mayor número de personas posible”, explica Víctor Etayo, miembro de uno de los colectivos de jubilados que secundaron la protesta. De hecho, el inicio de la marcha se vio alterado por un encontronazo con un grupo de manifestantes que portaban ikurriñas y una pancarta firmada por la plataforma de pensionistas de Euskal Herria desatendiendo así la consigna de que no se portaran logos ni banderas.

Una unidad que, sin embargo, no se vio en Madrid, Barcelona o Valencia, donde las centrales sindicales y la Coordinadora Estatal en Defensa del Sistema Público de Pensiones (CEDSPP) no fueron capaces de organizar protestas conjuntas. ¿El resultado? Dos manifestaciones: una por la mañana y otra por la tarde. Y, con ello, desmovilización. “Si hay fraccionamiento, si los sindicatos o los partidos políticos empiezan a torpedear este tipo de reivindicaciones, la fuerza de movilización empieza a quebrarse y muchas personas que no están directamente involucradas en alguna de las partes se sienten excluidos”, asevera el catedrático de Sociología de la UPV. Lo mismo opina la socióloga del CSIC: “La fractura hunde mucho la movilización”.

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