El futuro del PSOE

El PSOE cambia de generación

Pedro Sánchez, tras su proclamación como secretario general del PSOE, este 26 de julio en el hotel Auditórium de Madrid.

El PSOE suelta el lastre del pasado. Cierra definitivamente una puerta de su historia y se dirige a una "nuevo tiempo", un "nuevo ciclo", como ayer sábado se empeñaban a reforzar una infinidad de dirigentes, empezando por el flamante y aclamado secretario general, Pedro Sánchez;la poderosa presidenta andaluza, Susana Díaz, y el secretario de Organización, César Luena

El cambio operado en el congreso federal extraordinario que hoy se cierra en Madrid es "histórico". Primero, por cómo se ha procedido a la elección de la cabeza de los socialistas, por votación directa de las bases, un hito que jamás se había producido en 135 años de vida. Pero también porque con este cónclave toma el mando una nueva generación de dirigentes, en buena medida más jóvenes –el 40% tiene entre 30 y 40 años, en la línea de su jefe máximo, 42, y de Luena, 33–, cuya entrada en los nodos de poder del PSOE se interpreta como un claro corte respecto al felipismo y, en cierta medida, el zapaterismo. La ruptura con el pasado, esta vez, según la lectura de cuadros altos y medios consultados por infoLibre, es en este caso mucho más "profunda" que en etapas anteriores. 

La nueva ejecutiva, que este domingo votarán los 1.036 delegados del congreso, no cuenta ya con ministros de Felipe González, y de José Luis Rodríguez Zapatero sólo queda Carme Chacón. En la anterior, nada más y nada menos que el secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, había formado parte de los primeros Gobiernos socialistas de la democracia. También el presidente federal, José Antonio Griñán. La de Sánchez tiene menos reminiscencias con el pasado, como analizaban diversos dirigentes territoriales. 

Vayamos a los números. El nuevo organigrama es más amplio de lo previsto: 38 miembros más los natos, el mismo número que alcanzó la que formó Rubalcaba en 2013. Sentará a 18 hombres y 20 mujeres, y se renueva al 85%, pues sólo repiten seis respecto a la anterior (Patxi López, María González Veracruz, Emiliano García-Page, Francina Armengol, Carmen Montón y Carlos Pérez Anadón). En este caso, se apostó por una estructura con más responsables de área (25, más la presidencia y la Secretaría General) que vocales (11).

01. LA COMPOSICIÓN DE LA NUEVA DIRECCIÓN

El puzle se cerró pasada la medianoche, más tarde de lo previsto, una hora hora media fuera de plazo. Fue entonces cuando Díaz entregó a la prensa la lista completa, en calidad de presidenta del congreso, como se apresuraron a recordar sus colaboradores. Ella estuvo en la cocina de las negociaciones todo el tiempo. Que las cosas se alargaran más de la cuenta –pero menos de lo que manda la costumbre en los cónclaves socialistas, que siempre se alargaban hasta bien entrada la madrugada– se debió al tira y afloja que mantuvieron la Federación Socialista Asturiana (FSA), gobernada por el presidente del Principado, Javier Fernández, y Sánchez. La FSA se había sentido "maltratada" al ver cómo su jefe había sido desplazado por Susana Díaz en la presidencia del Consejo de Política Federal (antes Consejo Territorial), el órgano que reúne a los barones. Los 45 integrantes de la delegación llegaron a acordar que si no se compensaba a Fernández de alguna manera, saldrían de la cúpula las dos mujeres que él había propuesto, Adriana Lastra y Marisa Carcedo. Las conversaciones se mantuvieron después de la proclamación del nuevo líder, y el suspense perduró hasta última hora.

Cerca de la una de la madrugada, todo el mundo pudo respirar aliviado. El pacto estaba hecho. Sánchez ofreció a Fernández la presidencia de un órgano de nueva creación, bautizado con el pomposo nombre de Consejo para la Transición Industrial y Energética. Como contó Luena sobre la una de la madrugada, fue "un empeño personal" del nuevo líder, que quería dar vida a un foro semejante al impulsado por el presidente francés, François Hollande, y en el que el presidente asturiano podía encajar por su conocimiento de la materia. Según fuentes próximas al presidente asturiano, Sánchez tuvo que rogarle que aceptara el puesto en dos reuniones en su habitación del hotel Auditórium de Madrid, donde se celebra el congreso. Fernández, al final, se avino a firmar la paz. La presidencia en el Consejo para la Transición Industrial le sumerge en la ejecutiva como miembro nato, igual que Díaz. Las dos mujeres que él postuló, la diputada autonómica Adriana Lastra y la parlamentaria nacional en el Congreso, se hicieron con sendas carteras de Política Municipal y Bienestar Social. 

Para Sánchez era vital que el mapa de unidad del PSOE no se le resquebrajase. Asturias había sido una de las federaciones que más apoyo prestó a su principal rival, Eduardo Madina, al igual que Extremadura. Por eso sabía que tenía que desactivarlas y sumarlas a su proyecto. El extremeño Guillermo Fernández Vara no puso objeciones y promovió a dos mujeres –en la ejecutiva saliente sólo tenía una silla–, Pilar Lucio y María Murillo. La primera, baluarte del secretario general en la comunidad, asume la Secretaría de Cambio Climático y Sostenibilidad. Y la segunda entra como vocal. Pero de no haber logrado la concordia con la FSA, habría tenido un roto más difícil de taponar. 

Asturias era, para Sánchez, una china en el zapato mucho más preocupante que Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, los dos perdedores de la consulta a la militancia del pasado 13 de julio. El primero denunció ante los medios que no había habido "integración", que el secretario general no había contado no con él –ya había rehusado incorporarse a Ferraz–, sino con el núcleo duro que le acompañó en su viaje hacia el liderazgo del partido. Sánchez había agregado a dos dirigentes que le habían respaldado durante la campaña, la catalana Meritxell Batet y el madrileño Manuel de la Rocha Vázquez, pero él no había proporcionado sus nombres. El segundo había lamentado la falta de diálogo de Sánchez en los últimos días. 

No hubo más gestos para atraer al diputado vasco y sus correligionarios. Él sí estará en el Comité Federal, máximo órgano de dirección entre congresos. Caso de Pérez Tapias y varios de los cuadros que le apoyaron en su campaña: Beatriz Talegón, Mario Salvatierra, Josep Borrell, Matilde Fernández o Andrés Perelló. Izquierda Socialista, por tanto, no tendrá presencia en la ejecutiva, sino en el Comité Federal. Suficiente para que la corriente interna no presentara una lista alternativa, como había amagado la víspera.  

02. DÍAZ TOMA EL CONTROL

En la ejecutiva se nota el sello de Susana Díaz por los cuatro costados. Ella es una de las grandes vencedoras de este cónclave. Coloca a su gente en ocho puestos clave: Micaela Navarro (presidencia), Antonio Pradas (Política Federal, el número tres del partido), la consejera María José Sánchez Rubio (Sanidad), Estefanía Palop (Málaga), María Luisa Faneca (Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural), Noemí Cruz (Cooperación para el Desarrollo) y de vocales Juan Pablo Durán y Francisco Pizarro. Ocho puestos al que la baronesa suma el suyo propio, en calidad de presidenta del Consejo de Política Federal, lo que le da derecho a acudir a las reuniones de la cúpula siempre que quiera. Y si Andalucía se queda con la presidencia y el número tres del núcleo duro, Valencia, la segunda federación en militantes, ocupa el cuarto puesto en el escalafón, con la diputada Carmen Montón como secretaria de Igualdad, y sitúa a su secretario regional, Ximo Puig, en la nueva cartera de Reformas Democráticas.

Madrid, la federación de Sánchez, es otra de las que más peones pone: Tomás Gómez, su secretario general (vocal), Manuel de la Rocha (Economía), Pedro Zerolo (que vuelve a Movimientos Sociales) y Eva Matarín (Inmigración). El PSC coloca a tres: la exministra Carme Chacón, secretaria de Relaciones Internacionales, la diputada Meritxell Batet (Estudios y Programas) y, como vocal, el ex primer secretario Pere Navarro. 

Gómez y Puig no son los únicos barones que se integran en el nuevo equipo federal. Es más, si por algo destaca esta dirección es por la abultada presencia de líderes territoriales. Hasta diez: el riojano César Luena (Organización), el vasco Patxi López (Acción Política y Ciudadanía), el citado Ximo Puig (Reformas Democráticas), el canario José Miguel Pérez (Educación), el navarro Roberto Jiménez (Emigración), el manchego Emiliano García-Page, la cántabra Rosa Eva Díaz Tezanos, el gallego José Ramón Gómez Besteiro y la balear Francina Armengol –estos cuatro, más Gómez, como vocales–. De todos ellos, dos, López y Jiménez, dejarán las riendas de sus federaciones en próximos congresos extraordinarios, y Luena hará lo propio con toda seguridad. 

La nómina tan completa de barones tiene ventajas e inconvenientes. Para unos, hace que la ejecutiva sea un órgano muy político, que integra las visiones de la mayor parte de los territorios. Para otros, resta peso al Consejo de Política Federal, órgano que Sánchez pretendía reforzar

Vuelve la exministra Leire Pajín

La lista del Comité Federal elegida por el congreso se amplía hasta los 107 miembros. En ella destacan nombres como los de José Antonio Griñán, Elena Valenciano, Purificación Causapié, Óscar López, Manuel Chaves, Trinidad Jiménez, Inmaculada Rodríguez-Piñero, Maru Menéndez... Destaca el regreso a la política española de la exministra de Sanidad Leire Pajín, secretaria de Organización con Zapatero (2008-2010), que en 2012 se incorporó a la Organización Panamericana de la Salud, que depende de la ONU, con despacho en Nueva York. 

"Unidad e integración" fueron los dos sustantivos que empleó Luena para definir a la nueva ejecutiva. "Todas las sensibilidades políticas, todas las federaciones y todos los territorios están integrados". Y, respondiendo a Madina, le recordó que las negociaciones de las cúpulas siempre las pilota el secretario general con las delegaciones "y así se integra". Venía a decir que el diputado vasco no tiene ejército de fieles, más allá de las federaciones de Extremadura y Asturias, ambas dentro del proyecto común. 

03. EL SALTO GENERACIONAL

"¿No viste cómo estaba Felipe González? Estaba como un gallo en corral ajeno, como un novio viejo". El comentario, de un cualificado dirigente, además de describir una escena –el patriarca sentado en la platea en la apertura del congreso, con gafas de sol, casi ausente, poco ovacionado–, apuntaba con retranca a la que es una de las conclusiones de este congreso. El salto generacional ha sido "evidente", la ruptura, "más profunda". El PSOE se ha desembarazado del equipo de timoneles de los tiempos de González, y de Zapatero ya no queda rastro de la Nueva Vía que le aupó al poder, más allá de Chacón, reintegrada en la dirección después de dos años en el exilio al que le mandó Rubalcaba

Todos los dirigentes consultados trazaban una reflexión en términos paralelos, con más o menos matices. Son otros los que ahora toman el poder, y aunque beben del legado de los dos expresidentes, y no renuncian a él, no estuvieron en sus equipos, con contadas excepciones de algunos cachorros que ya asomaron por las ejecutivas de Zapatero. "Es el efecto contagio de Andalucía", se atribuían los seguidores de Díaz, orgullosos de cómo ellos mismos hicieron el paso de testigo de Griñán a la actual presidenta. 

Algunos van incluso más allá. "Es que Zapatero y Felipe ya estaban muertos", verbalizaba un conocido dirigente andaluz que trabajó en su momento con los dos. "Se les ha enterrado ya por consunción", decía otro. "El cambio generacional es innegable. Otra cosa es que haya un cambio de cultura política. Eso está por ver", remachaba uno de los mejores analistas del partido, para quien el relevo se ha producido, sobre todo, entre aquellos que apoyaron a Rubalcaba en el congreso de Sevilla, que se sumaron a aquellos de Chacón "que respaldaron a Pedro porque era menos rubalcabista que Edu". 

"Algunas de las que hemos puesto son hasta insultantemente jóvenes", expresaban fuentes muy próximas a Díaz. Hasta los barones que entran en el juego federal pertenecen a una nueva hornada, pues en su gran mayoría conquistaron el poder después de la marcha de Zapatero. El propio Sánchez se definía el pasado miércoles como miembro de una nueva camada de políticos. 

Pero en ese cambio profundo funciona otra clave: el PSOE se siente al borde del abismo. Como calcaban varios dirigentes, la sensación extendida es que esta es la "última oportunidad" para que el partido remonte y mantenga su imagen de formación con vocación de Gobierno. "No podemos jugar más ni hacer regates a corto. Si no, nos iremos a la mierda", contaba una dirigente territorial. Queda menos de un año para las autonómicas y municipales, en las que el PSOE quiere poner toda la carne en el asador, porque sabe que ahí se juega el ser y no ser. Por eso apremió Díaz a concentrarse en ese objetivo, sin más dilación. Como luego hizo Sánchez

04. SIN APENAS OPOSICIÓN

El "pataleo" de Madina –en definición de varios cuadros– sentó mal. No se entendía cómo el diputado vasco había salido a hablar ante los medios apenas una hora después de la proclamación del secretario general, cuando aún quedaban horas de negociación, para protestar porque no había "habido integración"

Sentaron mal sus palabras, pero no emponzoñaron el ambiente. Salvo por las dudas con Asturias, el clima general era de unidad, de tranquilidad. Nada que ver con los cuchillos que muchos recordaban de aquel congreso de Sevilla. Y no se teme una nueva división interna. 

La coincidencia de muchos dirigentes era nítida: este congreso no acabará como una reproducción mimética de Sevilla. Los argumentos compartidos: ni el secretario general ha sido elegido esta vez con el mismo procedimiento que en 2012 –en aquel se siguió el método tradicional, por delegados–, ni la diferencia ha sido tan ajustada –en Sevilla, Rubalcaba le sacó sólo 22 votos a Chacón; ahora Sánchez aventajó en más de 12 puntos a Madina– ni, sobre todo, los dos rivales perdedores tienen ejército detrás. En el cónclave de hace dos años, federaciones enteras no se vieron representadas en la dirección, y la división entre los partidarios de Rubalcaba y Chacón había ascendido a los cuadros intermedios y altos del partido. En este caso, ha votado la militancia y las dos comunidades que ayudaron al diputado vasco (Extremadura y Asturias) se sumaron al barco del nuevo jefe. "¿Y si dentro de unos meses hacemos primarias, también tendrá su cuota el que pierde? Esto no funciona así", deslizaba otro mando orgánico. 

Incluso entre los que apoyaron a Madina y ya se habían integrado al equipo de Sánchez reconocían que la integración no puede pasar por convertir el PSOE en "reinos de taifas", en ningún caso, por muy vistosa que pueda parecer al principio, porque el secretario general –y más el actual, con una legitimación de la que no disfrutó ningún predecesor– ha de configurar un "equipo compacto". "La integración se demuestra andando, con el paso del tiempo, no es cuestión de un día", indicaba una madinista que avala al líder. 

Sánchez comienza un camino rugoso con manos libres aunque seguido de cerca por Díaz. Una aventura complicada en un tiempo muy difícil porque, pese a que el PSOE ahora se sienta bañado en la euforia, fuera no hay indicios sólidos de que sus datos mejoren. 

 

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