Del motor inmóvil del Madrid D.F. al aguirrismo de Otegi Víctor Guillot
No me considero una persona ingenua, pero estoy empezando a planteármelo. Pensaba que el Mundial de fútbol servía para ordenar un poco el mundo (al menos, para algunos de nosotros). Mal que bien, durante unas semanas todo se mira a través del mismo rectángulo verde y la coreografía es conocida: el árbitro pita, el balón rueda, los hinchas cantan, los comentaristas exageran, los seleccionadores envejecen en el plano corto y con el pitido final todos discutimos la misma jugada. Esa conversación común nos iguala, incluso cuando media humanidad finge saber de defensas en bloque bajo o líneas de contención. Suelen ser los mismos que fingen saber de todo lo demás, así que convivimos con ellos con toda la paciencia que nos queda a principios de este julio abrasador.
Este Mundial me ha recordado que ya nada conserva intacta la ilusión del lenguaje compartido. Donald Trump, que no sabe nada de fútbol pero controla la presión tras pérdida mejor que Pep Guardiola, llamó a su amigo Gianni Infantino al término del Estados Unidos - Bosnia para quejarse de la sanción a Folarin Balogun, que vio una justísima tarjeta roja. ¿Resultado? La FIFA levantó la sanción y el delantero se vistió de corto para jugar ante Bélgica. De poco sirvieron las protestas de la federación belga, porque Infantino se justificó en la independencia jurídica (el tema de moda) y a correr.
No traigo aquí mi sorpresa con la politización del fútbol. Soy gallega y del Depor, así que aprendí hace tiempo que en los despachos se juegan muchas competiciones (y dolorosos descensos), aunque en esos despachos no se sude la camiseta. En el caso de Balogun me parece muy llamativo quién llama y quién tiene el poder suficiente para levantar una sanción. Y es precisamente aquí donde Donald Trump se coloca entre un hecho y su consecuencia. Borrando la consecuencia, para ser exacta.
Con la información, con las noticias, está empezando a pasar algo parecido. Antes los periodistas pensábamos que nuestro trabajo estaba en contar el partido. Investigar con rigor, contrastar, titular bien. Algunos pensamos que hoy sigue siendo lo fundamental, pero entre el hecho periodístico y su consecuencia (lectores informados) se ha situado una máquina muy diferente a las anteriores y tiene pinta de que el frágil ecosistema está a punto de romperse. Hasta ahora conocíamos bien a nuestros intermediarios: estaba Google, que ordenaba (siguiendo su propio interés, pero ordenaba); estaba Facebook, que distraía; Twitter, que enfadaba; Discover, una especie de Guadiana que aparecía y desaparecía como una promesa de verano. Los periódicos aprendieron a convivir con ellas y con sus vaivenes en una dependencia incómoda, pero reconocible. Y, finalmente, el lector llegaba al artículo.
La comodidad es un enemigo formidable. La comodidad hizo millonario a Jeff Bezos cuando millones de personas se dieron cuenta de que es más cómodo comprar libros en Amazon (sin moverse del sofá) que en una librería
La IA viene a cambiarlo todo y no sólo por las conversaciones con chatbots o agentes de IA. El Instituto Reuters advierte de la inminente integración en navegadores, móviles o el propio sistema operativo, de forma que tendremos a la máquina viendo la misma pantalla que nosotros y ofreciéndose a resumirlo. Cualquier contenido, resumido en décimas de segundo. Ojo. Si la IA no tuviera un nombre tan bien elegido desconfiaríamos de ella. Inteligencia artificial. Minipunto para Silicon Valley.
La máquina es una suerte de Donald Trump que ha irrumpido con una llamada absurda y se ha cargado el sistema. ¿Quién va a ser el raro que se moleste en leer un reportaje fantástico como el que ha escrito Sabela Rodríguez sobre el décimo aniversario de la violación de La Manada, que lleva detrás investigación, análisis, contexto, fuentes y más fuentes? Puede que pocos, si tienen delante una respuesta sencilla como esta proporcionada por la IA: “A una década de la agresión grupal en los Sanfermines de 2016 en Iruña, el caso de La Manada se consolidó como un punto de inflexión social y político que resignificó el término para visibilizar la masiva respuesta feminista contra la justicia patriarcal. La movilización marcó un cambio cultural sin precedentes al convertir la indignación en un rugido colectivo que arropó a la víctima y exigió cambios estructurales”. Ahí queda esa simpleza.
La comodidad es un enemigo formidable. La comodidad hizo millonario a Jeff Bezos cuando millones de personas se dieron cuenta de que es más cómodo comprar libros en Amazon (sin moverse del sofá) que en una librería. Los periódicos hemos dedicado todos nuestros esfuerzos a combatir la mentira y la desinformación, sin darnos cuenta de que el palo en la rueda vendría en forma de facilidad. La IA lo hace todo más fácil, más cómodo… y de ese planteamiento a esta realidad: una de cada diez personas ya usa chatbots para buscar noticias cada semana, según datos de Nieman Lab a partir del informe del Instituto Reuters. Ya han cruzado la puerta cómoda del acceso a noticias y todo hace pensar que es una puerta que van a cruzar más veces.
La IA tiende a obedecer, contesta a lo que pedimos con el tono que le pedimos. Al final seremos gente rara los que sigamos entrando en un periódico para leer noticias. No raros en sentido heroico, que estoy hablando de entrar en un periódico antes de tomar el primer café. Raros porque conservaremos una costumbre que para otros estará en desuso. Raros, porque además de saber qué pasa, queremos saber quién lo cuenta y desde dónde.
Quién sabe si dentro de poco leer un periódico será tan raro como ir al estadio a ver el partido en directo, con tu camiseta y con tu gente. Una decisión menos cómoda, con algo de pertenencia y mucho de resistencia. Una sabe que podría verlo resumido, pero prefiere leerlo entero, mirar al campo y abrazarse a los de siempre a celebrar un ascenso. Igual acabamos pareciéndonos a un club de fans de John Boy: pocos, algo raros y fieles a escuchar el mundo de una forma un poco lenta. Y quizá ahí, en esa lentitud un poco rara, siga quedando una forma de resistencia democrática.
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