ENTREVISTA

Alberto Garzón: "Espero como ciudadano que las izquierdas lleguen a un acuerdo para las elecciones"

El exministro de Consumo y exlíder de IU, Alberto Garzón.

Alberto Garzón acabó agotado tras su época en el Gobierno. Su cuerpo no podía más. Un cansancio físico y mental. Y, confiesa, fueron las guerras internas dentro de la izquierda lo que más le desgastó. Ahora mira la vida de otra manera, centrado en su familia y en su labor como investigador en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Garzón no piensa volver a la primera línea de la política. Ahora, además, publica el libro La guerra por la energía. Poder, imperios y crisis ecológica (Península). Desde su visión como ciudadano, el exministro de Consumo advierte de que el ICE en Estados Unidos es un paso más en el proyecto de Donald Trump hacia un cambio de régimen, mientras espera que en España las izquierdas se unan para las generales y que el presidente, Pedro Sánchez, sea más valiente y audaz con medidas sobre vivienda. Con otro mensaje: los progresistas también tienen que sonreír más como Zohran Mamdani.

¿Dominan el mundo los lobbies energéticos?

La energía tiene muchas dimensiones. En el libro hablo de la energía alimentaria, la que necesitamos como organismos vivos para mantenernos, y la que técnicamente se llama exosomática, que es la que necesitamos para calentarnos o para el transporte. Quien controle la energía tiene un gran poder. Los actores privados tienen mucho, pero no todo. Porque para que puedan conseguir sus objetivos necesitan el respaldo de los estados. La respuesta más fácil la ha dado Donald Trump al invadir Venezuela y secuestrar a Maduro. No lo ha hecho por motivos de derechos humanos, sino por el control del petróleo y a beneficio de las empresas petroleras de Estados Unidos. Las compañías subieron en Bolsa, pero no habría pasado sin el apoyo del estado más poderoso del mundo con su capacidad de coerción militar.

En el mundo ahora se libra otra batalla entre la energía nuclear y las renovables. Se está viendo un giro de algunos gobiernos auspiciado por las derechas. ¿Ganarán esta guerra las nucleares?

No, no va a suceder nunca. No es una cuestión ideológica, sino pragmática. Es carísimo poner en marcha las centrales nucleares. No es una alternativa práctica para sustituir a los combustibles fósiles. Y eso sólo se podrá hacer a través de una inversión lo más rápida posible en renovables. Dentro de ese debate, sí cabe hablar de la idoneidad de seguir manteniendo las energías nucleares de respaldo. 

El principal interés de Estados Unidos es frenar a China

¿Qué hay detrás del intento de Donald Trump de apropiarse de Groenlandia?

Una conceptualización de la política que no es tan nueva. Se hace eco del mercantilismo en un tiempo en el que la riqueza era considerada finita y en la que los imperios tenían que arrebatar a otros oro, plata o especias. Ahora ese papel lo juegan otro tipo de minerales escasos, que son críticos para las industrias contemporáneas. Y Groenlandia está llena de ellos. Pero no es el único factor: también hay un trasfondo geográfico de control de las rutas marítimas. En este contexto, hay que ver el ejemplo de Congo, que tiene el 70% de las reservas de cobalto. El pasado 4 de diciembre se firmó un acuerdo de paz entre Congo y Ruanda junto a Donald Trump. Incluía una cláusula adicional de privilegio de las empresas de Estados Unidos para la importación. Varios bloques de poder se están disputando los mismos recursos y cadenas de valor. El presidente de EEUU ejemplifica ese contexto de crisis ecosocial y de fin del orden económico liberal que hemos conocido hasta ahora.

¿Cómo define a Trump?

Creo que para explicar sus comportamientos no es suficiente recurrir a su psicología. Detrás hay también elementos estructurales que tienen que ver con la lógica sobre cómo funciona la economía del mundo. El principal interés de EEUU es frenar a China como competidor. Washington promovió a Pekín en la entrada de la OMC porque hacía un contrapeso a la URSS primero y porque creía que iba a beneficiar a Estados Unidos. Pero desde la época de Obama se dieron cuenta de que eso no estaba sucediendo porque China no se había quedado para ser sólo el taller del mundo, sino que desafiaba a la tecnología norteamericana. EEUU defendió el libre comercio mientras le fue favorable y nadie le chistaba. Y ahora quieren cambiar las reglas del juego. No es lo mismo Trump que Biden, pero hay elementos estructurales que ya estaban marcados. Por supuesto que hay un punto de narcisismo del presidente. 

En el libro dice que las derechas tienen muy bien establecida su hoja de ruta.

Claro, lo que no quiere decir que sean coherentes. El planteamiento de Trump y de las extremas derechas del imperio estadounidense es muy fácil y ahora está desnudo: control del hemisferio occidental frente a China y Europa. Lo dicen como en el siglo XIX. La clave es que ellos entienden que estamos en un contexto en el que hay escasez de materiales. Llegan a la conclusión de que si no se lo quedan ellos, se lo quedarán otros. Para eso, la democracia no importa. Es una política descarnada que ejemplifica muy bien el contexto de crisis ecosocial. Pero hay otras extremas derechas que ven que no caben ahí, por ejemplo en Francia o en Alemania, donde están poniendo distancia con Trump, aunque opinen lo mismo dentro de sus países. 

En España eso no está sucediendo con Vox.

No. En España hay un seguidismo absoluto que les está llevando a muchas contradicciones. Por eso no dicen ni una palabra de lo que está pasando a nivel internacional.

El objetivo de las fuerzas autoritarias no es la migración, sino cambiar el régimen

¿Qué le parecen las imágenes que estamos viendo de las actuaciones de ICE en Estados Unidos?

Normalmente es fácil imaginar un mundo distópico como resultado de una catástrofe. Lo hemos visto en series y películas. Pero las mejores son las que reflejan un cambio progresivo como Years and years y El cuento de la criada. Porque relatan procesos: la democracia no desaparece de un día para otro. Y así fue el ascenso del nazismo y del fascismo en el siglo XX. Lo que estamos viendo con el ICE es parte de ese proceso de descomposición institucional. Las fuerzas autoritarias tienen clara una hoja de ruta de desmantelar la institución democrática representativa. ICE incumple todas las normas y está al servicio del presidente. Pero el objetivo no es la migración, sino un cambio de régimen. Están en Minnesota porque es un estado demócrata y quieren generar shock para que las medidas extraordinarias sean más asimilables. ICE es una señal de un proceso que puede conducir hacia un régimen autoritario. 

Frente a ese modelo en Estados Unidos, en España se ha iniciado el trámite de un decreto para una regularización extraordinaria de migrantes. ¿Qué le parece?

Me parece muy bien. Insisto en que el ICE en EEUU utiliza la migración como coartada, pero no es un problema. Su objetivo es recuperar una América donde la democracia les sobra. También les sobra la izquierda a la que consideran traidora. España también está sometida a las presiones de la extrema derecha, pero la posición es mucho más razonable y pragmática. Si hablamos con los datos, la migración viene porque hay una fuerte demanda de mano de obra en sectores que no se cubren con nacionales. Por lo tanto no hay competencia laboral. Por ejemplo, en el Reino Unido han puesto medidas muy duras y no han conseguido reducir la migración. Y hay que ver también la esfera moral: esta regularización introduce contradicciones en el ecosistema de la derecha española que tiene una tradición católica. En el cristianismo en el que yo me eduqué todos somos hijos de Dios. En España la imagen de los migrantes es la mejor dentro de la UE. Esto facilita medidas como la que ha aprobado el Gobierno de Sánchez, pero introduce un problema en las fuerzas de ultraderecha que intentan combatir con una narrativa de invasión, siempre de la mano de las redes y de los tecno-oligarcas. 

La extrema derecha en España está atravesando varios espacios sociológicos

En España no deja de crecer la extrema derecha, ¿puede llegar Vox a la Moncloa?

Por poder, se puede. España no representa una anomalía extraña que impida que eso suceda. La extrema derecha está consiguiendo llegar a un electorado al que no había accedido hasta ahora: el más popular y el más afectado por la situación económica. Eso es un problema porque está atravesando varios espacios sociológicos y puede crecer más. Sí puede llegar a gobernar y lo normal sería que lo hiciera con el PP, que ya está vendido a esa posibilidad. Eso nos introduciría en una dinámica similar a otros países europeos o EEUU. Es un riesgo que debería poner en alerta a toda la izquierda. 

¿Cómo se frena a la extrema derecha?

Con políticas que hagan atractivo el voto a la izquierda. 

¿Y cuáles son esas políticas?

En España se han hecho muchas cosas importantes, pero hacen falta política pública y relato. Sobre lo primero: falla el punto central de la vivienda. Ahora se puede llevar el 50% de los ingresos de una persona trabajadora, que no encuentra respuestas en el Gobierno de izquierdas. Y, sobre el relato, hace falta más lucha ideológica. El Ejecutivo está demasiado enfocado en la gestión, que da buenos resultados, pero la gente no conoce a los ministros. Eso apunta a que, aunque lo hagas bien, no te lo van a reconocer. Al Gobierno le falta punch, comunicación política y entrar al debate ideológico. Las medidas buenas tienen que ir acompañadas de confrontación con la derecha. Necesitas que el votante de izquierdas no se quede en su casa. La sociedad no se ha hecho más de derechas, pero hay un porcentaje alto de personas de izquierdas que no votan porque están cansadas, decepcionadas o frustradas. Es difícil pensar que el miedo a la ultraderecha las vaya a movilizar en el último minuto.

La sociedad no se ha hecho de derechas, pero hay un porcentaje de personas progresistas frustradas

¿Veremos una lista única a la izquierda del PSOE para las siguientes generales? ¿Apuesta por ello?

A mí me gustaría como ciudadano que hubiera una simplificación de las opciones de las candidaturas. Sé que hay diferencias entre los partidos, como siempre. Pero los ciudadanos no entran en ese nivel de sofisticación y quieren votar una candidatura que pueda transformar la sociedad. Por eso, hace falta que se unan. En Aragón y en Andalucía vamos a ver escenarios en los que con toda probabilidad la derecha arrase y la izquierda se suicide. El caso de Extremadura fue una excepción. Si esa lógica se repite en las generales, es un regalo a la extrema derecha, que tiene el viento a favor. Espero como ciudadano que lleguen a un acuerdo. Como ex líder de una formación afectada, hablo con todo el mundo y doy mi opinión, pero a veces puede ser predicar en el desierto.

Fuera ya del Gobierno, ¿qué le viene a la cabeza de su paso por el primer Ejecutivo de coalición desde la II República?

Estoy muy orgulloso de lo que hicimos. Y fue en condiciones muy difíciles. Fue un tiempo histórico, con la pandemia, muy complicado. Estoy contento de mi experiencia política durante doce años en primera línea. Pero también me produjo un agotamiento muy importante, que motivó que me fuera. Me quedé más tiempo del que mi cuerpo me exigía. Pero fue por responsabilidad política. Hay otras personas que siguieron y me parece estupendo. Antepuse mi salud y estar con mis tres hijas que habían tenido un padre ausente durante mucho tiempo. Otras personas podían hacerlo mejor que yo. Al final se trata de eso. Tengo un recuerdo ambivalente. Dediqué mucho tiempo a las peleas de la izquierda y a asumir los impactos de la extrema derecha incluso caminando por la calle.

¿Le han insultado? ¿Acosado?

Me siguen insultando por la calle. Es algo que ocurre cuando tienes una cara visible en un país cada vez más polarizado y con una derecha muy radicalizada. Me ocurre incluso cuando voy con mis hijas. Es lesivo para el ánimo. Y lo que más me generaba fatiga eran las disputas internas. Dedicamos muchas horas a algo que desde fuera era incomprensible.

Hablando de liderazgos, ¿qué le parece el fenómeno del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani? ¿La izquierda tiene en él un faro?

Hay un punto de experiencia que me invita a ser cauteloso. Hemos tenido muchos faros como Tsipras, Mélenchon, Corbyn o Sanders. Hay muchas experiencias internacionales de las que podemos aprender. Hay un punto de Mamdani muy importante: enfoca la política con una sonrisa. Y esto es más difícil de ver en la izquierda de lo que parece. Es muy fácil caer en una visión pesimista y frustrarse. Encontrar referencias esperanzadoras es muy potente. Hace falta empatizar con la gente y generar esperanza. La gente te tiene que votar porque cree que hay oportunidad de transformar las cosas. 

Sánchez tiene que ser más audaz y hacer cosas en vivienda

Conoce muy bien a Pedro Sánchez y ha estado años con él en el Consejo de Ministros. Las encuestas ya lo dan por amortizado, ¿pero confía en ese manual de resistencia para las generales?

Abengochea (IU-Sumar): "A Azcón lo gobiernan los intereses privados y las grandes empresas"

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Soy de los pocos que defendió que en el 23J había espacio para repetir el Gobierno. En mi opinión, ahora es más difícil, pero sigue habiendo opciones si se hacen las cosas bien. Queda tiempo. Pero el tiempo extra tiene que servir para algo. No se trata de resistir por resistir, sino de acumular fuerzas para tener más opciones el día de las elecciones. Y hace falta ser valiente. Sánchez tiene la pulsión de hacer esas cosas, pero luego coge el freno. Tiene que ser más audaz y, por ejemplo, hacer cosas en vivienda. Eso podría conectar con el electorado progresista frustrado, aunque tendría costes por otro lado. Si no toma esas medidas, será un tiempo extra que conducirá al mismo resultado. Hay otras hipótesis que consideran que como Trump está mostrando la patita, la gente no va a votar a Vox o PP. Pero en España, por lo general, la política nacional impera más. 

¿Podemos descartar ver a Alberto Garzón en una papeleta en unas próximas elecciones? ¿Se acabó totalmente la primera línea?

Sí, sí. Sigo dedicándome a la política como cualquier ciudadano informado y trato de ayudar. Pero le toca a otros la primera línea de la política. Ni siquiera estoy en alguna asamblea de base. Es un momento que estoy disfrutando con mi familia.

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