LIBREPENSADOR@S

Me uno a la Resistencia de infoLibre

Francisca Ferrer

Me uno a la Resistencia de infoLibre, pero confieso que a veces lo veo todo muy negro. Los últimos bulos contra Sánchez me dejan desconcertada. Me cuesta creer que pueda haber personas capaces de inventar semejantes atrocidades. Y, sin embargo, cuando veo cómo tanta gente acepta y difunde la desinformación, no puedo evitar preguntarme: ¿dónde están los hijos y los nietos de aquellos que tanto sufrieron?

Tengo 79 años y todavía sufro al recordar cómo viví la posguerra. Pero sufro aún más al pensar en lo que pasaron mis padres. Por eso me duele comprobar que, tantos años después, parecemos andar de nuevo por caminos que creíamos definitivamente abandonados, con el beneplácito de personas que quizá no se consideran de izquierdas, pero que también conocieron de cerca el hambre, el miedo y las dificultades.

Qué malo es el olvido.

Escucho a Serrat, a Labordeta, a Jarcha y a tantos otros que pusieron música a la memoria y a la dignidad. Pero hoy quiero detenerme especialmente en dos canciones interpretadas por Serrat: Las nanas de la cebolla y Manuel.

En Manuel se nos presenta la vida de un hombre humilde, nacido en España, que vive en una casa "de barro y caña". Trabaja las tierras de un señor, pero no posee nada. Es un trabajador explotado, un "mendigo a jornal fijo". Su esposa está embarazada, pero ella y el hijo mueren. Manuel cava la tumba de su mujer y, finalmente, desesperado, se suicida ahorcándose.

Manuel representa a tantos hombres humildes que trabajaron toda su vida sin llegar nunca a poseer ni siquiera la tierra que cultivaban

Lo más duro y simbólico es el final: incluso el olivo donde lo encuentran y la cuerda con la que se ahorca pertenecen al amo.

La canción es una denuncia de la pobreza extrema, de la desigualdad y de la falta de esperanza en la España rural. Para mí, Manuel representa a tantos hombres humildes que trabajaron toda su vida sin llegar nunca a poseer ni siquiera la tierra que cultivaban.

Y hay un detalle que hace la canción todavía más impresionante: Serrat la publicó en 1969, en plena dictadura franquista. Cantar entonces sobre aquella España pobre, injusta y desesperanzada era también una forma de mantener viva la memoria.

Por eso, cuando hoy escucho de nuevo estas canciones, pienso que recordar no es vivir anclados en el pasado. Recordar es defendernos de repetirlo.

Porque, de verdad, qué malo es el olvido.

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Francisca Ferrer es socia de infoLibre.

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