‘Anniversary’, el fin de la democracia reflejado en una familia en descomposición
Tras un estreno en salas que duró lo que un relámpago, Anniversary está viviendo una segunda etapa mucho más fecunda en Prime video. Esta película protagonizada por Diane Lane y que alerta sobre la fragilidad de nuestras democracias se queda flotando en la cabeza días después de verla e incita a la conversación.
La acción comienza con el aniversario de una sólida pareja progresista y acomodada, la que forman los personajes interpretados por Lane y Kyle Chandler. Se reúnen con sus cuatro hijos y el resto de familia y amigos.
Una llegada peligrosa a la familia
Su único hijo varón, menos brillante que sus hermanas, presenta a una nueva pareja, Liz, interpretada por Phoebe Dynevor, antigua alumna de Ellen, el personaje a quien da vida Diane Lane.
Liz había escrito una tesis en contra de la democracia. Eso la había hecho pasar de alumna brillante a persona no grata para la profesora a la que idolatraba. Reaparece ahora como un virus que se inocula en la familia.
Cinco actos para contar el paso de los años
A partir de aquí la película se cuenta en saltos anuales que muestran cómo afecta a los miembros del clan lo que transcurre fuera de casa, el triunfo de las ideas de Liz en Estados Unidos.
Anniversary logra dejar el regusto inquietante de aproximarse a un miedo latente cada vez más extendido en los últimos años. Tiene el valor de recordarnos que nuestra paranoia es real, que el riesgo para las democracias existe. Personas en diferentes situaciones y de muchos orígenes también lo sienten como una amenaza creciente.
Lo bueno muy bueno y algunos problemas irritantes
La película también es irritante como obra de arte porque combina decisiones interesantes y bien ejecutadas con otras que la sitúan a la altura de una película de sobremesa de Antena 3 de los fines de semana.
Parte de su atractivo reside en su concepción como una obra de teatro. Prácticamente se desarrolla en un único escenario, el hogar familiar, con ocho personajes y utilizando los cambios de acto para sus elipsis.
Armazón teatral
Este concepto proporciona una buena estructura, mantiene la tensión y despierta el interés por saber qué ha ocurrido en el tiempo que no hemos visto. Es una de las ideas de las que partió el director, el polaco Jan Komasa.
Su padre es actor teatral y esta fórmula, común en las tablas, está infrautilizada en cine, en su opinión. Su familia fue también el origen del resto de la estructura. Forman un gran grupo lleno de gente creativa que se reúne con periodicidad, con el riesgo que esto conlleva de que salte alguna chispa.
Una semilla de historia que germinó en la pandemia
En 2019 Komasa contactó con la guionista Lori Rosene-Gambino. Había leído su guion especulativo (escrito para darse a conocer, no para ser producido) sobre el cineasta Fritz Lang durante la creación de la película M, el vampiro de Düsseldorf.
Tras conversaciones previas entre ambos, llegó la pandemia, y el propio virus se convirtió en inspiración de lo que podía devastar una familia unida. Pero la amenaza del autoritarismo, en su momento política ficción, se ha ido aproximando a lo plausible.
Reparto con tirón
Entre los aciertos hay que sumar un reparto con mucho tirón. Diane Lane leyó el primer borrador y ha hecho algo más que ser su carismática protagonista. Según Rosene-Gambino, se convirtió en “nuestra matriarca, nuestra santa patrona” (Indie World Cinema).
Su pareja está interpretada por un Kyle Chandler (Friday night lights) conmovedor como fuerza unificadora de la familia. Los hijos son unas atractivas Madeline Brewer y McKenna Grace, ambas de El cuento de la criada o Zoey Deutch, un inquietante Dylan O'Brian y una antagonista hierática y escalofriante por exigencias de la historia, Phoebe Dynevor, que protagonizó la primera temporada de Los Bridgerton.
Lo que se pierde si se rompe una familia
La película trata de explorar el cisma que lleva a una guerra civil familiar. Una óptica interesante para dejar a la audiencia imaginar lo que ocurre en una sociedad entera que queda fuera de plano.
Dicho esto, Anniversary fuerza en el melodrama que motiva a Liz, instigadora del movimiento que acaba con la democracia y que se centra obsesivamente en su antigua profesora, paradigma de la intelectual acomodada progresista. Komasa quería para su película una gran pasión a lo Eva al desnudo.
Una atracción fatal desmedida
Lo ha contado por ejemplo en una entrevista en The Mungle minute. “Me gustaba que una fan adorase a su ídolo. Llega a ocupar su lugar y es como un virus. Desde una óptica creativa es como si el virus se enamorase de la célula, se pega a la célula, trata de entrar en la célula y cuando está dentro se apodera de ella, toma su ADN, lo replica y lo hace suyo. Esa es la estructura de la película” cuenta.
La intención podía ser esa, pero el resultado no se acerca a la complejidad de Eva al desnudo. Llega a recordar a una obsesión fatal de telefilme que rebaja el conjunto. Lo mismo pasa en una traca final que busca un impacto extra y para ello se sale de su propio tono y genera extrañeza.
Una amenaza abstracta
Más interpretable es la decisión de hacer una película política sin querer decir mucho de política. Como polaco, Komasa ha vivido los estertores del comunismo y ahora ve surgir la derecha radical autoritaria.
Quería que el movimiento que amenaza la convivencia en esta cinta, llamado de forma aséptica “el cambio”, fuera ambiguo porque según afirma “ahora la polarización es muy dinámica. Nos movemos en tiempos de cambios tectónicos”.
Las consecuencias de un enfrentamiento civil
Políticamente puede ser discutible, pero no perjudica su valor como distopía durable. Esta historia se centra más en las consecuencias que en las causas de una guerra civil. Lo que pierde en análisis de la coyuntura lo gana en un relato abierto a muchos públicos, universal.
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“Abordo mi propia ansiedad y mi propio miedo a un colapso social y aún más importante, el colapso de mi familia en tiempos de cambios. No nos importan los grandes números, nos importan nuestros seres queridos, nuestros seres cercanos” dice el director.
Nuevos públicos para un debate trascendental
El resultado es una película teatral, con personajes que proporcionan momentos impactantes, que abusa del psicologismo pero que es absolutamente oportuna y digna de ser recomendada.
Puede traer nuevos públicos a un debate existencial para nuestra sociedad, la manera de defender a la democracia y detectar los ataques contra el mejor sistema inventado antes de que sea demasiado tarde.