¿Está Ayuso llamando a Feijóo “pescao”?

“El ático estaba en venta y chao pescao”, dice desde el atril Isabel Díaz Ayuso, respondiendo en clave de zarzuela y en la corrala de los medios de comunicación a las vistosas y viscosas explicaciones que le ha hecho su supuesto jefe de filas por el asuntillo de la vivienda de lujo que el tiempo dirá si era oficina o nidito, y tal y tal, aunque en los dos casos se lo íbamos a pagar nosotros, a ella o a la institución, que no lo necesita porque ya posee muchos edificios que no usa. Esta gente tiene el armario lleno y sigue comprando ropa, como si fueran a salir a la calle con unos pantalones encima de otros.

El líder del Partido Popular tira la piedra y esconde la mano, le reclama claridad al continente, la Comunidad de Madrid, sin decir el nombre de su presidenta y confundiendo la categoría del inmueble, al que llama “local”, no se sabe si por las mismas razones que situó Badajoz en Andalucía y Huelva en el Mediterráneo o porque tiene más miedo que vergüenza porque se acuerda de lo que le ocurrió a su antecesor en el cargo, Pablo Casado, por atreverse a criticar a Ayuso: él le hizo la cama y ella puso dentro al muerto; así que ahora, cuando uno dice que “conviene” aclarar el asunto y la otra deja ver que atacarla no es venir “con”, sino “contra”, no es sólo una broma preguntarse: “¿Chao pescao” será la cabeza del caballo en la cama de Feijóo? ¿Se lo está diciendo a él?

Ni Picasso era catalán ni una vivienda de lujo es un local, y puede que Feijóo no sepa de verdad ninguna de las dos cosas, pero uno tiende a atribuirle el gazapo artístico a la ignorancia y el político al miedo

No, ni Picasso era catalán ni una vivienda de lujo es un local, y puede que Feijóo no sepa de verdad ninguna de las dos cosas, pero uno tiende a creérselo más de la primera que de la segunda, a atribuirle el gazapo artístico a la ignorancia y el político al miedo: ¿por qué no iba a hacerme a mí mi sucesora lo mismo que yo le hice a mi predecesor? En cualquier caso, el desacuerdo entre ellos parece una pelea de salón y cara a la galería, un roce más de chancla de goma que de zapato de tacón; uno y la otra no son Mbappé y Vinicius jugando los dos en el Real Madrid y a la vez uno contra el otro; y, en cualquier caso, ella, que además de uno de los contendientes quiere ser el árbitro, ya ha tocado el pito y dado por ganado el combate: “No se puede estirar más el chicle”, todo el mundo a los vestuarios.

A Feijóo le queda una bala, esa que dispara una y otra vez contra todo lo que se mueve en el Gobierno y mientras silba la música de una del oeste en la que el apellido del pistolero vestido de negro sirve de estribillo: Sánchez rima con Sánchez. La segunda pregunta es si el candidato de la derecha va a disputar un duelo al sol o en la Puerta del Sol, que no es lo mismo, entre otras cosas porque el primero lo puede ganar y el segundo tiene pinta de que no: el fuego amigo suele venir por la espalda y para acertarle al blanco disparando a ciegas y hacia atrás no sólo hay que tener buena puntería, sino también muy buen oído. Y no se yo, cuando hablamos de alguien que llama al boss Bruce Esplinter.

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