El calendario tramposo de la política migratoria Ruth Ferrero-Turrión
"Estamos ante una situación con dimensión humana que no debemos olvidar". Así inauguraba la ministra de Defensa, Margarita Robles, su comparecencia en la Comisión parlamentaria a petición propia del Gobierno para dar cuenta del colapso humanitario que tuvo lugar el pasado 30 de julio. Así ha dado comienzo el último curso político antes de las próximas elecciones generales, reconociendo la muerte de más de cien personas en la frontera de Ceuta y pidiendo perdón a todos aquellos que se han sentido abandonados.
Margarita Robles es una mujer de fuerte personalidad política, que ha conseguido identificarse, incluso, trabajando a la sombra de otros ministros. Robles siempre ha sido una geografía política complicada para la izquierda y uno cree, en gran medida, que esto se debe a las fuertes convicciones que la ministra ha depositado siempre en las instituciones del Estado, más allá de la ideología. Tanto es así que en su comparecencia de este martes ha hecho crítica y autocrítica sin cortarse para nada, como quien saca el cuchillo de carnicero y no le tiembla el pulso para despiezar una vaca. Se entiende que el Estado es esa vaca que, un suponer, salió a pastar durante estas vacaciones sin vigilar con suficiente diligencia la valla de Ceuta, a juicio de Grande-Marlaska. Robles no admite en este sentido fisuras y no lo ve así, convertida en la garante de los agentes del CNI, después de que el ministro del Interior asegurase que los servicios de inteligencia no informaron al Ejecutivo.
En su comparecencia de este martes, Robles ha hecho crítica y autocrítica sin cortarse para nada, como quien saca el cuchillo de carnicero y no le tiembla el pulso para despiezar una vaca
Sea como fuere, es un hecho significativo que Robles se haya apartado del resto de ministros, asumiendo en carne propia los errores de todo el Gobierno y defendiendo sin ambages la soberanía “españolísima” de Ceuta y Melilla. La ministra de Defensa ha venido a decir que la movilización de más de 80.000 migrantes en la playa del Trampolín ha traído causa de las guerras cognitivas, o sea, Facebook y TikTok, aprovechando la sentencia del Tribunal Supremo del pasado 8 de julio que impide la devolución en caliente de todos aquellos que lleguen a Ceuta a nado. El algoritmo Marchena, a un lado, las ambiguas y difíciles relaciones con el gobierno marroquí, por el otro, y las redes sociales, en todas partes, han creado un espacio radioactivo para el Gobierno al que la UE no es ajeno, exigiendo la devolución de todos los inmigrantes, incluidos los menores no acompañados. Así se las gasta el portavoz de Interior de la Comisión Europea. Así se las gasta Feijóo, que pide el confinamiento de todos los migrantes. Las costuras de Occidente se rompen por el sur y se tensan también en el seno del Gobierno.
Sánchez inicia, pues, su último baile en una posición de debilidad que habrá que ver cómo evoluciona en las próximas semanas. Robles es consciente de ello. Y es por eso que sus primeras palabras están dedicadas a los muertos, anónimos, silbantes, incontables, y las segundas a Marlaska, por omisión. Conviene que Sánchez acelere la conclusión de esta crisis humanitaria si quiere volver a repetir otro Gobierno, por mucho que los muertos no tengan prisa y el Mediterráneo se haya convertido en un tanatorio al otro lado de la M-30.
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