La Europa de los dragones

Ceuta se ha convertido este verano en el laboratorio de la socialdemocracia, de la misma manera que Torre Pacheco fue el terreno de experimentación de la ultraderecha el año anterior. Cuando Europa pretende ser una fortaleza, descubre que, efectivamente, al otro lado de sus muros hay dragones. El examen, que presiona al Gobierno desde Bruselas, trata de poner a prueba su capacidad para desplegar las medidas y recursos necesarios que garanticen a todos los migrantes la dignidad que merece cualquier ser humano, conforme a los tratados, las leyes y las normas comunitarias que regulan el derecho internacional humanitario. Lo que se está definiendo hoy es el músculo del Ejecutivo ante una crisis que ha convertido la frontera sur de Europa en una kashba.

De pronto, los dragones del África subsahariana han irrumpido en la frontera. Todo lo que asoma intempestivamente en nuestra vida secular, todo lo que trae novedad o cambio se convierte en boca del PP en inseguridad ciudadana o en el Otro. Efectivamente, unas gentes venidas de muy lejos, huidas de donde nace la sangre, fluye lo negro o fructifica el oro, quedan como torcidas y desencajadas en un país tan conservador como el nuestro, en una Europa que vuelve a sentir el deseo oscuro de lo ario. La gran disonancia es la fuerza mediática con la que arremete la derecha contra el Otro y el muro electoral que impide que lleguen al gobierno, propiciando el milagro sanchista de los panes y los peces en la noche ceutí.

Es por eso que Figaredo, el silbato de Vox, ha salido a cazar dragones, un suponer, desde un pueblo de Galicia. Al final, resulta que el dragón era él y ha salido escamado y abucheado. Y es aquí donde la paradoja de las fronteras cobra su fuerza final. España sigue siendo un país que gestiona mejor sus flujos migratorios que cualquier otro de la UE, verificando algo que los demás no acaban de comprender, a saber, que la socialdemocracia funciona.

Vivimos un tiempo de geografías tornadizas y feudales donde el hombre principia a ser sustituido por el sitio

La venganza de la geografía toma forma en cuerpo de dragón. Vivimos un tiempo de geografías tornadizas y feudales donde el hombre principia a ser sustituido por el sitio. Madrid, con sus áticos tornasolados y su presidenta desenchufada, es la mirada inversa e interior de esa misma paradoja. La derecha española, a rebufo del fascismo, contra las necesidades naturales del mercado (que pide mano de obra), se niega a la inmigración por un economicismo mal entendido, por un racismo mal disimulado y por un patriotismo de saldo y mercadillo demasiado mal integrado. Igualdad para los inmigrantes negros, cobrizos, para "las razas del talón amarillo", como dijera Saint-John Perse. De eso se trata, en una Europa que se ha amurallado contra los dragones.

El Gobierno de Sánchez tiene la obligación de hacer fructificar la igualdad para los negros de África y los negros de Madrid, fraternidad para las tribus erráticas procedentes de Sudán, Níger o el misterio, para toda esa juventud desnuda de los sin trabajo, sin rostro laboral, sin herramienta y sin palabras. Europa es hoy un problema y España, tierra de asilo, una solución que sufre hoy el cerrojo rampante de una derechona con el color de la bandera equivocado, o sea, la de Trump.

Los migrantes que este jueves han sido alojados en dos centros de Ceuta son la metáfora del hogar portátil de la mujer y del hombre sin techo en el mundo. La bandera española parecía haberse decolorado estos días en triste y anónimo silencio, como si los otros dragones, los que atenazan a Bruselas desde el otro lado del Atlántico, la hubiesen quemado. Mientras tanto, aquí, los intelectuales, la izquierda y la famélica legión. Lo de siempre.

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