Los diablos azules

Dos poemas de Guadalupe Amor

Otro libro de Amor, de Guadalupe Amor.

Guadalupe Amor

Guadalupe Amor, más conocida como Pita Amor (Ciudad de México, 1918-2000), es conocida por ser una figura: una figura del arte, posando para artistas como Diego Rivera, codeándose con Salvador Dalí o Frida Kahlo; una figura literaria, carteándose de manera constante con Gabriela Mistral; una figura social, habitual en las fiestas, reclamada por la prensa. Pero no es tan conocida como autora. Cuenta la escritora y editora Luna Miguel en El coloquio de las perras (Capitán Swing), un ensayo que reivindica a distintas creadoras en español, que, precisamente por su papel de socialité, con la frivolidad que se le asocia, los críticos dudaron de su autoría.

Ella respondía con sonetos: «Como dicen que soy una ignorante / todo el mundo comenta sin respeto / que sin duda ha de haber algún sujeto / que pone mi pesar en consonante. / Debe ser un tipo desbordante / ya que todo produce, hasta el soneto; / por eso con mis libros lanzo un reto: "burla burlando, van los tres delante". / Yo solo pido que él siga cantando / para mi fama y personal provecho / en tanto que yo vivo disfrutando / de su talento sin ningún derecho. / ¡Y ojalá no se canse, sino cuando / toda una biblioteca me haya hecho!».

La editorial Torremozas, centrada en la literatura escrita por mujeres desde su fundación en 1982, es el único sello que publica hoy su obra en España. Estos dos poemas están extraídos de Otro libro de Amor, reeditado en 2019. Los acompañan en este especial fragmentos de las obras de otras escritoras reunidas en El coloquio de las perras, como Eunice Odio, Rosario Ferré y Agustina González.

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¿Amor? No: ¡Imaginación!

Magia pura solamente:

un corazón impaciente,

y una inventada pasión.

Después, sólo decepción;

dejó de existir el cielo,

pues el tiempo rasgó el velo

que cubría aquel hechizo.

Ya el conjuro se deshizo,

y una sombra cayó al suelo.

*

Empiezas como ilusión

e invades el pensamiento,

siendo ya un suplicio lento

y una creciente obsesión.

Vas perdiendo el corazón,

las entrañas exaltando,

los pulsos precipitando,

y con tu fuego esclavizas,

y aun ya muerto, tus cenizas

la vida van abrasando.

Dos poemas de Eunice Odio

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