Cine

“Triana cumplió su sueño de cambiar la música en España”

Fotograma de 'Todo es de color', dirigida por Gonzalo García Pelayo sobre el grupo Triana.

Gonzalo y Javier García-Pelayo son dos personajes, en (casi) todos los sentidos del término. Destacan “por su forma peculiar de ser o actuar”, como recoge la Real Academia: en sus siete vidas, los hermanos se han dedicado a la música, al cine y a los juegos de azar, poniendo siempre por delante su independencia. Han sido, por esa última zona de interés, “seres reales o imaginarios” de una obra cinematográfica: la película The Pelayos, que retrató en 2012 su propósito de desbancar casinos con las matemáticas como única herramienta. Pero también han sido personas “de distinción, calidad o representación en la vida pública”, sobre todo como parte de la nómina de actores que hizo posible ese fenómeno llamado rock andaluzrock andaluz.

Aunque ha sido el juego lo que les ha granjeado más atención en los últimos años —además de la película dirigida por Eduard Cortés, el Canal Historia produjo un documental sobre su método y ocuparon páginas de periódicos, telediarios y programas en prime time—, es la faceta musical la que les ocupa ahora. Y, más concretamente, los lazos que les atan a Triana. Cuando se cumplen 40 años de la publicación de El patio, Javier (su mánager) y Gonzalo (productor de aquel primer disco) han decidido homenajear a la banda con una película, Todo es de color, que ultima su estreno a nivel nacional después de haberse proyectado en Andalucía. El filme, un "ensayo poético" sobre la obra del grupo dirigido por Gonzalo y protagonizado por Javier, conforma una entrega más de la filmografía del (también) cineasta

Así llegamos a la tercera faceta. Los hermanos están al teléfono en el hogar de Javier, el menor de los 16 que forman el clan de los Pelayo, tratando de fijar fechas con el exhibidor madrileño, que se resiste. La casa, una construcción sencilla que parece resistir a la modernidad a dos pasos de la Dehesa de la Villa, en Madrid, da una idea de la forma de vida que mantiene su dueño. Pocos bienes materiales y un cierto aire hippie que algunos llamarían hoy decrecentista. “Por aquí intentaron pasar los nacionales, y no pudieron”, dice Javier, orgulloso del barrio, para volver a lo práctico podo después: “Quizás no tendríamos que haber distribuido esto nosotros. Porque tenemos poco de todo, pero de esto menos”. Así, precariamente, ha trabajado siempre Gonzalo, también cineasta en la década de los setenta y ochenta, olvidado durante décadas y convertido en director de culto desde hace unos años por una nueva generación de críticos y cinéfilos.

Todo empezó en el festival de Buenos Aires (Bafici), que programó en 2009 dos de sus cinco películas hasta el momento: Frente al mar y Vivir en Sevilla (1978). El Festival de Cine Europeo de Sevilla despertó en 2012 con un seminario dedicado a su obra, gracias a algunos profesores universitarios y a los críticos de la revista especializada Lumière, que reconocen en el cine de García-Pelayo un ejercicio de libertad creativa y un sentido de la autoría emparentado con Godard o Bergman. El Festival de Viena le homenajeó en 2013 con la proyección de su obra completa, creada en 1975 y 1983. Después de que el periódico francés Le Monde le definiera como “el ave fénix ibérico”, el museo Jeu de Paume, en París, organizó una retrospectiva llamada ¡Viva la vida! Sinfonía underground. “Si no hubiera sido por eso, yo no estaría haciendo cine”, dice el director/jugador/productor musical.

Y ha vuelto con fuerza: si en 1983 se despidió del celuloide (“No dejé el cine: el cine me dejó a mí”), en los últimos tres años ha grabado cinco películas: Alegrías de Cádiz (su regreso), Niñas, Copla, Amo que te amen y esta última, una pieza dedicada a los fans de la banda. Todas ellas han sido realizadas con pocos medios y en familia. El plantel de Niñas está formado, en buena parte, por las mujeres de la familia, y sus hermanos y sobrinos —que colaboran en el negocio familiar, el juego, trasladado ahora a las apuestas deportivas— aparecen también en las demás cintas. La diferencia quizás sea que esta última película sí ha tenido apoyo público, por primera vez en toda su carrera: Canal Sur ha aportado 140.000 euros de los 300.000 de presupuesto en calidad de coproductor. "La Junta sí que no nos ha ayudado, la Junta nos ha respetado nuestra independencia", bromea Javier.

El director encuentra en Todo es de color ecos de sus otras dos road movies: Corridas de alegría, una de las más celebradas, y Rocío y José, una historia de amor en el camino de Sevilla a la aldea de El Rocío, en Huelva. "Esto también es una romería", dice, sobre el viaje en moto desde el cementerio de Villaviciosa de Odón, donde reposa Jesús de la Rosa, el cantante de la banda fallecido en 1983, hasta Caños de Meca, donde reside el único superviviente, Eduardo Rodríguez Rodway. "La llegada a Sevilla tiene un sentido religioso, y la llegada a los Caños también", añade.

La historia de Triana, truncada por la muerte del líder grupo en un accidente en coche, había dejado una nota amarga en el recuerdo de los dos hermanos, que ahora han conseguido transmutar en una energía luminosa. "En la película se supera todo eso, como en la vida, enfocándolo de cara y con resignación", dice el menor, a lo que Gonzalo añade: "Ves que todo lo que ha ocurrido es mejor que si no hubiera pasado nada. Aún con sus sombras". A este optimismo ha constribuido la recuperación del legado trianero por parte de las nuevas generaciones, un movimiento gemelo al de la resurrección del cine de Gonzalo. En 2008, orquestados por los García-Pelayo, artistas como Sabina —"San Jesús de la Rosa sin espinas", escribió sobre el cantante— o Bunbury versionaron al grupo en un recopilatorio. Algunos integrantes de grupos indie como Maga, Lori Meyers, Los Planetas o Niños Murantes hicieron lo mismo en un concierto en 2014. Y, lo que es más importante, artistas como Pony Bravo, Soleá Morente o Niño de Elche reconocen la influencia que Triana ejerce en su música.  

Y que no nadie contraríe ese triunfo. Se les pregunta por las líneas que cerraban la nota de la muerte de Jesús de la Rosa en el diario El País: "La carencia de infraestructura y lo que parece ser una incapacidad congénita de la música andaluza para crearla impidieron que el gran sueño de Jesús de la Rosa y sus compañeros, Tele Palacios y Eduardo Rodríguez, se hay convertido en una realidad sólida". "No quiero ni escucharla", responde Gonzalo, visiblemente airado. Le apoya su hermano: "De Triana siempre se hablaba para decir lo que podría haber sido y no fue. No aceptaban lo enorme que sí había. Y además es mentira. Triana cumplió su sueño. Fue número 1 durante cinco o seis años en caché, en venta de discos, en consideración, y consiguió cambiar la música en España".

En su opinión, la existencia de Triana permitió la evolución del rock con raíces —prefieren ese término—, integrado después en artistas tan heterogéneos que van desde Manolo García a Lagartija Nick. Además, ellos identifican una "devoción religiosa" en la segunda generación de seguidores, aquellos que lo recibieron de sus padres: "La gente integra Triana en sus vidas. Eso les pasa a los Beatles, eso le pasa a Jimmy Hendrix, pero no le pasa a todo el mundo. En España creo que únicamente están Serrat, Sabina y Triana". ¿Por qué la banda sevillana está en ese podio? Los promotores no desdeñan "la importancia del momento histórico, que la sociedad estaba necesitada de eso". Pero, en cualquier caso, piensan en esos devotos de El patio cuando tratan de cerrar el estreno. Gonzalo lo tiene claro: "Y si no se puede, a [la plataforma de cine online] Filmin, para que tengan acceso a ella todos los trianeros. Y punto". 

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