LOS ABUSOS DE LAS EMPRESAS

La ola de frío desnuda los fallos de una regulación eléctrica que hace pagar la luz a precio de gas natural

El recibo de la luz sube a máximos históricos con la ola de frío.

2021 se anunciaba como el año en que iba a bajar el recibo de la luz. A partir del 1 de abril comenzarán a aplicarse los peajes de transporte y distribución de electricidad y de gas natural establecidos por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y que suponen un tercio de la factura. El nuevo cálculo debe traducirse en una reducción del 2% en el recibo de la luz. Además, el Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico que el Gobierno quiere crear tiene como uno de sus objetivos recortar la factura hasta un 13% en los próximos cinco años. Y la Ley de Cambio Climático, que aumenta la participación de las energías renovables –más baratas– en la generación de electricidad, está tramitándose en el Congreso.

Sin embargo, la ola de frío con la que se está despidiendo la Navidad ha disparado este viernes el precio mayorista de la electricidad a un récord histórico de 94,99 euros el megavatio hora, que escaló hasta los 114,89 euros a las ocho de la tarde. La marca anterior se alcanzó el 8 de diciembre de 2013, con 93,11 euros el megavatio. Aunque el pico durará lo que la meteorología dicte, para el sábado –los precios de la electricidad se fijan en subasta con un día de antelación–, ya ha descendido un 15% y se queda en 80,66 euros el megavatio, de acuerdo con los datos del Operador del Mercado Ibérico (OMIE).

Estos precios suponen un auténtico clavo para los 11 millones de consumidores, casi el 40%, que han contratado la tarifa regulada o Precio Voluntario al Pequeño Consumidor (PVPC), determinado por las subastas del mercado mayorista. Para quienes han escogido la tarifa libre, el precio es fijo, el que marca la comercializadora.

Hasta este viernes el precio de la luz ha subido nada menos que un 27%. Según los cálculos de la organización de consumidores Facua para un usuario medio de 366 kilovatios hora al mes con una potencia contratada de 4,4 kilovatios, el recibo se ha encarecido un 19,3% en la primera semana de enero, hasta los 80,71 euros. Facua lo ha llamado “salvajada tarifaria”.

Al aumento de la demanda por el frío, Jorge Morales de Labra, director de Próxima Energía y experto en el sector eléctrico, añade otras tres causas para explicar el repunte. La gran subida del precio del gas natural, por un lado; la falta de viento y de sol que reduce la participación de las energías renovables en la generación eléctrica, por otro; y, finalmente, la regulación del sistema: en la subasta diaria todos los generadores cobran el precio de la oferta más cara, aunque sus costes de producción sean muy inferiores. “Ocurre todos los días, pero nos damos cuenta hoy”, recalca Natalia Fabra, catedrática de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid.

El mercado eléctrico es el culpable

Y hoy ha sido especialmente crudo para el consumidor porque la subida del gas natural –el que ha marcado el resto de los precios en la subasta– en todo el planeta ha sido tremenda. La ola de frío no sólo afecta a España, sino a todo el hemisferio norte, explica Jorge Morales. De forma que la demanda, y los precios, se han disparado. En China y Japón se han triplicado, y es hacía allí adonde se están desviando las exportaciones gas argelino. Las ventas a España del país norteafricano se han reducido a la mitad, apunta Natalia Fabra. “Además, en España carecemos de mecanismos de flexibilidad del mercado gasista, como interconexión y almacenamiento”, añade. De manera que este viernes el precio del gas en el Mibgas (Mercado Ibérico del Gas) ascendía a 52 euros el megavatio y algunas centrales de gas lo estaban ofertando a 100 euros, asegura. Ése es el precio al que terminan cobrando la electricidad las centrales nucleares o hidroeléctricas pese a que su coste de producción no supera los 20 euros. “El precio del gas natural sirve para fijar el precio del resto”, resume Fabra. Lo que redunda en un sobrecoste para el consumidor y en lo que se ha venido en llamar windfall profits, o “beneficios caídos del cielo”, para las energéticas. Las centrales de gas apenas son el 3% de los generadores eléctricos, por lo que su mayor precio no debería tener apenas impacto en el recibo de la luz.

No obstante, Natalia Fabra precisa que la “culpa” de este sobreprecio no la tiene “ni la nieve, ni el gas, ni Argelia”, sino la regulación eléctrica. Jorge Morales está de acuerdo. Las grandes eléctricas se enriquecen gracias a un sistema que necesita una reforma, denuncia. “En Francia están ahora en alerta roja, al borde del colapso eléctrico, por lo que el Gobierno ha pedido a los ciudadanos que reduzcan su consumo”, explica, “pero el precio no ha resultado tan afectado como en España, porque su sistema para trasladar los precios mayoristas a los minoristas y para retribuir a centrales nucleares e hidroeléctricas es distinto”.

Fabra cree que el Gobierno debería cambiar la regulación eléctrica, pero también advierte de que “no se atreverá”, y menciona a continuación a Iberdrola y Endesa como propietarias de las grandes nucleares e hidroeléctricas del país. Para Cristóbal Gallego, fundador del Observatorio Crítico de la Energía y representante de Unidas Podemos en la comisión de expertos en Transición Energética, la acción del Gobierno debería apuntar hacia la “sujeción social” que debería tener el sistema eléctrico para evitar la pobreza energética. También defiende el apoyo a las renovables, que redundaría en una bajada del precio de la luz. Limitar los precios de la energía, añade, entra ya en el debate ideológico y la tendencia en Europa es no imponer topes.

Rebaja artificial, rebaja real

Jorge Morales asegura que el Ejecutivo poco puede hacer en el corto plazo para evitar estos sobresaltos en la factura de la luz, “más allá de amenazar a las eléctricas” pidiendo a la CNMC, como acaba de saberse este viernes, que investigue si ha habido algún comportamiento anómalo de estas grandes compañías que explique la brusca subida de precio. En 2013 el Ejecutivo encargó la misma investigación cuando se produjo el anterior récord. Dos años después, la CNMC sancionó a Iberdrola con 25 millones de euros por manipular el precio de la electricidad, aumentando el ofertado por las centrales hidroeléctricas del Duero, el Sil y el Tajo. Obtuvo así un beneficio de 21,5 millones de euros, según los cálculos del organismo regulador. Iberdrola recurrió la multa ante la Audiencia Nacional, que la mantiene en suspenso mientras se investiga en el mismo tribunal una denuncia de la Fiscalía Anticorrupción por un delito contra el mercado y los consumidores.

Morales de Labra no descarta que se produzcan irregularidades que disparen aún más los precios. Una decisión premeditada para incumplir la obligación de abastecimiento de gas o que las eléctricas aprovechen para especular con el agua y la vendan “a precio de champán”. Pero insiste en el que problema es la formación de los precios tal y como está diseñado el mercado.

Lo mismo cree Natalia Fabra cuando se le pregunta por el cambio en los peajes de la CNMC, el Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico o la Ley del Cambio Climático. “Son cambios de naturaleza diferente”, objeta. Gracias al Fondo para la Sostenibilidad, la factura de la luz la pagarán a partir de ahora no sólo los consumidores eléctricos, sino también los consumidores de gasolina y diésel. “Abaratará la factura, que se repartirá entre más, pero no la electricidad”. Una medida que va en la dirección correcta, abunda, encareciendo los combustibles fósiles. Pero lo fundamental, recalca, es hacer “una reforma del sistema eléctrico para pagar a los productores eléctricos lo que realmente cuesta la luz, y no más”. Si no, se trata de una rebaja “artificial” del recibo. En cualquier caso, precisa, aumentar la participación de las renovables –con costes de producción inferiores– sí que desembocaría en una “rebaja real” del precio de la electricidad que se conseguiría “en una década”.

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