Armar Ucrania para rearmar Europa: el plan de 60.000 millones de Bruselas
Bruselas apuesta por sostener a Ucrania en su defensa bélica el tiempo que haga falta, como mínimo dos años, y por convertir al país en su bastión militar a futuro. Pese a las recientes llamadas de Giorgia Meloni en favor de una posible interlocución directa con Vladimir Putin, como antes había hecho Emmanuel Macron, la Comisión Europea diseña un paquete de ayuda armamentística a Kiev hasta 2027.
Serán 60.000 millones de euros, casi la misma cantidad que la entregada en los cuatro años que ya dura la invasión perpetrada por Rusia. Según los cálculos del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, la UE había aportado cerca de 63.000 millones de euros desde febrero de 2022 hasta septiembre de 2025 en asistencia militar a Ucrania, contabilizando las donaciones individuales de los Estados miembros y la canalizada a través del European Peace Facility comunitario. Una cantidad semejante a la que ahora Bruselas quiere entregar a partir de abril, según el Comisario de Economía y Productividad, Valdis Dombrovskis.
La Comisión Europea responde así al pacto alcanzado a mediados de diciembre entre los Estados de la UE en la última Cumbre del año. Entonces, 24 países, con la excepción de Hungría, República Checa y Eslovaquia, autorizaron a la UE a endeudarse en los mercados de capital recurriendo al excepcional artículo 122 del Tratado de la Unión, con la intención de dar “el necesario apoyo financiero a Ucrania a partir del segundo trimestre de 2026, incluyendo sus necesidades militares”.
Ahora, esas necesidades militares se llevarán dos tercios de los 90.000 millones que conformarán el préstamo para Kiev. “Con este apoyo nos aseguramos que Ucrania puede, por un lado, impulsar sus defensas en el campo de batalla, reforzar sus capacidades militares; y, por otro lado, mantener su Estado y el funcionamiento de los servicios. Sus necesidades presupuestarias están cubiertas”, explicó la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.
El equipo de Von der Leyen ha dividido la ayuda en dos partes. La primera, principal, supone dos tercios del monto total, 60.000 millones de euros, como “apoyo militar para que Ucrania resista fuerte frente a Rusia y al mismo tiempo pueda integrarse mejor en la industria de defensa europea”, detalló la alemana. Bruselas apuesta por sostener de manera decidida el esfuerzo bélico de Kiev durante 2026 y 2027 ante la retirada de los Estados Unidos de Trump. Los otros 30.000 millones se destinarán a sostener los servicios públicos ucranianos y las necesidades de su Hacienda.
Baluarte oriental de la Unión
Los 60.000 millones en ayuda militar se repartirán entre los dos próximos años y Ucrania deberá destinarlos a la compra del material, equipamiento, vehículos y armas que necesite para sostener su esfuerzo bélico ante Rusia, gastándolos en producción propia local, procedente de los países de la Unión Europea o en tercer lugar de los países EFTA (Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein). Es lo que Von der Leyen llama “efecto cascada”. Sólo excepcionalmente esas armas podrán llegar de territorios no europeos.
“En ese caso, y sólo como último recurso si los productos no se pueden encontrar en las cantidades, especificaciones o tiempos adecuados”, explica una alta fuente comunitaria, “vamos a necesitar el acuerdo de los Estados Miembros para ejecutar esa posibilidad”
Este punto ha sido controvertido en los últimos días de trabajo de la Comisión perfilando el diseño del mandato de la Cumbre. Se ha impuesto la tesis de Francia, de dar trato preferencial a los productos europeos frente a los extranjeros, como vía para fortalecer la industria militar del continente. Alemania y Países Bajos han presionado para permitir la compra de material estadounidense bajo la premisa de que existen capacidades, como la defensa antiaérea o los aviones de combate F-16, actualmente ya en las fuerzas áreas ucranias, y sus componentes, que están entre las necesidades urgentes de Kiev.
“Para nosotros es mucho dinero, son miles y miles de millones los que se van a invertir”, reconoce la presidenta Von der Leyen, “así que es importante que esa inversión tenga un retorno en términos de puestos de trabajo o I+D necesaria para nosotros. Porque en paralelo tenemos que impulsar nuestra base industrial de defensa por nuestra propia seguridad, así que hay un fuerte interés en que las compras sean en esta región”.
La UE no sólo ve a Ucrania como el baluarte defensivo en su frontera oriental ante la amenaza del expansionismo ruso, sino también como un medio a través del cual potenciar el rearme que está incentivando en el continente con miles de millones de euros para compras o proyectos conjuntos, además de las facilidades presupuestarias ofrecidas a los 27 Estados miembros.
Para mitigar los recelos de este costoso acuerdo alcanzado en la Cumbre prenavideña, sólo suscrito por 24 países, y acelerar la ayuda a Ucrania, Bruselas da un pequeño giro en su concreción y el dinero procederá de emisiones respaldadas por el actual presupuesto de la UE, que llega hasta el próximo año, y no por las haciendas nacionales de los firmantes del pacto en la madrugada del 19 de diciembre. Según una segunda fuente europea, “sólo estamos cubriendo las necesidades de 2026 y 2027, nuestra propuesta es una enmienda al actual Marco Financiero Plurianual obviamente”.
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Los dos elementos legales introducidos son permitir el endeudamiento de la UE para un tercer país, Ucrania, y también cubrir los intereses de ese préstamo. Antes de Navidades se trabajó con la idea de que estos costes, de unos 3.000-4.000 millones de euros al año, los asumiesen los Estados miembros. Dinero que ahora ahorrarán las haciendas nacionales.
Este funcionario europeo destaca que el préstamo a Kiev sólo sería devuelto “cuando reciba las reparaciones de guerra” por parte de Rusia. Si éstas no llegasen en un futuro tras un acuerdo de paz forzado por la Administración Trump, el vencimiento del crédito de 90.000 millones de euros sería prorrogado de manera indefinida hasta poderse cobrar sin provocar el colapso financiero del Estado ucraniano.
La apuesta de Bruselas es clara: una inversión que puede ser a fondo perdido con el objetivo de evitar la capitulación de Ucrania en el campo de batalla.