Bruselas mantiene la máxima alerta ante el riesgo de nuevos grandes incendios en Europa
España acaba de superar los peores días del gran incendio entre Ávila y la Comunidad de Madrid, con más de 80.000 hectáreas calcinadas en parajes naturales de gran valor ecológico y medioambiental y el grave peligro añadido de afectar a zonas con importantes núcleos de población. Sin embargo, en Bruselas el nivel de alerta no se relaja y permanecerá al máximo durante las próximas semanas ante el temor a un nuevo estallido de grandes incendios.
Este miedo es extensible a otras partes del continente. Los ojos de los técnicos, científicos y responsables de la Comisión Europea, del Mecanismo de Protección Civil y del sistema de satélites Copernicus están pegados a las imágenes captadas en tiempo real y a las previsiones meteorológicas para el centro de Francia, el sur de Italia o Grecia, donde se temen, como en anteriores veranos, incendios de gran magnitud por un viento local típico de estas fechas.
En la capital comunitaria nunca se había visto un despliegue semejante, tanto de medios como político. Hace sólo tres semanas, la comisaria europea de Emergencias, Hadja Labib, ya reconoció este temor y el peligro real durante un debate en el Parlamento Europeo. Ello ha llevado a la UE a poner a disposición de los Estados miembros 22 aviones contra incendios y cinco helicópteros de la flota comunitaria y, por primera vez en la historia, establecer un equipo especial de seguimiento de los incendios operativo hasta el 15 de septiembre.
La Unión tiene desplegados en España hidroaviones de esa flota común, equipos que han trabajado en la extinción del incendio entre Ávila y la Comunidad de Madrid. Desde el Centro desde el Centro de Coordinación de Respuesta ante Emergencias (ERCC) aportan además una coordinación adicional por si España necesita ayuda durante lo que queda de verano. “Es fundamental tener una imagen operacional conjunta, que sepamos lo que está pasando, que las autoridades españolas no tengan que hablar con 37 países —porque el ERCC también coordina ayuda de otros países europeos no pertenecientes a la UE, como Reino Unido o Turquía— para solicitar asistencia y comprobar si algo les llega”, explica Borja Miguélez, número dos de esta unidad especializada de la Comisión Europea.
El sur de España, especialmente Andalucía, la costa mediterránea y el centro de la Península, son ahora mismo los territorios que mayor preocupación y alerta entre los expertos europeos, mientras Galicia y el noroeste de Castilla y León parecen haberse librado hasta ahora de ese riesgo extremo. “Prácticamente la parte central española, el Levante y el sur están en alto riesgo. La zona del Cantábrico y Galicia, si no hay viento, presentan mejores condiciones, pero cuidado, porque esto no significa que se haya acabado, ni mucho menos”, señala con cautela Moisés Galán, responsable del equipo específico sobre incendios.
El impacto de las olas de calor de junio, julio y la actual, las condiciones del terreno —que ha experimentado un gran crecimiento de vegetación gracias a las lluvias de invierno—, sumados al abandono rural y a la proliferación durante décadas de los bosques con especies altamente inflamables, como pinos y eucaliptos, son el caldo de cultivo perfecto para esta emergencia. “Tenemos por delante el mes de agosto, así que seguimos en un escenario de riesgo”, advierte el responsable.
En Bruselas, dentro del Centro de Coordinación ante Emergencias, tienen muy presentes los 15 días fatídicos de agosto del 2025, en los que ardieron 400.000 hectáreas entre España y Portugal en incendios descomunales que superaron la capacidad de los operativos de extinción. “Podemos afirmar que, prácticamente después de la segunda ola de calor del verano, el combustible ya está disponible. Eso significa que factores complementarios, como la meteorología o el viento, hacen que, en el momento de una ignición, estemos fuera de la capacidad de extinción”, lamenta Galán, antiguo jefe de incendios en la Generalitat de Catalunya.
En todo el continente el año pasado se quemaron más de un millón de hectáreas, una cifra histórica que los expertos y técnicos de la Comisión temen superar este año. “Todos los países están bajo presión por los fuegos forestales, no podemos permitirnos mandar ayuda que no vaya a ser eficaz, nadie quiere hacerlo. Por eso es tan importante que trabajemos juntos y de manera coordinada, además de contar con la cofinanciación del transporte, con tanta simultaneidad de desastres", insiste Borja Miguélez.
Europa, en riesgo
De esa flota común de emergencias diseña por la Comisión Europea también forman parte aeronaves con capacidad para cargar toneladas de agua y descargarlas sobre las llamas o de forma preventiva sobre la vegetación en Francia, Portugal, Italia, Croacia, Grecia o Suecia, además de otros equipos de extinción desplegados en Rumanía, República Checa o Eslovaquia. Hay, además, 777 bomberos distribuidos en 14 países europeos, listos en localizaciones claves para ser movilizados si un Estado miembro ve desbordados sus medios de extinción. Se trata de un operativo sin precedentes para un verano que se presenta especialmente complicado
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Este año, destacan en Bruselas, es la primera vez que se activan tan pronto los equipos del Mecanismo de Protección Civil de la UE: fue el 30 de abril, en los Países Bajos. Ya se han registrado más de 120 grandes incendios, los más graves en Francia, Croacia, Grecia, Italia, Portugal y España. Moisés Galán advierte de que “estamos todavía en plena campaña, a finales de julio, y la situación no va a evolucionar a mejor. La zona central de Francia ha alcanzado niveles de riesgo que no había registrado en muchísimos años. En Alemania, Chequia y el centro de Europa se están alcanzando niveles de riesgo extremo e incluso muy extremo. Además, comienza en Grecia y Turquía un episodio de vientos que históricamente siempre ha generado problemas. El foco está puesto en distintas zonas donde sabemos que puede iniciarse un gran incendio forestal”.
Ante esta situación, reconocen los expertos europeos, los servicios de extinción ya no son suficientes para hacer frente a los incendios de nueva generación. La prevención, insisten en la Comisión Europea, debe convertirse en el eje central de la estrategia, con la gestión forestal como prioridad. La creación o recuperación de un mosaico forestal que frene el avance del fuego sigue siendo una asignatura pendiente en los bosques españoles, pero también en los portugueses, franceses e incluso en países que hasta hace pocos años estaban relativamente a salvo de los grandes incendios, como Alemania o Polonia.
La prevención también pasa por reactivar las economías rurales, para frenar la despoblación y recuperar los terrenos agrícolas colonizados por el monte. Los viñedos, los olivares o las dehesas son paisajes autóctonos españoles con una importante actividad económica que, además, ayudan a romper la continuidad del combustible vegetal y dificultan el avance de las llamas.