Alemania, ante el espejo de 1932: cuando Anhalt llevó a un nazi al poder regional

El candidato de la ultraderechista AfD en Sajonia-Anhalt, Ulrich Siegmund.

Romaric Godin (Mediapart)

La historia no se repite, pero a veces rima. El próximo domingo 6 de septiembre, las elecciones regionales en el Estado federado alemán de Sajonia-Anhalt amenazan con aupar como ministro-presidente —jefe del ejecutivo regional— a un miembro del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD).

La posibilidad es real: las encuestas indican que la AfD podría superar el 40% de los votos y obtener una ventaja de entre 15 y 20 puntos sobre los conservadores de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Dependiendo del número de partidos que superen el umbral del 5% de los votos necesarios para entrar en el parlamento regional (Landtag), la AfD podría obtener por sí sola la mayoría absoluta, algo muy poco habitual en Alemania, donde los escaños se reparten por representación proporcional y sin prima para la fuerza mayoritaria.

Todo dependerá, por tanto, de los resultados de Los Verdes, los liberales del FDP y el partido de “izquierda conservadora” BSW, liderado por Sahra Wagenknecht. Las tres formaciones pueden alcanzar un resultado cercano al 5%. Con un factor adicional a tener en cuenta: en caso de entrar en el Landtag, el BSW ha dejado abierta la posibilidad de abstenerse en la elección del ministro-presidente. Eso daría una oportunidad más al dirigente regional de la AfD, Ulrich Siegmund, para convertirse en jefe del Gobierno.

Por lo demás, dado que la CDU ha rechazado cualquier acuerdo futuro con el partido de izquierdas Die Linke, resulta difícil imaginar qué mayoría alternativa podría gobernar en Magdeburgo, capital del estado federado. La posibilidad de que haya un ministro-presidente de extrema derecha —el primero desde el final de la Segunda Guerra Mundial— es, por tanto, muy real.

El contexto de las elecciones de abril de 1932

Esta situación recuerda a otra que tuvo lugar en la primavera de 1932, en la que el land de Anhalt también fue el primero en nombrar a un ministro-presidente nacionalsocialista, Alfred Freyberg, tras unas elecciones regionales.

Hay que decir que el contexto es, evidentemente, muy diferente. La AfD no es el partido nazi (el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, NSDAP), la Alemania de 1932 no es la de 2026 e incluso el Estado de Anhalt solo abarca una pequeña parte del actual Estado de Sajonia-Anhalt, cuya mayor parte pertenecía entonces a la gigantesca Prusia, que ocupaba dos tercios del territorio del Reich.

Sin embargo, la coincidencia merece que nos detengamos en las circunstancias de aquella primicia de 1932. El NSDAP era una de las principales fuerzas del país desde las elecciones federales de septiembre de 1930, en las que obtuvo el 18,3% de los votos, quedando en segunda posición. La crisis económica que azotaba a Alemania, agravada por la política de austeridad del canciller Heinrich Brüning y la crisis bancaria de 1931, reforzó la posición del partido, mientras que el Gobierno de Brüning veía cómo se tambaleaba su base parlamentaria.

En marzo y abril, las elecciones presidenciales se convirtieron en una demostración de fuerza de los nazis. El presidente saliente —el mariscal Paul von Hindenburg— es reelegido en la segunda vuelta del 10 de abril, con el 53% de los votos, gracias al apoyo de todas las fuerzas políticas, a excepción de los comunistas del KPD y los nazis. Pero Adolf Hitler obtiene el 36,8% de los sufragios.

Los nazis arrasan en la derecha

Dos semanas más tarde, el 24 de abril, los electores de Anhalt fueron llamados a renovar su parlamento regional. Mientras tanto, Heinrich Brüning adoptó una nueva serie de medidas de austeridad. Anhalt contaba entonces con solo 350.000 habitantes, casi seis veces menos que el land de Sajonia-Anhalt en la actualidad. En un país con unos 65 millones de habitantes, se trataba de un Estado casi microscópico, centrado en torno a la ciudad de Dessau, que en la década de 1920 se dio a conocer por el desarrollo de la escuela de la Bauhaus.

El Estado Libre de Anhalt fue heredero del ducado del mismo nombre que había logrado sobrevivir al proceso de unificación alemana. Desde 1918, era un territorio gobernado por una mayoría estable formada por los socialdemócratas del SPD y los liberales de izquierda del Partido Democrático (DDP), que en julio de 1930 pasó a denominarse Partido del Estado Alemán (Deutsche Staatspartei, DSP). En 1928, estos dos partidos obtuvieron el 42,5% de los votos (el SPD) y el 4,2% (el DDP). Los nazis, por su parte, solo obtuvieron el 2,1%.

El 24 de abril de 1932, los nazis se situaron en cabeza esta vez, con un 40,9% de los votos, por delante del SPD, que obtuvo un 34,3%. Los otros siete partidos se sitúan por debajo del 10% y solo los comunistas del KPD (9,3%) y los nacionalistas del DNVP (5,9%) se mantuvieron por encima del 5% (aún no existía el umbral del 5% para entrar en el Landtag). Los nazis obtienen 15 escaños de un total de 36, tantos como el SPD en 1928, que, por su parte, se quedaron con 12 escaños. El DSP pasó del 4,2% al 1,5%.

El análisis de la transferencia de votos resulta interesante. El NSDAP ganó 85.535 votos en cuatro años, pero la mayor parte de ellos procedían de la derecha, ya que el SPD solo perdió 9.370 votos, que en gran parte fueron a parar al KPD, que ganó 5.467 votos. La mayor parte de los nuevos votantes nazis procedía, por tanto, del declive del partido liberal de derecha, el DVP, que perdió 22.669 votos, del colapso del partido agrario (−21.721 votos) y de las listas ciudadanas que representaban a los propietarios y directivos de pymes (−11.682 votos). A ello se sumó la aportación de los antiguos abstencionistas, ya que el número de votos válidos aumentó en 20.227 papeletas.

Las posiciones de los nazis son, en general, las del electorado de derecha racista, conservador y anticomunista

Johann Chapoutot, historiador

Los nazis cosecharon, por tanto, todos los votos de la derecha. El historiador Johann Chapoutot, especialista en este periodo, recuerda que “los que realmente se han visto desfavorecidos por la crisis, sobre todo los obreros, no votan a los nazis”. “El voto nazi se concentra en los electores que temen verse afectados por la crisis y que, además, están sumidos en un pánico anticomunista”, añade. En este sentido, el NSDAP se convirtió en la opción preferida de los votantes de derecha.

Dos clases sociales contribuyeron a este apoyo: el Mittelstand, es decir, los directivos de las pymes locales, muy numerosos en esta región, que votaban al DVP, al DNVP y a partidos afines. Como subraya Johann Chapoutot, “esa pequeña patronal está muy descontenta con el colapso de la economía alemana y con las políticas de Brüning”. Dependientes de la demanda interna, los empresarios de las pymes se sentían amenazados y se decantaron en gran medida a favor de los nazis.

La otra clase que cambió de bando fueron los terratenientes, representados por el partido agrario, que había obtenido un 11% en 1928 en Anhalt. “Ya en 1930, el partido campesino se alineó en gran medida con los nazis”, constata Johann Chapoutot, citando la alianza firmada en enero de 1930 en Turingia, donde el NSDAP había entrado en una coalición de derechas bajo la dirección del agrario Erwin Baum. La alianza duraría hasta abril de 1931.

En realidad, añade el historiador, “los nazis demostraron en varias ocasiones una gran flexibilidad en materia de política económica y sus posiciones son, en general, las del electorado de derechas racista, conservador y anticomunista”. Tal alineamiento abre, evidentemente, el camino a nuevas alianzas.

La unión de las derechas

Desde septiembre de 1930, los nazis mantenían un acuerdo con el partido nacionalista DNVP, dirigido por el magnate de los medios de comunicación Alfred Hugenberg. Este pacto desembocó en una coalición de gobierno en Brunswick (la actual Baja Sajonia), bajo la dirección del nacionalista Werner Küchenthal. El NSDAP ocupó los ministerios clave del Interior y de Educación, controlando así tanto la policía como la escuela.

Es ese Gobierno el que concedió la nacionalidad alemana al austriaco Adolf Hitler, lo que le permitió presentarse a las elecciones presidenciales de 1932 y, posteriormente, convertirse en canciller en enero de 1933. El 8 de abril de 1932 se formó una coalición similar en el Estadio de Mecklemburgo-Strelitz.

En Anhalt se formó la alianza tras las elecciones del 24 de abril. Pero, en esta ocasión, el NSDAP se encontraba en una posición de fuerza y consiguió el cargo de ministro-presidente para Alfred Freyberg, quien se convirtió en uno de los principales dirigentes de las SS del régimen y acabó suicidándose en abril de 1945. Su nombramiento causó algo de sensación, pero, como señala Johann Chapoutot, no fue un acontecimiento especialmente notable para la época.

Es cierto que el NSDAP conquistó rápidamente otros cargos de ministros-presidentes. El 16 de junio, Carl Röver asumió el mando en el land de Oldenburg con un Gobierno íntegramente nazi, tras haber obtenido el NSDAP el 48,4% de los votos. Un mes más tarde, en Mecklemburgo-Schwerin, este mismo partido, que había obtenido el 49% de los votos, formó en solitario un Gobierno dirigido por Walter Granzow. Por último, en agosto, el nazi Fritz Sauckel asumió el liderazgo de Turingia en coalición con los agrarios.

La “guerra cultural” del nuevo gobierno

En Anhalt, el Gobierno de Alfred Freyberg se distinguió por algunas medidas llamativas, sobre todo en el ámbito de la “guerra cultural”. El 30 de septiembre decidió expulsar a la Bauhaus de Dessau, al considerarlo un arte “degenerado”. En agosto, prohibió enarbolar la bandera republicana en los edificios públicos, contraviniendo la Constitución federal.

En septiembre, el nuevo Gobierno puso en marcha una reforma educativa. El periódico francés Le Temps del 19 de septiembre de 1932 citaba al primer ministro-presidente nazi en estos términos: “El Tratado de Versalles debe presentarse a la juventud alemana en las escuelas como un obstáculo insoportable para la regeneración de la nación".

Y también decía: “La educación debe poner de manifiesto la falsedad de la responsabilidad de la guerra, base del tratado que priva a Alemania de su derecho a la vida”. Los nuevos planes de estudios de Anhalt pretendían desarrollar “el espíritu militar y la necesidad de defender la patria con las armas”.

El caso de Anhalt es un episodio secundario de la historia que condujo a los nazis al poder. Las victorias en los Estados federados durante la primavera y el verano no impidieron que el NSDAP sufriera un retroceso electoral en otoño cuando, según Johann Chapoutot, “la violencia ejercida por las SA aterrorizó a una parte de la derecha”.

Pero los ingredientes de la victoria en Anhalt ya presagiaban las condiciones de la llegada al poder de Hitler, en particular el apoyo de los círculos económicos, el cambio de postura del electorado de derechas, la desintegración del sistema político existente y la huida hacia adelante de los dirigentes federales.

Ingredientes presentes también hoy

Mientras la gran coalición de Friedrich Merz ha respondido a su creciente impopularidad con una nueva ronda de austeridad, la AfD parece convencer cada vez más a una parte de las élites económicas, sobre todo a aquellas que dependen de la demanda interna, predominantes en Sajonia-Anhalt. En la actualidad, según algunos estudios, la AfD y la CDU están prácticamente a la par entre los empresarios de la región. Esto ha llevado a que una parte cada vez mayor del electorado de la CDU se decante por la extrema derecha.

Es verdad que, por el momento, la CDU sigue rechazando cualquier alianza, a cualquier nivel, con la AfD. Pero, ¿resistirá esta resolución el paso del tiempo? La derrota que se avecina en Sajonia-Anhalt, un Estado federado que antaño se consideraba un bastión conservador en el Este, tendrá consecuencias importantes.

La situación de la CDU se volverá rápidamente insostenible. Aliada a un SPD a la deriva y sin otra alternativa que Los Verdes, odiados por una parte de su electorado, la CDU se expone a ser mera espectadora de la fuga de sus votantes hacia la AfD. Inevitablemente, la derecha conservadora alemana acabará planteándose la cuestión estratégica del “cordón sanitario”, sobre todo porque la CDU es incapaz de encabezar un frente anti-AfD, ya que sigue rechazando, hacia la izquierda, cualquier cooperación con Die Linke.

La AfD en Sajonia-Anhalt se apoya en el cambio de postura de una parte de los empresarios de las pymes

Este callejón sin salida fue, en igualdad de condiciones, el del DVP, partido dominante de la derecha alemana en los años 1924-1930 ante el auge del nazismo. En realidad, la fusión de los electorados no puede sino conducir a una convergencia de los aparatos. Es aquí donde coinciden ambas situaciones.

Además, hay otro elemento común que influye en esta dinámica. Si la AfD de Sajonia-Anhalt juega la carta de la “ostalgia” y del recuerdo de la RDA para atraer a los votantes, aparentando romper con el anticomunismo de la extrema derecha, es únicamente por oportunismo y porque el comunismo le parece ahora inofensivo, en la medida en que ni siquiera Die Linke reivindica ya realmente su legado.

En realidad, la AfD en Sajonia-Anhalt se apoya en el cambio de postura de una parte de los empresarios de las pymes. El sector servicios constituye dos tercios de la economía del Estado federado y su pequeño sector industrial realiza dos tercios de sus ventas en Alemania.

Son evidentes los fracasos de las políticas económicas de la clase política tradicional en este sector y, lógicamente, estos pequeños empresarios buscan refugio en la AfD, que se presenta como el verdadero partido de “la economía social de mercado”. La crisis estructural de la economía alemana alimenta este cambio de rumbo, que determina en gran medida las decisiones del electorado de la CDU.

No es casualidad pues que esta zona que se extiende desde Turingia hasta Mecklemburgo, pasando por Sajonia-Anhalt, esté, hoy como en 1930-1932, expuesta a las tentaciones del voto de extrema derecha. Johann Chapoutot cita tres elementos que explican esta dinámica.

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El primero es “el carácter rural estructurante” en estas zonas caracterizadas por un tejido urbano muy disperso y grandes latifundios. El segundo es el predominio económico del Mittelstand, centrado en la demanda interna. El tercero es una relación particular con la nación alemana en un territorio que durante mucho tiempo formó parte de las "marcas" de la germanidad frente al mundo eslavo.

“El catecismo de la RDA, según el cual las élites eran fascistas y el pueblo bueno, refuerza hoy ese retorno a la extrema derecha”, concluye Johann Chapoutot. Este es el marco en el que podría repetirse la historia en esta región de Alemania.

Traducción de Miguel López

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