Ceuta, ¿cómo abordar esta crisis?

Al Gobierno se le está enrareciendo la gestión de la crisis de Ceuta y, por momentos, el punto de ebullición parece acercarse al de no retorno. Un ir y venir de tensiones que amenaza con romperse para, después, volver a bajar. Pero septiembre trae ya un caldo de cultivo preelectoral que lo impregna todo. Ceuta es la crisis que más ha desbordado a Pedro Sánchez. Por no dimensionar lo ocurrido el 30 y 31 de julio, por dar por zanjada una crisis que no lo estaba, por la lentitud y por las inercias de una burocracia administrativa que nadie agilizó en el mes de agosto. Hay muchas razones y una imagen elocuente, la de un primero de septiembre que se parece mucho a la situación en Ceuta el 1 de agosto. Un mes después, la sensación de bloqueo persiste.

La crisis humanitaria, lejos de resolverse rápido, al menos está encauzada. Hay una hoja de ruta que pasa por la reubicación de los inmigrantes y el despliegue del plan económico. Pero también hay una sociedad ceutí sometida a un fuerte desgaste emocional y agotada por una situación insostenible. Y, al mismo tiempo, hay una guerra informativa. La de siempre, con una diferencia sustancial: está hecha de material especialmente sensible, que afecta al corazón del Estado y a la seguridad.

Pedro Sánchez tiene que exprimir las explicaciones en su comparecencia. Qué se sabía días antes del 30 y 31 de julio, qué avisos hubo y qué se va a hacer con Marruecos si acaba implicado directa o indirectamente en la organización del sabotaje a Ceuta. Y tiene que esclarecer las lagunas que han ido dejando las declaraciones cruzadas de distintos ministros. El aviso más contundente que tuvo el Gobierno fue del 29 de julio. Más allá del choque por los informes del CNI, se sabe que la Policía analizó la probabilidad de posibles saltos a la valla, entradas a nado y ambas acciones coordinadas. De estos tres niveles de aviso, los agentes colocaron la alerta más baja en el asalto coordinado. Tiene razón el Gobierno cuando asegura que nadie vio la dimensión de la avalancha —tampoco se ha conocido ningún informe en ese sentido—. Aún así, hubo dos avisos de pasos a nado y cruces con probabilidad elevada. Qué hizo Interior y si se tomaron medidas preventivas o qué respuesta diplomática dará Exteriores si la implicación de Marruecos se confirma están ya en el tejado de las explicaciones de Sánchez.

O Marlaska no ha gestionado la información previa, o no ha presionado lo suficiente a las unidades al mando de Interior para que le informaran, o hay un desorden interno que tendrá que implicar ceses

Luego está el polémico informe remitido a la jueza María Tardón, que señala a la gendarmería marroquí. Las conclusiones han puesto en cuestión al ministro, primero por no tener el informe. Ese desconocimiento ha forzado una tensión con el director general, al exigir explicaciones por escrito en la madrugada de este miércoles. O Marlaska no ha gestionado la información previa, o no ha presionado lo suficiente a las unidades al mando de Interior para que le informaran, o hay un desorden interno que tendrá que implicar ceses. Sabemos, por Interior, que el comisario responsable de ese informe recibió la orden de la jueza de no informar a sus superiores. Si es así, es inexplicable que Tardón diera esa orden en una investigación sin secreto de sumario que afecta a la seguridad del Estado. Tampoco está entre sus competencias censurar a la Comisaría de Extranjería y el alto cargo debió responder a una orden judicial fuera de lugar. Una jueza no puede ordenar a un comisario ocultar información al ministro sobre la implicación de Marruecos o sobre unas conclusiones de las que Interior y el Ejecutivo tienen que tomar decisiones. Esa información debe llegar a Interior, a Defensa, a Justicia… en definitiva, al Consejo de Seguridad Nacional. Cualquier ocultación de información es de por sí una insubordinación y Marlaska debe poner orden.

Esta crisis es compleja y sólo puede resolverse con información clara y completa. La sociedad ceutí es una olla a presión por la tardanza en resolver la crisis humanitaria. Ahora también pasa por esclarecer qué ocurrió. Y cualquier patinazo puede comprometer la legislatura. Hasta ahora, el Ejecutivo ha ido por detrás a todos los niveles. 

Pero también hay ultras defendiendo sin pudor que los funcionarios del Estado se defiendan del Estado. Una llamada al sabotaje institucional que tiene más de llamada al golpe híbrido —ahora que se entiende el concepto— que de defensa democrática. Nada hay peor que funcionarios patrióticos actuando por su cuenta. Ahí está la Kitchen y la operación Cataluña como ejemplos. Al Gobierno y a Sánchez le faltan explicaciones sobre la crisis de Ceuta y a la oposición le sobra nostalgia por activar unas cloacas que tanto daño hicieron en la etapa de Mariano Rajoy.

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