Sánchez y la ley de la frontera

“Así empieza lo malo y lo peor queda atrás”. En Hamlet y en Shakespeare siempre encontramos una respuesta a nuestro tiempo. De lo sucedido en Ceuta sólo podemos indicar que hemos sido testigos de algo que permanece oculto y que solo desvela las debilidades de un Sánchez que no alcanza a ser el Pedro que atisbamos a comienzo del verano.

España, país plurinacional, periferia del sur, ha tensado sus costuras en su flanco más débil, con la entrada consentida por las autoridades marroquíes unos 80.000 inmigrantes por la frontera ceutí. Lo que se pone a prueba treinta días después no es la gestión de los que están, sino comprender las leyes, las otras leyes, que rigen el universo de los que son, en la frontera.

Pedro Sánchez ha sido, hasta la fecha, un presidente sostenido desde fuera, a través de su política internacional. Su debilidad parlamentaria y la ausencia de una oposición constructiva, debilitada tras los caucus de la derecha, permitieron que el campo de la política exterior se ensanchara y ocupase más espacio en la agenda política. Las alianzas del PSOE con los plurinacionales vinieron ensambladas a través de una estrategia identificada con el respeto al ordenamiento internacional, el fortalecimiento de Europa y la defensa de los derechos humanos. Pero conviene no obviar que existen desestabilizadores globales que mueven masas.

El escritor búlgaro y Premio Nobel Elias Canetti analizó en su obra maestra Masa y poder (1960) cómo aquella, al alcanzar el punto de descarga e igualdad, puede convertirse en una fuerza destructiva y desestabilizadora del orden establecido. Para Canetti, el momento en que la masa se unifica es el más peligroso para las estructuras de poder existentes, ya que destruye todas las jerarquías de golpe. El sefardita nos da la clave: “el proceso más importante que se produce en el interior de la masa es el de la descarga. Antes de ella, la masa no existe propiamente; la descarga es lo que la constituye de verdad”.

El colapso humanitario ha tensado las costuras de la soberanía española en la ciudad autónoma y ha roto nuevamente la solidaridad europea

El algoritmo judicial de una parte, la estrategia marroquí de otra y las redes sociales en todas han comprometido la política exterior, abriendo una brecha en la seguridad de Ceuta y Melilla, plazas militares españolas, ciudades autónomas periféricas del sur sometidas a un estrés político permanente donde, y esto es lo más importante, rige con mucha fuerza la ley de la frontera. Cuando miles de personas bordearon el espigón de El Tarajal, operaron bajo la fuerza de lo que Canetti llama "la descarga". Al fundirse en el tumulto, las leyes individuales, los visados y las fronteras físicas se desplomaron psicológicamente. La masa se convirtió temporalmente en un cuerpo ingobernable que desbordó por completo la ley de la frontera. 

Ceuta es límite, o sea, convivencia, entre el exotismo africano y la cultura castrense, pero también es Europa. El colapso humanitario no sólo ha tensado las costuras de la soberanía española de la ciudad autónoma; también ha roto nuevamente la solidaridad europea. La quiebra por parte de Giorgia Meloni del espacio Schengen sólo ha provocado la devolución de migrantes desde Alemania, Suiza, Austria y Finlandia a las fronteras italianas. He aquí la verdadera dimensión de Ceuta. Es por eso que, en el momento más débil de Sánchez, el Gobierno debe hacer valer la legitimidad de un Estado cuya esencia consiste en garantizar la seguridad de cualquier amenaza exterior y preservar el orden dentro de sus fronteras antes de que otros comiencen a sentir nostalgia del Estado moderno. Hace bien Margarita Robles en reivindicar la españolidad de los dos territorios y lamentar el fallecimiento de más de 100 migrantes. Los muertos no tienen prisa. En cambio, el PSOE comienza a sentir que la presión electoral ha aumentado unos cuantos milibares y la prisa se acelera.

El último año de la legislatura tiene geografía de western. El horizonte político no se observa, se cabalga. Si Pedro Sánchez quiere actuar con la grandeza de un presidente, deberá mantener el futuro bajo sus pies y no entregar los trastos, como pareció hacerlo durante la entrevista que le concedía el lunes a Aimar Bretos. Sánchez transmitió deslumbramiento, parálisis, ensimismamiento y descomposición entre socios y entre ministros, ajeno a la cultura de la frontera que pervive en Ceuta. El mando único coordinado por Ángel Víctor Torres sólo expresa cómo empieza lo malo. Y la pregunta que elevamos sobre las palabras de Hamlet es otra: ¿realmente ha quedado atrás lo peor? Esa frontera podría volver a vomitar otras 80.000 almas y, entonces, ¿qué?

Ayuso podría estar sentenciada

M-30 adentro, lejos de la frontera, el reloj político de Isabel Díaz Ayuso parece haber activado una cuenta que puede ser final. Ayuso vive sus últimos días huérfana de partido. Hay que remontarse a su viaje a Cancún para caer en ese parricidio que puso en “entredicho” los intereses de José María Aznar en México. Reivindicar a Hernán Cortes en la Universidad de la Libertad de Ricardo Salinas Pliego no ha sido un buen negocio. El opositor a Sheinbaum es financiador de Faes y Disenso y factótum de la derecha ultra y trumpista en México. Ayuso se asimiló a todos ellos, a sus psicosis, despertando la maldición de Malinche y la furia de Aznar. No conviene meter la mano en las cosas del comer y, menos aún, en las de pensar. La pregunta es sencilla: ¿a quién beneficiaría el final de Ayuso? A Pedro Sánchez no.

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