Ceuta y el coste de llegar tarde

Ceuta es una crisis poliédrica y de múltiples capas. Es migratoria, geopolítica y humanitaria; social y económica; de seguridad, inteligencia y control de fronteras. Es también una crisis de nuevo formato, disparada y amplificada en redes, donde la convocatoria digital es capaz de articular un malestar latente en terreno abonado por las mafias para empujar a miles de personas al agua con la complicidad, como mínimo, de Marruecos. Es también profundamente emocional para una sociedad ceutí acostumbrada a convivir con una cierta sensación de abandono peninsular y con la presión constante del régimen marroquí. Ahora, además, Ceuta es más que una frontera sur de Europa. Es el laboratorio de la gestión migratoria, un foco geopolítico de primer orden y el plató perfecto para que la ultraderecha ensaye, una vez más, su propaganda xenófoba y la derecha compita en ese terreno. 

Ceuta no es una ciudad racista. Al contrario, es profundamente multicultural y lleva décadas viviendo en esa mezcla. Pero tampoco es inmune a la sensación de soledad —sea real o emocional—. Por muchas razones, la incapacidad del Gobierno para dimensionar ante qué tipo de crisis estaba resulta flagrante. No es la primera vez que ocurre. Pero sí es la primera vez que pilla al Gobierno sin reaccionar a tiempo. En Canarias sucedió lo contrario. El Ejecutivo se puso del lado de Fernando Clavijo, con el presidente canario enfrentado al PP por el bloqueo al reparto de menores y Vox rompiendo los Gobiernos autonómicos. La ley de extranjería tardó en reformarse y esa batalla la perdió el PP, incapaz de asumir sus competencias y, con ello, defender su propio modelo de gestión migratoria a cambio de gobernar con Vox.

Así que hemos tenido a un Gobierno que ha llegado tarde y una oposición con soluciones rozando el racismo. No puede haber devoluciones indiscriminadas ni confinamientos de migrantes. En lugar de un Abascal, en ocasiones ha parecido que había dos. Más que un modelo de gestión, en Ceuta se juega un modelo de sociedad: quienes apuestan únicamente por la seguridad y el orden frente al migrante, y quienes entienden el respeto a la ley y los derechos humanos. Por eso, los errores del Gobierno son terreno abonado para quienes se han retratado esta semana. “¿Por qué solo niñas y no niños? No entiendo la diferencia”, decía la portavoz del PP, Ester Muñoz, para rechazar la acogida de 500 niñas víctimas de agresiones sexuales.

Llegar tarde a Ceuta es dar alas a quien no ve en la llegada de 70.000 personas la desesperación de quien se lanzó al agua y no quiere volver a su país

No se ha escuchado lo suficiente a las organizaciones sociales y ONG sobre el terreno durante cuatro semanas y el inventario de retrasos es largo. En un mes no se han reforzado las unidades para agilizar las filiaciones de menores, con la consecuente falta de garantías para esos niños y niñas. “No pasan por un proceso garantista”, con “las entrevistas adecuadas” para identificar “su interés superior”, denuncia UNICEF. No se han puesto carpas humanitarias hasta hace una semana —ahora se ha acelerado—. No se han reforzado la Fiscalía y los juzgados, con la lentitud del CGPJ —no se salva nadie—. Y no se ha informado a tiempo a los ceutíes sobre la alerta sanitaria, dejando el terreno abonado al miedo y la desinformación. “La xenofobia sí es contagiosa”, respondía la presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología a la petición de confinamiento de Feijóo.

El mando único decretado esta semana, la petición de ayudas a Europa y la convocatoria del Consejo de Seguridad Nacional de este lunes son el reconocimiento del ‘efecto verano’. Inexplicable para un Gobierno progresista frente a una crisis humanitaria y social que afecta a migrantes y ceutíes. Porque llegar tarde a Ceuta es dar alas a quien no ve en la llegada de 70.000 personas la desesperación de quien se lanzó al agua y no quiere volver a su país. Y oxígeno a quien no ve personas en los jóvenes y menores que deambulan por las calles y duermen en la playa, como si ese fuera el sueño americano de alguien. 

Queda mucha batalla política pendiente en los próximos días. El choque entre Interior y Defensa, entre otras. Comparecencias en el Congreso y las explicaciones pendientes de Pedro Sánchez para el 3 de septiembre. Pero la crisis más urgente es la humanitaria. Si no se aborda, crecerán los energúmenos del “fuera invasores”.

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