Los incendios forestales, un potente combustible para los ultras y las teorías conspiranoicas en Francia
Le Temple, 27 de julio. Se supone que esta localidad girondina ha sido evacuada, y el incendio que se inició en el pueblo vecino de Saumos cinco días antes sigue representando una amenaza. Pero algunos vecinos ya han regresado. Alrededor de una mesa, en casa de una silvicultora que ha perdido todos sus pinos, media docena de personas charlan sobre la situación. Se habla de las pérdidas económicas y de algunas tragedias personales. Se cuestiona la estrategia de los bomberos y la falta de medios aéreos. Se critica al Estado y a los representantes políticos. Y se especula. “Ah, y ahora que todo se ha quemado, ya podrán hacer sus campos de captación”, dice un hombre mayor.
Se refiere al proyecto de captación de aguas subterráneas de dos de los municipios más devastados por el incendio, Le Temple y Saumos, para abastecer a Burdeos: catorce perforaciones que se supone que suministrarán agua a 900.000 personas. Los silvicultores han luchado contra este proyecto impulsado por la empresa de aguas de Bordeaux Métropole, cuyo impacto en las capas freáticas causar temor. “Pero ahora —continúa el mismo—, tienen vía libre”. Él no cree en una conspiración, pero se pregunta por esta “curiosa coincidencia”. Y no es el único que se plantea este tipo de preguntas.
Allí no es raro oír comentarios que hablan de “una extraña coincidencia”, al referirse a este proyecto de campos de captación, a las ambiciones de los promotores inmobiliarios o incluso a un proyecto de un gran huerto solar —que ya existe y que cuenta con el apoyo de Engie, entre otros, pero en un municipio, Saucats, que se ha librado de los incendios—.
Se habla de ello a medias palabras, sin certezas pero con auténticas dudas. En el municipio de Le Porge, parcialmente devastado por las llamas (183 viviendas destruidas según el ayuntamiento), predomina sobre todo la sensación de haber sido "sacrificados" en beneficio de los “ricachones” de la península de Cap-Ferret, “a quienes había que defender a toda costa”. Un colectivo que agrupa a más de 700 afectados tiene la intención de emprender acciones legales.
En una entrevista concedida a La Tribune Dimanche el 2 de agosto, el primer ministro, Sébastien Lecornu, desmintió esas acusaciones, mostrándose indignado al ver que el “dolor” de los afectados “era instrumentalizado por conspiracionistas en las redes sociales”.
Preguntas legítimas y agenda política
Mientras el fuego continuaba avanzando desenfrenadamente, en lugar de establecer la relación con el cambio climático, en Internet se difundían teorías descabelladas. En un vídeo con 90.000 visualizaciones, un youtuber, D1ST1, establecía un vínculo directo entre el proyecto de paneles solares y el incendio.
En X, el ex eurodiputado Florian Philippot también dejaba entrever la duda. “Se necesitan investigaciones serias sobre los pirómanos: hay oportunistas que tienen en mente sus proyectos inmobiliarios, energéticos, etc.”, escribía el 25 de julio.
Otra teoría conspiranoica, cercana a la de las "chemtrails", defendía la idea descabellada de que el incendio que se inició en Saumos había sido provocado por productos químicos vertidos desde el cielo por aviones: se trataba de arrasar el bosque para promover tal o cual megaproyecto. Algunos, citando a Elon Musk y Jeffrey Epstein, hablaban de un episodio que formaba parte de una conspiración mundial destinada supuestamente a provocar despoblación.
Vidas humanas destruidas, tierra quemada, fauna dañada, aire contaminado… todo eso les deja totalmente indiferentes, ¡porque hay jugosos contratos en juego!
Para Julien Giry, investigador en ciencias políticas de la Universidad de Tours y especialista en teorías de la conspiración, no se puede meter todo en el mismo saco. “Cada catástrofe de este tipo —un tsunami, un vertido de petróleo— trae consigo su cuota de teorías conspirativas en cuanto recibe cobertura mediática”, explica. “Pero hay que diferenciar entre quienes desarrollan estas tesis porque tienen una agenda política —y que a menudo son personas ajenas a la catástrofe— y quienes se ven directamente afectados y, por su parte, se plantean preguntas legítimas”.
Las víctimas, prosigue, “necesitan comprender y encontrar una explicación plausible” a su desgracia. Si pueden dejarse seducir por teorías conspirativas, es sobre todo porque necesitan “dar sentido” a lo que les está pasando.
A nivel local, estas teorías se ven a veces favorecidas por la falta de consulta sobre ciertos proyectos, o por la opacidad de las autoridades: una comunicación torpe, o incluso mentiras. La estrategia adoptada ante el incendio originado en Saumos y la insuficiencia de los medios aéreos han sido criticadas por los vecinos e incluso por los propios bomberos. La retirada de los bomberos cuando Le Porge, aún no totalmente evacuado, se veía amenazado por las llamas, suscitó un desconcierto que sigue vivo un mes después.
Y las dificultades a las que se enfrentaron los agricultores para colaborar con los equipos de rescate —que algunos atribuyeron a las reticencias o incluso a los obstáculos impuestos por la prefectura— provocaron tensiones y alimentaron las teorías conspiranoicas. “¿Por qué los agricultores con maquinaria no pueden ir?”, preguntaba una publicación anónima en X a finales de julio, antes de acusar: “Vidas humanas destruidas, tierra quemada, fauna devastada, aire contaminado… todo eso les deja totalmente indiferentes [a las autoridades – ndr], ¡porque hay jugosos contratos en juego!”
Fáciles explicaciones
Este tipo de excesos no son exclusivos de la Gironda. En los pueblos de Ribaute y Tournissan, en el departamento de Aude, devastados por los incendios en 2025, algunos establecieron rápidamente la relación entre el incendio y los proyectos de huertos solares. Cuando se declaró un incendio en Charente en agosto de 2025, un internauta afirmaba en X: “¡Y adivinen qué! Al igual que en los incendios anteriores… hay un proyecto de huerto solar en el municipio de Saint-Vallier, en Charente”.
Ni tampoco es algo exclusivo de Francia. El incendio que arrasó Andalucía el pasado mes de julio y que se cobró la vida de trece personas también trajo consigo su cuota de teorías conspiranoicas. “Las autoridades dicen que el incendio se declaró tras la caída de un cable eléctrico. No les creo. En Los Gallardos se rumorea que el incendio fue provocado intencionadamente para dejar espacio a los huertos solares”, explicaba entonces a Mediapart Cristóbal, un vecino de Bédar, un pueblo devastado. “Todo esto forma parte de la Agenda 2030”, afirmaba otro vecino, un hombre de unos cincuenta años. “Es un programa de la Unión Europea que nos impide desbrozar”.
La Agenda 2030 no es un programa de la Unión Europea, sino una iniciativa de las Naciones Unidas. Adoptada en septiembre de 2015, establece diecisiete objetivos de desarrollo sostenible que deben alcanzarse de aquí a 2030 —sin carácter obligatorio—. Pero también se encuentra en el centro de numerosas teorías de la conspiración difundidas por diversos representantes de la extrema derecha mundial, y en particular por el partido Vox en España (que gobierna en coalición en Andalucía), y que convergen en la idea de que la ONU pretende sustituir a los Estados-nación por un “gobierno mundial”.
En 2023, cuando los incendios acababan de asolar Hawái y Canadá, algunos internautas afirmaban que dichos incendios habían sido provocados por un “arma de energía dirigida” —una especie de láser accionado desde el cielo—. Por su parte, el incendio forestal de Fontainebleau (Sena y Marne) habría sido provocado “mediante ingeniería social” para “poner de rodillas a Francia”, afirmaba en julio Franck Pengam, un youtuber con 474.000 suscriptores en su canal titulado “Géopolitique profonde”. Es “el nuevo Notre-Dame”, aseguraba en un vídeo visto 42.000 veces: “Todo lo que simboliza a Francia debe arder”.
Estas teorías no se limitan a los incendios. Las olas de calor recurrentes y, en general, el cambio climático, también están en el punto de mira de los conspiranoicos de todo tipo. A principios de verano, algunos internautas sacaron a relucir una declaración de la exministra Agnès Pannier-Runacher, quien cometió la torpeza, en 2025 durante una rueda de prensa, de hablar de una ola de calor “desencadenada”. Un lapsus inevitablemente revelador para los conspiranoicos: la prueba de que las “élites” están detrás del cambio climático.
Discurso antisistema
Son exactamente las mismas teorías que circulan en la extrema derecha. En un grupo de WhatsApp de activistas cercanos a la Agrupación Nacional (RN) al que Mediapart ha tenido acceso, los intercambios sobre que las olas de calor son un “invento” van a buen ritmo. En él se pueden encontrar vídeos que explican que estas olas de calor no tienen nada de natural.
La red X difunde ampliamente contenidos sobre cómo “fabricar una ola de calor”, y en particular las explicaciones del físico Jean-Pierre Petit, cercano a la Unión Popular Republicana (UPR) de François Asselineau. Petit afirma que las olas de calor pueden desencadenarse artificialmente en territorios seleccionados, gracias a una tecnología del programa militar estadounidense HAARP (High-frequency Active Auroral Research Program, Programa de Investigación Activa sobre las Auroras de Alta Frecuencia), puesto en marcha en la década de 1990 para estudiar la capa superior de la atmósfera.
En estas teorías casi siempre aparecen los mismos objetivos: las minorías étnicas, sexuales y religiosas, así como las élites
“Es curioso que Europa se encuentre justo en la zona más calurosa y que Estados Unidos disfrute de temperaturas más benignas”, señala un miembro del grupo, mientras que otro le responde con un esquema en el que se ven aviones lanzando partículas de aluminio que, supuestamente, provocan cúpulas de calor. “Esto es lo que está ocurriendo ahora mismo. Nos están haciendo una guerra climática que persigue varios objetivos: acabar con los más vulnerables, quemar los cultivos y decirnos pronto que nos falta agua”, afirma otro.
Por su parte, el youtuber Guillaume Capin explica que se pone en “estado de conciencia modificada” para comprender qué se esconde detrás de esta ola de calor “no necesariamente natural”. “El objetivo” —afirma frente a la cámara y con los ojos cerrados en un vídeo publicado el 6 de julio y visto más de 8.000 veces— es privar a Francia de su soberanía energética […]. No es natural, es estratégico […]. ¡Para su nuevo orden mundial, quieren poner a los pueblos de rodillas!” Por eso Francia y Europa Occidental se ven envueltas este verano “en una especie de cúpula o invernadero”, afirma, antes de mencionar la teoría de las chemtrails y el proyecto HAARP.
Estas delirantes teorías conspiranoicas son un potente combustible para la extrema derecha. “Numerosos estudios demuestran que existen afinidades entre los conspiracionistas y la extrema derecha”, sostiene Julien Giry. “En estas teorías casi siempre se encuentran los mismos objetivos: las minorías étnicas, sexuales y religiosas, así como las élites.” Un discurso “antisistema”, pero también “racista”, que no era raro escuchar en Gironda cuando el incendio aún no estaba controlado.
Comentarios racistas
En Le Porge, mientras un colaborador de la prefecta, que acababa de hacer una visita relámpago, era interpelado por los vecinos el 27 de julio, un agricultor se enfadaba solo a pocos metros de allí: “Estos tecnócratas quieren explicarnos cómo hacerlo, pero no conocen esta tierra. ¡Nosotros sí!” Y denunciaba, junto con otros hombres que se habían quedado en el lugar para combatir el incendio, el “desprecio del Estado”, e incluso “de los bomberos venidos de la ciudad que no conocen los métodos adecuados y se creen que lo saben todo”. Mientras el pueblo aún hacía balance de los damnificados, se repetía el eterno antagonismo entre rurales y urbanitas, en el que se apoya la extrema derecha desde hace años.
En una zona históricamente socialista, pero cada vez más inclinada hacia la RN —especialmente en Le Temple y Le Porge—, también se profirieron comentarios racistas. Muchas personas que se habían negado a abandonar sus casas a pesar de la orden de evacuación explicaron a Mediapart que temían los robos, y muchas de ellas añadían con total naturalidad: “Los gitanos andan por aquí.”
En un vídeo que circuló por las redes sociales el 30 de julio, unos hombres que se habían apoderado de un micrófono de la cadena BFMTV acusaban a “los negros y los árabes”. Ante la cámara, uno de ellos explicaba, antes de que la periodista recuperara el micrófono: “Bueno, lo que estamos diciendo es que, en cuanto a los incendios, podéis iros, no hay ni un negro, ni un árabe. Ni uno solo” La cadena de televisión, denunciando “comentarios racistas”, anunció su intención de presentar una denuncia.
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Es demasiado pronto para afirmar que los repetidos incendios de este verano (algunos de los cuales se declararon en territorios donde RN ya obtiene buenos resultados, como en Var o en Aude) tendrán repercusión en las elecciones presidenciales de 2027. Pero, según Julien Giry, hay un precedente que demuestra que no hay que descartarlo “aunque no se pueda establecer un vínculo directo”.
En 2001, los habitantes de la Somme, una región históricamente de izquierdas, sufrieron una importante riada. Cerca de tres mil hogares quedaron inundados. En torno a esta catástrofe se extendió el rumor de que la crecida había sido provocada por las autoridades, y en particular por el Gobierno de Lionel Jospin, con el fin de proteger la ciudad de París. Unos meses más tarde, el candidato socialista obtuvo un resultado muy pobre en la primera vuelta de las presidenciales, muy por debajo de los resultados habituales de la izquierda en ese departamento.
Traducción de Miguel López