El calendario tramposo de la política migratoria Ruth Ferrero-Turrión
Operación Paria Económico. Ya no queda muy claro por quién puede ir eso de paria en una guerra de Irán que se ha movido desde el fracaso militar estadounidense hacia un terreno donde Trump se siente más cómodo. La guerra comercial.
Pero la amenaza esta vez va dirigida a todo el globo. Estados Unidos o Irán. Esta ha sido la dicotomía que ha planteado Scott Bessent, el secretario del Tesoro de la Administración Trump, en una conferencia de prensa en Washington DC. Y aunque el órdago es potente, el resto del mundo también tiene que hablar.
China es el elefante en la habitación. El actor al que no se señala directamente pero es vital para el sector petrolero iraní. Mientras en Estados Unidos ya se tanteó hace unos meses la posibilidad de sancionar pequeñas refinerías chinas por comerciar con Irán, desde Pekín ya empezaron a tomar nota.
El gobierno de Xi Jinping se cansó del abuso de las llamadas “sanciones secundarias”, es decir, las que afectan a los actores que comercian con el país sancionado en primer lugar. En primer lugar porque Donald Trump ya ha perjudicado bastante los intereses de Asia Pacífico con su guerra en Irán. Y después porque el republicano es bastante proclive a imponer sanciones de forma unilateral.
China no ha tardado en señalar que sus negocios con Irán se basan en la legislación internacional. Las sanciones contra Irán no alcanzan este extremo de aplicabilidad global ni cuentan con el amparo de las Naciones Unidas. Se trata de un movimiento unilateral. Y China se ha cansado.
Su respuesta al primer intento de Estados Unidos fue imponer su propio órdago. China o Estados Unidos. No se puede cumplir ambos regímenes de sanciones al mismo tiempo porque Pekín los convirtió en mutuamente excluyentes. Si alguien asumía la orden estadounidense contra las refinerías chinas, Pekín tomaría represalias contra el cumplidor.
En esto se ha basado la nueva política de respuesta comercial china. Mientras Europa negociaba y asumía fuertes compromisos ante la guerra comercial de Estados Unidos, en China se asumía el órdago y se cortaba el acceso a materiales clave para las cadenas de suministros estadounidenses, especialmente en cuanto a industria.
La imposición injusta de legislación interna extraterritorialmente. Es la forma en que China ha dibujado el límite a la guerra comercial que Trump quiso imponer al mundo a costa de Irán.
Y como no se trata de la primera vez que ocurre, en la Casa Blanca se han adelantado evitando la escalada directa con Pekín, habida cuenta del dolor que supuso frenar la anterior competición bilateral.
En esta ocasión Trump ha realizado llamadas a capitales sin desclasificar para exponer el nuevo régimen de amenazas contra el comercio con Irán. La amenaza llega incluso a expulsar de los mecanismos del dólar a los actores que comercien con Irán.
Trump quiere salir de Irán. Pero puede ser demasiado tarde para que el atolladero sea evitable. El acuerdo no es sencillo sin concesiones generosas por parte de Estados Unidos. El marco firmado en junio e incumplido ampliamente ya no es válido para Teherán.
Irán quiere garantías de que esta vez en Washington sí se atendrán a lo firmado. Y para ello Estados Unidos deberá ser más diligente en su parte previamente a la parte persa. Pero para que no quede clara la imagen de derrota frente al mundo, Trump ha vuelto a la repetida estrategia de estos meses, si se le puede llamar así.
Es decir, en la Casa Blanca se buscan golpes de efecto que reduzcan la mano iraní y amplíen su urgencia de llegar a un acuerdo, por lo que puedan decaer algunas de sus exigencias. Antes se intentó con la guerra y con la amenaza de nuevos ataques devastadores. Ahora se busca a través de la coerción económica.
Estados Unidos está combinando las sanciones de su estrategia de ‘máxima presión’ dilatada durante años con un bloqueo naval y la renovada Operación Paria Económico
Con los límites que explora el nuevo régimen sancionador estadounidense se puede hablar de asfixia económica. Estados Unidos está combinando las sanciones de su estrategia de “máxima presión” dilatada durante años con un bloqueo naval y la renovada Operación Paria Económico.
Emiratos Árabes fue el primer gran actor en anunciar su adhesión a este marco, perjudicando enormemente los flujos económicos con Irán. Pero dado el componente adicional de interdependencia, la situación no parece sostenible en el largo plazo. Algunos comerciantes iraníes se están marchando de Emiratos Árabes con dirección a China.
Y si Irán ve peligrar su situación interna ante estos actos de guerra directa e indirecta combinados, ya han situado su represalia sobre la mesa: no dejar que el petróleo salga del Golfo Pérsico por ninguna vía. Ambas partes están dispuestas a usar la fuerza pero parece que, dado el previo entendimiento en junio, también ambos preferirían retomar el marco negociador.
La reciente visita a Irán de Asim Munir, el jefe de las Fuerzas Armadas de Pakistán, muestra que aún existe dicha ventana de mediación. Y la importante reunión del director de la CIA, John Ratcliffe, en el Kremlin habría dejado, asimismo, un llamado para que Moscú presione en Teherán para una apertura del Estrecho de Ormuz.
Parece que todo lo que quiere Estados Unidos a cambio de retomar el marco negociador es que Irán renuncie a Ormuz. Y visto el avance tan fuerte que esta última semana ha dado Irán con Omán en su conversación sobre la futura gestión del mismo, no parece que esto sea una opción en Teherán.
Y por ese motivo nos encontramos aquí, ante la necesidad de nuevos órdagos que refuercen la escalada pero sin escalar, con la intención de forzar una resolución aceptable antes de las elecciones de medio término de noviembre.
Estados Unidos mira con los estertores de su influencia unipolar a las demás capitales, pretendiendo ahogar la economía iraní y, sobre todo, la de la Guardia Revolucionaria y los más proclives a la resistencia armada. Pronto sabremos más. Porque esto no puede seguir mucho más tiempo en stand-by.
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Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Es antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.
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